21:46 h. Lunes, 20 de Noviembre de 2017

Cuatro Palabras

Spots de campaña 

OPINIÓN  Por Juan Manuel Blaiotta  |  13 de Septiembre de 2017 (02:01 h.)
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“El chorizo no me gusta, tiene mucha grasa”. Con esa frase hace su aparición en pantalla Lester Mamone, un personaje de los tantos de Diego Capusotto. Mamone es un artista que sólo opina lo que opina la mayoría, parándose del bando que, según sus encuestas, tiene tendencia a crecer. De esta manera, puede pasar de decir que el chorizo tiene mucha grasa, mirar una encuesta, e inmediatamente decir que “la grasa es lo que le da el sabor”, y morder un choripán sin culpa. O cantar “estoy a favor del libre mercado”, volver a revisar una encuesta, y seguir con “pero prefiero la intervención del Estado”. Capusotto logró allí captar de manera inmejorable al nuevo sujeto político, o al menos, el sujeto político que hoy ocupa mayoritariamente cargos públicos: el que dice lo que las encuestas piden, lo que, en muchos casos, pide un sector grande de la sociedad. 

El domingo entré al portal digital del diario Tiempo Argentino y me sorprendió un apartado. Así como tradicionalmente existen “Sociedad”, “Política”, “Cultura”, “Mundo”, hay uno que me llamó la atención: “Represión”. El diario, al menos en su versión digital, cuenta con un apartado con noticias de represión. Y no es una exageración, ni hay una o dos noticias perdidas. La sección, supongo, surgió de la necesidad de encuadrar todas esos hechos de represión que ya no podían entrar en “Sociedad”, porque esto es otra cosa, porque acá están pasando otras cosas. Me detengo en una de las últimas entradas, publicada justamente ese mismo domingo. “Cambiemos acumuló 39 hechos represivos en el primer semestre de 2017” es el título, y sigue: “De ellos, 18 se llevaron a cabo durante el segundo trimestre”. Es sabido por todos -se reconozca o no- que un modelo de ajuste económico, de recesión, con pérdida de empleo para mantener un número de desempleados que facilite la flexibilización laboral, no cierra sin represión. La represión es una pieza fundamental para ese modelo que hoy instaura Cambiemos, una pieza clave para contener la protesta social que las mismas políticas de exclusión generan. 

Pero ojo, porque hay algo más. Vuelvo al dato de los hechos represivos. De los 39 que se registraron en el primer semestre de este año, 18 fueron entre abril, mayo y junio. No tengo datos oficiales sobre los meses de julio y agosto, pero me animo a decir que sumarían una buena cantidad a esa cifra. Y no es casualidad. No es casualidad que mientras más se acercaron las elecciones, más represión hubo. Charly García cantaba, apenas empezada la década de ‘80, que esa era “la era del color” y que “la televisión está en las vidrieras”. Más de treinta años después, ese panorama que pintó Charly se magnificó. No sólo la televisión está en las vidrieras, sino que ahora tenemos una “televisión” en cada uno de nuestros bolsillos. Estamos rodeados de cámaras y pantallas que todo lo registran. Y la represión que lleva a cabo este gobierno está pensada para eso: para ser registrada y replicada. 

Lejos de querer esconder los golpes, los palos, los muchachos y muchachas arrastrados por el suelo por policías sin identificación, lo muestran. Cada represión, como alguna vez le escuché a decir a Iván Schargrodsky, es un spot de campaña de Cambiemos. Y para que eso funcione, para que pueda funcionar positivamente a favor de quienes reprimen, debe haber una porción importante de la población que lo avale. Que lo espere. Que incluso le parezca poco. Y desgraciadamente, la hay. Hay encuestas que lo indican, y hay un gobierno lleno de “Lester Mamone” que lo entienden y lo practican. 

Que la violencia sea exhibida como spot de campaña es una derrota cultural. Tal vez la derrota cultural más peligrosa. Que el gobernante se sienta seguro en reprimir y no sienta presión por contar qué proyectos tiene, cuál es su plan, qué piensa hacer para mejorar las cosas es el camino más recto al abismo. Que la única respuesta del Estado contra los despidos sea cagar a palos a los despedidos, y que haya una innumerable cantidad de ciudadanos que festejen eso, y hasta que se quejen porque “no fueron lo suficientemente duros” es grave. 

La represión hoy toma una doble dimensión: la de contener la protesta social, impartiendo miedo, pero también la de contentar a un sector de la población que considera que esa violencia inusitada contra sus vecinos es la solución a algo que ni siquiera saben qué es, pero que al ver desde afuera, consideran que es necesario. Es el camino allanado totalmente para la derecha, que siempre gustó de reprimir, pero en contextos anteriores tenía que esconderse un poco más. Hoy todo está a la luz, y lo que no está, son los mismos represores quienes lo exhiben, para que le llegue a todos aquellos que quieren ver gente sin trabajo y golpeada. Vuelvo a citar a Diego Capusotto, y a otro de sus personajes que decía que este sistema sirve para ver a alguien peor que uno y sentirse mejor. Así funciona. La represión no va a aflojar, e incluso me animo a decir, que se intensificará. Por eso que no nos sorprenda, si de acá a octubre, cada video de una represión que se comparta en las redes, viene acompañado de un #YoNoAflojo.