06:11 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

¿Son o no son Macri?

El dilema existencial en medio de tiempos vertiginosos. Si Aiola se quiere despegar debe dejar a la “rubia que huele a ajo”. La tentación por las nuevas construcciones y la visión estrecha de quienes se ponen traje de “armadores políticos”. Las PASO como la piña justa para entender que el asfalto es duro pero la heladera vacía mucho más. La gente en las plazas siempre debe ser una buena noticia. Aiola les debe aclarar por dónde va.

Por Alejo Dentella

CONTRATAPA  |  25 de agosto de 2019 (23:55 h.)
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El resultado electoral del domingo 11 de agosto fue, tal vez, la confirmación de que Mauricio Macri no es la mejor cara para la postal de campaña que usarán los candidatos de ese espacio de aquí en más. De hecho todos, lo dicen en voz baja. En verdad, ya hacía un tiempo que muchos lo habían empezado a esconder. Justamente en Chacabuco, el intendente Aiola pasó de gritar “Aiola es Macri” a hablar de “la rubia con olor a ajo”, para finalmente despotricar que a los radicales los llaman “cuando hay que agarrar una manija del cajón”. Mientras tanto, la previa a las primarias arrancó con gigantografías que rodearon la plaza, dando la idea de un candidato vecinalista y siguió con las boletas opcionales que, prolijamente embolsadas, de un lado proponían a Alberto Fernández y del otro a Víctor Aiola. Pero más allá de estos datos, que ya son folclore e historia, lo cierto es que Aiola deberá definir Sinceramente, quién es Macri, qué es Cambiemos o Juntos por el Cambio, qué es el Radicalismo, a dónde quiere ir. El pediatra no puede seguir jugando al gato y al ratón. Si es que todavía le queda tiempo, deberá poner blanco sobre negro. En caso de estar realmente convencido de que el ajo hace imbancable a la rubia, tendrá que abandonarla aunque le duela. De inmediato será necesario una autocrítica y una explicación a los suyos.

La tentación de lo nuevo

Las dudas, idas y vueltas, los mensajes contradictorios y los asesoramientos anárquicos van mellando la credibilidad del que conduce un proceso político. Cuando se gobierna con buena voluntad, esfuerzo y predisposición, el margen de error se amplía porque el vecino no es tonto y lo valora. La gestión de Víctor Aiola tiene más fisuras desde el punto de vista político que en el andar de la propia acción de gobierno. Aunque parezca mentira, aunque le cueste aceptarlo, los logros cotidianos se diluyen por los errores en el entramado mezquino de la política que despliegan quienes se calzan el traje de “armadores” o librepensadores part time del Palacio. Posiblemente haya, en la meteórica construcción de la carrera electoral del actual Intendente, un error fundacional. Propio de las épocas de vacas gordas, los que emergen triunfadores de una coyuntura puntual, enseguida se ven tentados a hablar de lo nuevo. Algo que solo ellos fueron capaces de parir y a partir de lo cual pretenden transformar en verdad única. 

La piña justa

La paliza electoral que Juntos por el Cambio se comió en las PASO descolocó al mejor equipo de todos los tiempos y a todos los defensores del cambio. Es cierto que las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias no son más que una instancia para definir o confirmar candidaturas. No menos cierto es que la foto del resultado es como una piña en el primer round de la pelea, que te pone en la lona y aunque te pongas de pie, arrancás de atrás y descolocado. Para no pecar de borrachera, podría uno decir desde la pública subjetividad militante, que nada está definido, pero para algo sirvió esta primera partida. Parece que, cuarenta y ocho horas después de la derrota, el oficialismo en todos sus estamentos y los militantes de esa fuerza se han enterado que la gente no come asfalto, que el asfalto es tan duro como la heladera vacía, que el endeudamiento sin límite es como mínimo peligroso, que la devaluación empobrece, que los periodistas amigos pueden dejar de serlo en apenas un instante, que el poder económico no tiene sensibilidad, que el hambre no puede esperar, que la luz no se ve, que al que piensa diferente no hay que pegarle y menos matarlo, que no se puede seguir nadando porque ya no quedan fuerzas para hacerlo. 

Juntos y sin Cambio

Ahora bien, supongamos que algunas, todas o muchas más de las cosas antes enunciadas hayan sido visualizadas recién ahora por los funcionarios, la militancia y los votantes de a pie de Juntos por el Cambio, en tal caso la pregunta es inevitable ¿por qué en la Plaza? Siempre es un motivo para festejar cualquier demostración de voluntad popular. La del sábado y todas. Lamentablemente no ha sido esa la regla del gobierno de Macri y la prepotencia manifiesta de Patricia Bullrich. Infiltrados, garrotes, persecuciones, detenidos ilegalmente y cámaras de televisión disponibles para el circo han sido una constante desde el año 2016. La estigmatización de la protesta y la utilización mediática han mostrado la parte más perversa y ruin de la derecha criolla y su primera experiencia democrática en el poder. 

La expresión callejera del último sábado, que solo fue masiva y notoria en el distrito más rico del país, no debe preocupar ni asustar a nadie. La presencia de Macri en el balcón pone de manifiesto que el calor del pueblo ha sido un bien escaso para quien pretende la estatura de líder.

Fotos y posteos de algunos militantes y funcionarios del gobierno de Aiola en la Plaza de Mayo, a donde llegaron orgánicamente, evidencian una vez más que las dudas políticas siguen militando en el Comité Alem y gobernando en el Palacio de Reconquista 26. No hay peor enemigo que la confusión. ¿Aiola es o no es Macri?.