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  • jueves, 04 de junio de 2020

El secuestro de Martín Salvador, nuestra propia historia 

(*) Por Juan José Chazarreta 
Del libro Operación Chacabuco
Del libro Operación Chacabuco
El secuestro de Martín Salvador, nuestra propia historia 

Un 30 de marzo de 1976, seis días después del golpe de estado, fue secuestrado desde su propia casa en Chacabuco Martin “el Negro” Salvador. En los años 60 el Negro vivió en la ciudad de Córdoba, donde hizo la secundaria en la escuela fábrica de la automotriz IKA – Renault. Allí formó parte del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y fue delegado del Sindicato de Mecánicos de Automotores y Transporte de la Argentina (SMATA). El Negro tuvo una activa participación en la rebelión popular de 1971 conocida como el “Viborazo”, que le costó su puesto de trabajo y pasó a integrar una lista de activistas que habían tomado fábricas durante esta rebelión. Esto significó que no pudo volver a encontrar trabajo en ninguna fábrica y volvió a Chacabuco para dedicarse a la carrera docente. El Negro estaba terminando el profesorado de Física y Matemática en Junín cuando lo secuestraron. La orden fue emanada por Félix Camblor, un coronel que estaba a cargo del Comando de Artillería 101 de Junín y por tanto el partido de Chacabuco quedaba bajo su responsabilidad represiva. En el operativo de secuestro del Negro participó la policía de Chacabuco y la comisaría de nuestra ciudad lo mantuvo en cautiverio unas cuantas horas para luego ser trasladado a Junín. Desde allí lo pasaron a San Nicolás, donde funcionaba el centro de inteligencia de la zona controlada por Camblor para luego ser trasladado a Mercedes. Mientras estaba secuestrado, en esta vcina ciudad bonaerense, nacía el primer hijo del Negro y pudo entrar en contacto con otras personas secuestradas de Chacabuco. Se trataba de Lazcoz, Siron y Fernández trabajadores de Industrias del Maíz S.A (IMASA) y activistas sindicales junta interna de la Unión Obrera Molinera Argentina (UOMA), secuestrados en junio de 1976. El 18 de junio la policía de Chacabuco detuvo a estos tres activistas sindicales. A Lazcoz y Fernández se los llevaron de sus propios domicilios y a Siron lo detuvieron mientras trabajaba en la fábrica. Cuando los liberaron, el 20 de septiembre de 1976, a Martín Salvador lo trasladaron a la Unidad carcelaria N° 9 de La Plata. La comisaria No 9 fue parte del “Circuito Camps”; una serie de centros de detención desaparición y tortura, que estaba al mando del general Ramón Camps. En la novena sufrió las peores torturas y golpizas y fue testigo del trágico final de otros militantes sociales que compartían el cautiverio con él. 

Los lugares donde estuvo secuestrado el Negro fueron recorridos por su hermano Julio, quien lo buscó incansablemente para saber su paradero. Qué mejor que su testimonio para recordar la vuelta a la vida del Negro: “no sé qué fecha, pero llegó a Chacabuco un día patrio del 77 y después apareció allá en Córdoba y estaba chapita chapita. Cuando llegó me abrazó, se puso a llorar. Yo vivía en el Barrio Rosedal y tenía la fábrica cerca y ahí se quedaba él. Se quedaba en una reposera y se dormía, se quedaba viendo las estrellas, con su vasito de whisky hasta que se dormía. Y yo me quedaba hablando con él, a veces le pegaba el faltazo a la facultad para hablar con él y ahí me contaba sobre los que habían hecho desaparecer. Cada vez que lo trasladaban de un lado al otro, lo cagaban a palos, o sea, cuando lo trasladaban ligaba de todos lados. Te hacían poner la cabeza para abajo y si la levantabas te hacían pedazos, ahí te metían patadas, rodillazos. Eso me contaba”. 

Recorrer los senderos de nuestra propia historia nos permite ver que no solo las grandes urbes tienen algo que decir de nuestro pasado reciente. Las voces de nuestra gente tienen memoria y nos acercan a lo más visceral y más íntimo de nuestra historia. Chacabuco tiene sus propios acontecimientos, sus propias víctimas, sus propias fechas. Hay quienes optan por negar todo 

esto ya que defienden los intereses de los perpetradores del genocidio, mediante el olvido y el silencio. Lo que voy a decir, en mis escritos ya es redundante pero lo seguiré diciendo: es muy cómodo y fácil reconstruir los años del terrorismo de Estado desde las grandes urbes y no desde el propio Chacabuco. Lo lamento por los defensores de la impunidad y el olvido, quien escribe es un militante fervoroso de la justicia social y de la memoria de los de abajo, de los silenciados de la historia; aunque esto es pequeño al lado del gran pueblo argentino que valientemente decidió que nunca más un gobierno genocida vuelva a decidir los destinos de la Patria. 

 

(*)  Autor del libro "Operación Chacabuco. Peronismo ortodoxo, Dictadura, Indultos". Militante del MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero).