15:06 h. Jueves, 22 de agosto de 2019

¿Qué me queda si olvidé lo que es mío?

CONTRATAPA  Por Anna Dekuchavsky  |  18 de julio de 2019 (16:18 h.)
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La heteronormatividad me quiere matar. El patriarcado me quiere matar. El neoliberalismo me quiere matar. El Capitalismo me quiere matar. Y todos parecen juntarse para trabajar en equipo. Sola no puedo. Busco y encuentro a tantos otrxs que también sienten la opresión y la muerte al acecho. El problema ya no es mío, es nuestro. Somos muchxs. Encuentro en esxs otrxs contención y pertenencia. El miedo hacia los monstruos es tan grande, que la tentación de entregarme al grupo se parece a la que siente quien se entrega a Dios. Que reconfortante sentirme cuidada, segura. Pero la comodidad de pertenecer viene con el riesgo de quedarme dormida. No quiero despersonalizarme en el colectivo. Cuando el recorrido es largo y si vengo cansada, cuesta no cabecear.

Me doy cuenta que puedo transitar mi sexualidad, aspirar a ser libre, formar mi identidad, luchar por mis derechos (básicamente, vivir) gracias a la lo colectivo. Mi vida ¿hasta qué punto es mía? 

Las disidencias van pariendo y mostrando la sangre de sus nacimientos. No acallan los gritos. Ya han callado más de lo soportable. Nacen artistas, música, neologismos, prácticas, poesía que lleven la voz, la letra. Pero este es un texto autorreferencial, y no me gusta Sara Hebe. Tampoco me es piola fumar faso y tomar birra con lxs pibis. Todo eso me resulta ajeno. 

He intentado aggiornarme, sigo páginas, me informo, tengo amigxs y “vínculos”. Pero no. Al principio creí que era resistencia. Fui a Spotify, busqué la lista “Meneo disidente”, y nada. Mi autodiagnóstico psicológico sobre la no aceptación esta vez dio negativo. Ni siquiera me enoja, no hay gancho. No logro que me interese. Y me pregunto si hay algo mal conmigo. “El perreo para abajo, y las pibas para arriba” me pasa por el costado. ¿Soy una mujer aburrida? Además digo cerveza, nunca birra. Eso si, Madonna es mi madre, pero Maluma no es mi baby. ¿Qué me pasa? ¿también con la poesía? Leo pija, leo concha y no me provoca nada. Una poesia si dice lo que dice que dice, no me dice nada. Agudizo el olfato, ¿me volví una sardina enlatada? ¿una fundamentalista de las formas? No siento mal olor. Me corro del lugar de conserva. Es más simple, mis gustos no gustan de esos gustos. Miro mis redes, y veo tan parecido lo que viene del arcoíris, que siento un llamado a buscar el goce genuino. A saber si lo que creo que me gusta me genera bienestar o si me acostumbré. 

Me preocupa bastante el tema de la hiperconectividad a los medios virtuales de información y formación. La rapidez con que algo se viraliza, y nos va arrastrando a una masificación sin criterio. Adoptar sin masticar, ni degustar a los íconos y referentes que representan a los movimientos de los que nos sentimos parte, les da lugar a que puedan ir siendo una imposición del mercado (al que nada le cuesta hacerlos entrar con la fantasía de transgresión y libertad en una especie de caballo de Troya). Digo que a mi me preocupa, porque este viene siendo un texto autorreferencial. 

Un espacio que nos hermana, si no es habitado con presencia y lucidez, puede igualarnos tanto a punto de volvernos una masa acrítica y condescendiente. Perder nuestra autenticidad es peligroso. Desconectarnos del propio goce es entregar algo de eso que no pueden quitarnos. ¿Qué me queda si olvidé lo que es mío? Nadie asegura que al final del camino haya una olla de oro.