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  • sábado, 17 de abril de 2021

No puedo olvidar 

Por Anna Dekuchavsky
anna dekucha
No puedo olvidar 

Hace un año cuelgan dos pañuelos blancos en la reja de mi ventana y colgué la foto en redes  con un hashtag. Queriendo mostrar que en esta casa, en esta habitación, en esta ventana, en estas rejas, no olvidamos ni perdonamos. Años anteriores, eso lo mostraba caminando en las marchas, juntándome con otrxs para juntarnos con otrxs 30400, en actividades, en cualquier lugar del país (esta época del año solía volverme viajera). Hace ya un año que mi cuerpo tiene que cuidar su fragilidad y su exposición, y que estoy en letras, en un hashtag, en una foto, en un pañuelo, en la ventana. 

No podría hablar de “la memoria” sino como algo latente en todo el cuerpo. A veces basta que el sol esté en el mismo ángulo para que sea de nuevo otoño, el olor de alguna flor para volver a enamorarme, el viento y la humedad que me devuelva a una caminata, un banco y un tambor para volver a aquella plaza. Soy un cuerpo con memoria y lo que este cuerpo hace o deja. Soy la boca que le sonrió al viejito en la vereda. Soy la voz que calmó a esa nena que se sintió perdida y se encontró llorando. Soy las manos que incendiaron y también las que hicieron retroceder al fuego. Somos lo que intervenimos, una expansión interminable, donde la finitud del cuerpo se va desdibujando. Y asi vivo en aquella señora que se rió de mi chiste, en esa paloma que comió de mi boca y en su vuelo me nutre, vivo en mi muerte para no permitir ser olvidada. 

Un verso de Benedetti aparece cuando recuerdo, "no olvida quien finge olvido, sino quien puede olvidar", y yo no puedo. No puedo porque estoy escribiendo, porque mis pensamientos pueden ser texto claro que va y que vuelve. No puedo olvidar, porque puedo decir quien soy y serlo. No puedo olvidar, porque todos los nombres sin cuerpos, son verdad y la verdad está presente aun oculta. No puedo olvidar, aunque quisiera, aunque me duela. No puedo olvidar, porque sin raiz un arbol no crece, y sin memoria yo tampoco. No puedo olvidar, porque la ilusión de la linealidad del tiempo puede doblar en una esquina y con brutal desparpajo devorarse la cola.

Sigue ajándose la tela colgada, pero intactos los pañuelos. En la ventana, en la calle, en las madres, las abuelas, lxs hijxs, lxs nietxs, en los cantos, en los llantos, en las ideas, en el presente, ahora y siempre.