15:13 h. Jueves, 22 de agosto de 2019

Sin margen para otro error

Ante un nuevo horizonte electoral, los grandes empresarios salen a marcar la cancha. Quieren presionar desde ahora mismo al próximo gobierno para que tome en cuenta las medidas que reclaman para "ganar competitividad". Instalan la reforma laboral en el eje del debate al tiempo que preparan el terreno en la opinión pública para hacer creer que hay demasiados beneficios para los trabajadores y pocos para las empresas. Si el macri-lismo es reelegido tendrán el terreno allanado para avanzar contra los derechos de millones de trabajadores.

OPINIÓN  Por Gustavo Porfiri  |  24 de julio de 2019 (17:02 h.)
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Recientemente, Daniel Funes de Rioja, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) expuso un concepto novedoso en la jerga empresaria. El dirigente, al referirse a la necesidad de que nuestro país avance hacia una reforma laboral habló de “descontratar”. Con este eufemismo, trató de justificar la presión que el empresariado viene metiendo para que el “costo laboral” argentino sea cada vez más bajo.

Según Daniel Funes de Rioja, "si se quiere que aparezcan muchas empresas -ya que la Argentina necesita más empresas- lo que hay que saber es que (el empresario) para no tener miedo a contratar, tiene que ser previsible que si le va a mal, pueda descontratar. Cuando no tiene más producción ¿qué va a hacer con la gente?".

“Descontratar” suena mucho más suave que despedir o echar, términos que para los integrantes de la UIA expresan una brutalidad propias de otras épocas, por eso será que andan hablando con un lenguaje precarizador mucho más sutil.

Sin tantos remilgos, fiel a su estilo brutal para expresar ideas, Gustavo Grobocopatel, el “Rey de la soja” también se largó a opinar sobre el tema. Tras armar un revuelo a principios de este mes por sugerir que ciertas ramas de la producción “deberían desaparecer”, el empresario agropecuario volvió a dejar en claro cuál es la visión que tiene el sector que representa y que tiene en el gobierno de CEOs y radicales a su mejor aliado. “Las empresas necesitan ser competitivas y necesitan movilidad de sus trabajadores. El problema es el costo de mantener o sacar a la gente”, manifestó el sojero, quien sostuvo que “para algunas empresas, pesa más el costo que la meritocracia”. Imperdible.

“Hacen falta reformas estructurales: jubilatoria, laboral e impositiva. Es necesario dar la discusión en este año electoral. Confío en que un gobierno encabezado por (Mauricio) Macri va a llevar adelante las reformas que necesitamos. Vale la pena darle otra oportunidad”, afirmó Grobocopatel, dando una cátedra de pertenencia a su clase, esa materia que muchos argentinos siguen sin aprobar, votando a su propios verdugos.

Grobocopatel sabe que Macri es de los suyos, es “del palo”. La idea de bajarle el precio a los laburantes está incrustada en el gen ideológico del gobierno macri-lista. En octubre del año pasado, al inaugurar un parque eólico en Chubut, el Presidente apuntó contra “el costo de la logística” en la Argentina e incluyó en esa categoría a los salarios. “Cada uno tiene que cobrar lo que corresponde, nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo porque deja a cientos de miles de argentinos sin trabajo”, planteó. Este escriba insiste: ¿Cómo es posible que ante tanta evidencia aún haya argentinos con el rumbo electoral tan desviado?

Premisas falsas

El debate sobre la reforma laboral tiene buenas voces que hacen contrapunto a los empresarios y a su gobierno aliado. Matías Cremonte, Presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas, explica que "un estudio de la Organización Internacional del Trabajo realizado sobre cien países que después de la crisis de 2008 reformaron su legislación laboral en términos regresivos demuestra que en ninguno creció el empleo". "En ningún caso la legislación laboral resuelve los problemas de la economía, que son otros, que tienen que ver con las decisiones macroeconómicas de la economía real", añadió Cremonte, y fue al fondo de la cuestión: "en la reforma laboral está en juego la disputa por la rentabilidad. Hay una cuestión ideológica, pero sobre todo económica", explicó.

Ahí está: la rentabilidad es el eje de los embates empresarios y gubernamentales para imponer las medidas que recorten derechos a los trabajadores.

Otro de los que alzó la voz en contra de este intento fue el secretario general de la CTA de los trabajadores, Hugo Yasky. "Evidentemente, la derecha en la Argentina y ese pensamiento troglodita que representa Mauricio Macri quiere tener a un país parecido a Colombia o Paraguay, donde el movimiento sindical fue aniquilado", manifestó el dirigente sindical hace algunas semanas. 

“El sindicalismo en Argentina es un obstáculo para la reforma laboral. Para eso, lo quieren desprestigiar. Quieren convertir al sindicalismo en una figura simbólica, como ya ocurrió en varios países de América”, agregó Yasky.

"Que los empresarios digan directamente que quieren esclavos", manifestó por estas horas Carlos Acuña, uno de los conductores de la CGT, central obrera que recién ahora está mostrando un poco los dientes, hay que decir. 

"Tengo mucha confianza en los obreros de cara a las elecciones. Los trabajadores van a defender sus derechos", confió Acuña y dio en el clavo.

A cara o cruz

Sin dudas, como nunca antes, en las próximas elecciones se definirá el destino de millones de argentinos que tienen como única tabla de salvación un trabajo. Que esa tabla sea más sólida, más segura, y que le permita sostenerse más o menos a flote dependerá del resultado que arrojen las urnas. Una reelección del gobierno actual terminará de hundir a los laburantes criollos, que en esta patriada ponen en juego su futuro ante enemigos muy poderosos, como son el empresariado voraz beneficiario de este proyecto de país enano, su representante actual en la Casa Rosada y el Fondo Monetario Internacional. Otro error de cálculo será fatal.