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  • lunes, 18 de enero de 2021

¿Quién tiene que morir?

 El tiempo transcurrido nos arrincona; nos parece que lo que quedó atrás tiene más realidad para reducir el presente a un interesante precipicio. -Silvina Ocampo

Las tendencias respecto a los contagios y las muertes por covid-19 fueron bien claras desde el principio de la pandemia: los adultos mayores de sesenta y cinco años son más vulnerables frente a la enfermedad. ¿Por qué un sector cada vez mayor habilita -de hecho- a que “mueran los que tengan que morir”?¿Se naturalizan las muertes de la tercera edad? ¿Existe una vejez gozosa?.

 

Por Martina Dentella 

¿Quién tiene que morir?

¿Es normal que esté pensando en la vejez si ni siquiera cumplí treinta años? No lo sé. Probablemente la brutalidad con la que la sociedad relativiza las muertes por coronavirus en adultos mayores me llevó a pensar dónde recae ese facilismo. 

Veo (y creo) que nadie quiere reflexionar sobre la vejez hasta que enfrenta el precipicio. La pensamos en términos de muerte o inutilidad. Permanentemente negamos señales de envejecimiento a través de la cosmética, y sus artilugios. Pero no en función del bienestar o equilibrio sino para emparchar el envase. En el libro La salvación de lo bello, del filósofo surcoreano Byung-Chul Han dice: “Lo pulido, lo pulcro, liso e impecable es la seña de identidad de la época actual”. Agrego que en la era de la imagen, el mundo de lo real y ficticio se funden. Se ostenta lo pulido, lo pulcro, aunque pueda solo parecerlo. 

También, hace poco leía una publicidad de preservativos PRIME que rezaba: “Si no hacés cosas divertidas de joven, cuando seas grande no vas a tener de qué reírte”. En esa frase hay dos conceptos que encasillan grandes mitos de esas etapas de la vida. Si sos joven y no te divertís, fallaste como individuo. Si sos adulto mayor, estás al límite de ser. 

Traigo el debate porque algunos indicios muestran que si no abordamos este tema hoy y no ponemos nuestra energía en cambiar este paradigma, nuestro destino es inexorable. 

Hace algún tiempo, y a propósito de su visita a Chacabuco entrevisté al gerontólogo y defensor de la tercera edad, Eugenio Semino. Una de sus afirmaciones más potentes tenía que ver con la necesidad de pensar en los adultos mayores como sujetos de derecho, y de deseos. Sujetos que no pueden y no deben vivir aislados. “Por el cumplimiento de etapas de la vida, no puede dejar alguien de ser un sujeto. Cuando no se nos reconoce la capacidad de amar, de disentir, de ser y tener relaciones gregarias con otros, es cuando empezamos a estar realmente aislados. Esto es una tendencia de la sociedad moderna. A partir de eso, perdemos la calidad de persona y nos convertimos en un verdadero ente. La edad no debe ser una barrera”, decía. 

Además aseguraba que en Argentina se vulneran casi todos los derechos para la gente de la tercera edad, “desde los económicos, los políticos, los sociales, el derecho a la salud, el derecho a un ingreso justo, a decidir sobre su vida”. A d-e-c-i-d-i-r sobre su vida. 

Tememos ser viejos porque no hay nada que indique que todo va a estar bien, que un jubilado o jubilada goza, proyecta, que la mirada de lxs otrxs sea de complicidad y no de pena. Salvo excepciones. Salvo privilegios de clase. 

Entonces, ¿por dónde empezamos?. Está claro que necesitamos viejos y viejas que accedan a jubilaciones mínimas que les permitan proyectar una vida digna e independiente. Como repite Semino, viejos “con plata en el bolsillo”. Necesitamos obras sociales y prepagas que les ofrezcan servicios de cuidado, de asistencia, actividades que potencien la capacidad productiva, y no solo en términos de lo que necesita el mercado. Necesitamos vejeces libres, conectadas y con incidencia en el mundo actual, viejos y viejas como constructores de la memoria, fuentes de conocimiento de un pasado inmediato. Necesitamos todo eso y más para pensar en la vejez sin miedos. Los necesitamos para poder proyectar en ellos y poner en valor la vida hasta el último aliento.

¿Quién puede así arrogarse el derecho a decidir quién tiene que morir?.