06:14 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

Sobrevivientes 

CONTRATAPA  Por Martina Dentella  |  12 de septiembre de 2019 (17:40 h.)
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Si una o uno se pregunta cómo llegamos hasta acá, se puede desarrollar un largo abanico de respuestas. Algunos aseguran que hubo un colchón que permitió que el impacto sea más leve, o que se aplace la hecatombe. Otros, defienden contra todo pronóstico -y a capa y espada- las políticas de gobierno macristas, al margen de que el oficialismo reconozca que nunca abandonó la deriva. Otros, explican a modo de justificación que no había otro camino. El resto, aguanta. 

A Cambiemos le caben las metáforas relativas al mar. Aprovechando el lugar común, cuadramos a los ciudadanos de a pie con la historia de un grande. García Márquez, con una de las mejores lapiceras latinoamericanas premeditó nuestro destino en una de sus novelas de no ficción, basada en la vida de un sobreviviente de naufragio. La historia transcurriría más o menos así: Después de vivir a la deriva, y antes de ver tierra y alcanzar la playa a nado para no estrellarnos contra unos acantilados; hay que luchar contra las olas que nos devuelven al mar, contar la historia, que la crean, y luego nos permitan comer. 

Sobre el final nos detenemos. La discusión sobre el hecho de alimentarse cobró más fuerza en estos años que parecen siglos, y sobre todo, en está última semana, en torno a la discusión sobre la emergencia alimentaria. 

Patricia Bullrich es despreciable. Ha dado sobrados motivos para ganarse ese título. Es una militante de sol a sol del hambre, la miseria y la cacería. Retomando nuestra inquietud inicial, ahora puntualizamos ¿cómo se sostiene una persona tan cínica al mando, nada menos, que del Ministerio de Seguridad durante estos largos cuatro años? Las respuestas me exceden. La funcionaria planteó que "no llegaría a decir que hay gente que hoy está en una situación de no comer”, que “si pasa hambre tiene comedores y una cantidad de lugares adonde ir”. Además dijo que hay una “Enorme red de contención social” en el país. Pero no aclaró que en la mayoría de los casos, son organizaciones sociales o civiles con empatía. En Chacabuco hay sobrados ejemplos de cómo han crecido los merenderos escolares y el sistema de viandas que los propios vecinos y vecinas ofrecen a los que más necesitan, a puro esfuerzo. Un botón de muestra. 

Pero volvamos a Bullrich, que ayer por la tarde, en un operativo de las fuerzas de seguridad reprimió e intentó impedir que manifestantes de diferentes agrupaciones sociales acamparan frente al Ministerio de Desarrollo Social, al mando de Carolina Stanley. Digamos también, que por el pedido de alimentos hubo golpes y gases lacrimógenos. 

En ese mismo sentido se rechazó la aprobación de la emergencia alimentaria, porque “ya existe una ley de emergencia alimentaria votada en 2016 por unanimidad, con lo cual el Poder Ejecutivo tiene capacidad de llevar adelante planes alimentarios y políticas de refuerzo”. No sabemos cuáles, las que están a la vista son menos que insuficientes. 

Es interesante -aunque doloroso- pensar en qué mundo vive Bullrich. La única seguridad es arrasar con todo por su paso, y que quienes queden en pie serán los sobrevivientes de ese naufragio. Ojalá sus días contados, no sean más de cien años de soledad.