• 19:33
  • miércoles, 27 de mayo de 2020

Pulcra la conciencia 

Contratapa 

Por Martina Dentella 

Pulcra la conciencia 

El Archivo General de la Nación Argentina publicó una foto. La agrandé con la lupa para ver de cerca. Las fotos publicadas por la fan page son joyitas para los curiosos del pasado. Esta era una imagen congelada de la llegada de inmigrantes italianos recién ingresados al país. Data de 1907 y es parte del inventario nacional. 

Se sabe que solo entre 1900 y 1915 ingresaron al país más de un millón de italianos. Algunos escapaban de la guerra, de la falta de oportunidades, del hambre. Otros venían a buscar un destino mejor. 

Con cualquier cuenta al boleo, se sabe que en la foto podría estar el abuelo o abuela de cualquier hijo de vecino. Los registros familiares e históricos se han perdido entre generaciones, pero hay un dato que persiste. “Vino de europa con una mano atrás y una adelante”, para referirse a esos recién llegados a un país que decidió habilitar desde su constitución afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. A todos. A todas. 

Ayer se conoció la noticia en Chacabuco del primer paciente con coronavirus. Sabemos más de lo que deberíamos. En principio, se trata de un hombre que abastece a la ciudad y que por ese mismo motivo estaba habilitado a viajar a Capital. Esos datos bastaban. 

Enseguida, como reguero de pólvora, se encendieron los rumores, circularon audios de Whatsapp con información falsa, con datos personales, domicilios, e información de la vida privada del vecino y su familia. 

Hasta ahí, se puede habilitar el beneficio de la duda a quienes, por precaución o por temor, insistían en saber el cómo, el cuándo, el dónde, para constatar no haber tenido contacto con esa persona por una sencilla razón: el virus es imperceptible y en algunos casos, no se manifiesta. 

Pero no quedó ahí. Paralelamente se desató una furia xenofóbica. Pero la xenofobia es selectiva. El odio hacia el otro o hacia su identidad, es colonialista. 

Igual de preocupante, es la necesidad de control. Hubo numerosas publicaciones en las que algunos ciudadanos proponían sacrificar su privacidad en caso de contraer el virus, con el argumento de que todos puedan saber si estuvieron en contacto o no. Cuando está claro que la vigilancia, por el momento, no mantienen las cifras bajo control. Sí lo hacen las medidas de seguridad tan antiguas (como eficaces) que se utilizaron durante la última pandemia por Gripe Española hace cien años atrás: tapabocas, distancia, lavado de manos. 

Las órdenes “autoritarias” del intendente no fueron más que un reflejo de una comunidad a la que le cabe una democracia hipervigilada, invasiva. 

Aiola - nobleza obliga- tuvo reflejos rápidos y puso blanco sobre negro al confirmarse este primer caso. Es un intendente al que le gusta ser la voz de la autoridad, pero tan cierto como eso es que aflojó las tensiones, y emprendió un discurso en el que ordenó bajar los decibeles del linchamiento virtual con un mensaje potente: “Esto no debe ser una caza de brujas”, dijo, y fue contundente cuando aseguró que no revelaría la identidad del paciente “ni ahora, ni mañana, ni nunca. Tratemos de ofrecerle el corazón, esto no debe ser una caza de brujas, los chacabuquenses no somos así. Seamos buenas personas. Si quieren hacer algo, quédense en su casa”. 

A toda la ciudadanía cabe una pregunta: Después de la experiencia con el primer vecino que contrajo la enfermedad, ¿quién va a estar dispuesto a confesar una molestia o un síntoma?.

¿Nos estamos volviendo peores?. Nuestra solidaridad es relativa. 

Procuremos lavarnos las manos con agua y jabón, usar tapabocas, mantener distancia y tener pulcra la conciencia.