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  • lunes, 18 de enero de 2021

Quizá sea de Guatemala a Guatemejor

La bandera de Guatemala y la nuestra -y la de las antiguas Provincias Unidas del Centro de América-  tienen los mismos colores: el azul celeste y el blanco. En sí, tienen el mismo origen, el que varios historiadores ligan a la Casa de Borbón, es decir, son banderas con herencia real española. Como fuere, es curioso ver cómo se agitan el celeste y el blanco en las actuales manifestaciones del pueblo guatemalteco, otro de los del barrio que se hartó de tanta corrupción.

Quizá sea de Guatemala a Guatemejor

Miles de guatemaltecos protestaron durante el sábado pasado en la Plaza de la Constitución y en varias regiones exigiendo la renuncia del presidente de la nación, Alejandro Giammattei. También exigieron justicia contra los funcionarios que incurren en actos de corrupción.

Lo que colmó la paciencia ciudadana, el sábado 21 de noviembre, fue la forma en que el Congreso aprobó el Presupuesto 2021: en una votación de madrugada, con carácter de urgencia nacional y un dictamen exprés, cuando había tiempo hasta el 31 para su debate.

Organizaciones sociales, estudiantiles, colectivos urbanos, centros de estudios académicos, autoridades religiosas y hasta el vicepresidente Guillermo Castillo pidieron a Giammattei vetar de inmediato el Decreto que dio vida a un plan de gastos por 12,8 millones de dólares y recortes en educación, salud y la lucha contra la desnutrición.

La indignación del pueblo se agravó por la inacción del Estado frente a la pandemia del coronavirus y el impacto de las tormentas Eta y Iota. “La dignidad ha sido pisoteada, en tiempos de pandemia y en tiempos de huracanes”, expresa ante la cámara un manifestante visiblemente molesto. Ese sentimiento se multiplica por cientos de miles. 

Experiencia fallida

En 2015, el pueblo guatemalteco movilizado logró la renuncia del entonces primer mandatario, Otto Fernando Pérez Molina, un general retirado del ejército, aunque para muchos todo ha empeorado, pues desde entonces esa movida la capitalizó políticamente la derecha. “¿De que nos sirvió llenar la plaza diez veces en 2015, si fuimos a caer en uno de los peores gobiernos de la historia de nuestro país?”, pregunta un joven manifestante subido a una tarima en medio de la movilización popular reciente mientras su discurso es registrado por la cadena Telesur.

Esa mala experiencia es la que ahora hace que el pueblo no delegue la dirección de las protestas en un sector específico. Se mantienen en un estado asambleario. En ese sentido, otro testimonio, esta vez de un cuarentón, esclarece el asunto: “yo creo que la dirección está allí”, dice y señala con un dedo a un núcleo de movilizados. “Hay muchas organizaciones, están las mujeres, los pueblos originarios con sus autoridades ancestrales. Eso es el motor de esto, no hay una cabeza única”, agrega.

A estas alturas de las movilizaciones, una de las organizaciones que han adquirido más protagonismo es el Comité de Desarrollo Campesino CoDeCa. Se trata de una organización rural, muy engarzada en las comunidades campesinas más pobres y desprotegidas de Guatemala, que acaba de plantear lo siguiente: “En Guatemala y otros países comienzan a abordar la posibilidad de emprender un proceso Constituyente Plurinacional. Muchas surgen. ¿Cómo conformar dicha Asamblea Constituyente Plurinacional? ¿Cómo participarían los pueblos y sectores históricamente marginados de las constituciones y asambleas constituyentes? ¿Por cuánto tiempo y con qué potestades debería funcionar dicha Constituyente Plurinacional?”. Estado plurinacional, proceso constituyente… La referencia a los procesos experimentados por los pueblos de Bolivia y Chile -en diferentes circunstancias y momentos históricos- aflora de inmediato.

La Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, en una carta abierta dirigida a la misión especial de la OEA que se encuentra en esa república centroamericana, denunció que los pueblos originarios fueron excluidos de la mesa de diálogo instalada por el actual presidente Alejandro Giammattei. 

La pulseada se ganó en la calle

La intransigencia del presidente provocó la ruptura pública con su vive, quien llegó a proponer la renuncia de ambos a sus cargos. Esto dejó al descubierto la incomunicación entre ellos y encendió la movilización popular con estas consignas: “Veto al Presupuesto” o “Nos vemos en la Plaza”. La convocatoria fue difundida por las redes sociales, no solo en la capital, sino también en el interior del país. Luego las protestas y planteamientos se ampliaron: “El pueblo presente, no tiene presidente”, “Renuncia Giammattei”, “Saqueadores, fuera” y “Es hora que nos escuchen”.

Giammattei se puso terco y afirmó que no atendería el reclamo del pueblo. Por el contrario, defendió destinar recursos millonarios para obras de infraestructura en concesiones al sector privado y apostar a préstamos externos, además de los concedidos este año a modo de ampliación presupuestaria para enfrentar el impacto de la Covid-19.

Sin embargo, más terco mostró ser el pueblo movilizado, logrando que la Junta Directiva del Congreso resolviera de manera unilateral suspender el trámite del Presupuesto y su sanción por el Ejecutivo.

Es un triunfo parcial de la rebeldía popular contra una política muy vieja y muy impuesta en toda latinoamérica: la receta neoliberal. Si miramos el mapa de esta parte del mundo, vemos que en Chile, Bolivia, Perú, Colombia, y ahora Guatemala la avanzada conservadora ha sido o está siendo interpelada muy fuertemente por pueblos que no aguantan un ajuste más. Enhorabuena.