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  • sábado, 19 de septiembre de 2020

De silencios y complicidades

Las declaraciones del exsenador Duhalde no son expresiones de un viejo gagá. Lejos de eso, sigue siendo un tipo peligroso. Silencio oficial de los espacios políticos con representación legislativa. El HCD no lo registró ni de manera “remota”. Algunas discusiones internas y mutis por el foro. Otros respondieron, si les preguntaban. El oficialismo local se olvidó de Alfonsín. No hay que tener miedo. Hay que estar muy atentos.

 

PANORAMA POLÍTICO / Por Alejo Dentella

De silencios y complicidades

“El senador Duhalde es un tipo gracioso, incluso, cuando habla parece ser una persona que sabe mucho y en realidad no sabe absolutamente nada”. Esto decía el día miércoles el periodista Horacio Verbitsky, quien siempre se refiere al anciano sin reconocerle el cargo de presidente de la república, más allá de que lo ocupó para emparchar un quiebre  institucional de principios de siglo. Eduardo Duhalde es el dirigente peronista promedio, que con sus más y sus menos ese movimiento político intenta dejar en el pasado. Caudillo territorial del conurbano, cercano a los movimientos eclesiásticos más conservadores, apañador de la maldita policía y socio de los burócratas sindicales de la CGT, que también resisten sus últimos tiempos. El “cabezón” nunca dejó de ser un tipo peligroso. Cristina lo comparó con “El Padrino”, de Francis Ford Coppola. La tragedia liberal del menemismo que él acompañó, la pelea mafiosa con su exjefe riojano-que se cargó la vida de Jose Luis Cabezas- y la incapacidad absoluta de Fernando De la Rúa, quisieron que el destino lo ponga transitoriamente en el lugar que la voluntad popular le había negado en 1999. 

Después de la explocion de la bomba que habían dejado en las manos de la Alianza, y de los muertos y presidentes que se empezaban a poner en el contador, la solución aparecía en las causas del problema. 

Somos tan raros los argentinos que se nos prendió aquello de darle gracias por su paso en el gobierno. Nos olvidamos de Kosteky y Santillan. La oligarquía terrateniente y los empresarios “liberales”, lo terminan recordando por ser el tipo que les pesificó las deudas y les multiplicó por tres los ingresos. Por eso, de ahí en más también lo vieron rubio, alto y de ojos claros. Es cierto, Duhalde nunca dice cosas importantes, pero sigue siendo un tipo peligroso. Como mínimo, sus dichos suenan a mala fariña. Justamente, en la semana del centenario de la radiofonía, en Chacabuco, hubo un raro y preocupante silencio. La excepción fue a título personal.

 

Bloques unificados

 

Las pocas noticias que se tiene de los bloques de concejales de Chacabuco, -principalmente los dos mayoritarios- suelen referir a sendas solicitadas cargadas de chicanas. Las cuestiones en disputa suelen ser meramente domésticas o títulos nacionales de menor cuantía. Los dimes y diretes no llegan a ironía, porque hasta en eso carecen de creatividad. Después de las especulaciones que Duhalde hizo sobre la concurrencia a las urnas en el 2021 y el posible regreso de un gobierno militar, la mínima expectativa era la respuesta colectiva y encolumnada en defensa de las instituciones. Se sabe que el atomizado PJ local tuvo su cruce de opiniones donde privó el criterio de decir algo en voz baja. Tan baja, que hasta el momento no se sabe qué piensan de tamaño disparate. Como si todavía estuviéramos en 2005 y no hubiese quedado saldada la disputa entre Chiche y Cristina. Por eso, más llamativa aún fue la ausencia de postura oficial en los núcleos kirchneristas más ortodoxos. Algunos eligieron responder si se lo preguntaban. A Duhalde lo excusan como gagá, lo consideran un chirolita de Macri y hablan a través de los medios de Clarín. Sabor a nada.

 

 

La carrera militar

 

Dice el periodista y filósofo Jose Pablo Feiman hoy en la contratapa de Página 12: “Los militares creían que el mayor puesto de la carrera militar era el de presidente de la república. Sobre todo cuando la patria lo reclamaba, algo que siempre decidieron ellos y sus cómplices civiles. De aquí el mal que la frase de Duhalde le ha hecho al país. Es decir, la necesidad de visibilizar al ejército en la vida política. Cuando un militar sale a negar un Golpe, algo malo le está pasando a la democracia. Y en efecto, asi es”. De nuevo, en ese contexto, agrega este cronista, parece extrañamente llamativo que la cuestión no fue puesta en la agenda de debate legislativo en la última sesión del Concejo Deliberante. 

 

La pobre democracia

 

Todavía no hemos podido resolver las aspiraciones básicas de la recuperación democrática. Seguimos muy lejos de tener un Estado capaz de lograr que todos y todas puedan comer, curarse y educarse. Mientras tanto, los únicos privilegiados no son los niños, sino la dirigencia política en su conjunto. En medio de un descalabro económico y financiero de semejante magnitud, cayó la pandemia para arrasar con lo poco que quedaba. En estos días tan sensibles, la aparición de fantasmas del pasado cobran una magnitud que nos obliga a ponernos en guardia. Duhalde no es un viejo gagá. En todo caso, es un tipo resentido, porque el destino lo puso en un lugar irrelevante de la historia. Asusta que su visión de la política aún sobreviva en generaciones intermedias que creen en lealtades de códigos mafiosos y soluciones personales. Aunque parezca mentira, algunos añoran esos tiempos y por eso callan. Otros, desde la vereda de enfrente, son parientes cercanos de los civiles que golpeaban los cuarteles. Ni siquiera hablan los radicales para hacer honor a Don Raúl. No hay que tener miedo, hay que permanecer atentos.