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  • sábado, 28 de mayo de 2022

Primeras impresiones del otro lado de la cordillera

A partir del 11 de marzo, el dirigente izquierdista de 35 años, Gabriel Boric, asumirá su rol de presidente de Chile en el Palacio de La Moneda. El viernes pasado anunció su gabinete, que estará compuesto de 24 ministros: 14 son mujeres y 10 son hombres. El promedio de edad de los funcionarios es de 49 años. La expectativa en torno a esta nueva experiencia de gobierno, que el pueblo chileno ha elegido, crece del otro lado de Los Andes, aunque su desempeño impactará en todo el barrio.

Por Gustavo Porfiri

 

Primeras impresiones del otro lado de la cordillera

El nuevo presidente chileno, que llegó al cargo como candidato de la coalición de izquierda Apruebo Dignidad, formará un Ejecutivo con funcionarios de distintas vertientes: ocho son independientes, cinco pertenecen a Convergencia Social (CS), tres al Partido Comunista (PC), dos al Partido Socialista (PS), dos son de Revolución Democrática (RD), uno del Partido Liberal (PL), otra de Comunes, uno de la Federación Regionalista Verde Social (FRVS) y otra del Partido Radical (PR). Entre las ministras designadas está la bióloga Maya Alejandra Fernández Allende​(50) quien se hará cargo de la cartera de Defensa Nacional. Se trata de la nieta menor del expresidente Salvador Allende, quien gobernara Chile entre el 3 de noviembre de 1970 y el 11 de septiembre de 1973, día del fatídico golpe de Estado que iniciara la dictadura de Augusto Pinochet. Allende -de ideología marxista- había sido elegido en las urnas siendo candidato por la Unidad Popular, una alianza de fuerzas de izquierdas que ganó las elecciones del 4 de septiembre de 1970. En algún sentido, Gabriel Boric y sus acompañantes son herederos de aquella experiencia.

 

Primeras medidas

Aún faltan seis semanas para que Boric comience oficialmente su mandato, sin embargo, ya empezó a gobernar. Recientemente, Izkia Siches, quien será la nueva ministra del Interior, adelantó que la nueva gestión condonará las deudas estudiantiles. Este es uno de los reclamos más fuertes que se expresaron en las revueltas juveniles de los últimos años.

Se trata de miles de familias que se empeñaron hasta el cuello para financiar la educación de sus hijos. En Chile, si quieres estudiar, debes pagar. Esto nos suena raro a los argentos, quienes tenemos la oportunidad de “caer en la educación pública” -desde el jardín de infantes hasta la universidad- con acceso libre y gratuito. No sucede lo mismo detrás de la cordillera, donde está el “país modelo” que añoran los derechosos de estas pampas. El actual jefe de Estado trasandino, Sebastián Piñera, es un gran opositor de la gratuidad en la educación: "Nada es gratis en esta vida, alguien tiene que pagar", ha manifestado en varias oportunidades durante las protestas estudiantiles de 2011. Permitan a este redactor una ida por las ramas, pues este asunto le recuerda aquella frase de la entonces gobernadora bonaerense, hoy diputada nacional de la derecha, María Eugenia Vidal: “todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad”. Sintonía ideológica con Piñera comprobada.

En Chile funciona el Crédito con Aval del Estado (CAE) un sistema creado en 2006 para que las familias de recursos escasos puedan pagar el costo de la educación. Desde ese entonces, más de un millón de personas lo solicitaron; actualmente, unas 669.000 están en período de pago, de las cuales 400.000 pertenecen a sectores pobres, siendo un motivo de angustia permanente. El tema llegó, en octubre de 2021, a la Cámara de Diputados, organismo que instó a la Presidencia a analizar alternativas para condonar las deudas de los estudiantes. Esta cuestión fue la que gestó en las calles los liderazgos -entre otros- de Camila Vallejo, diputada del Partido Comunista (PC) que en unos días se convertirá en la vocera del Gobierno, y del propio Boric, el presidente electo más joven de la historia. del país.

El cómo y el cuánto

Por supuesto que es demasiado temprano para tener precisiones sobre cómo se llevará a la práctica la condonación de semejante deuda, aunque el propio Boric decía en campaña que debería aplicarse de modo gradual. Alejandra Falabella, quien asesoró al futuro mandatario en temas educativos, anticipó -en una entrevista con La Tercera- que la solución a está problemática podría tomar unos veinte años. La idea gira en torno a plantear un esquema de pagos a largo plazo y a cargo del Estado, cuya demora sea soportada por entidades financieras.

En paralelo, y aún sin plantear la gratuidad en la educación, el futuro gobierno chileno analiza la posibilidad de lanzar un sistema único de créditos, pero que no tendría interés ni participación de la banca. Por otro lado, hablando de números, durante los debates presidenciales, el candidato de Apruebo Dignidad decía que se necesitarían unos 12.000 millones de dólares para poder condonar los tres créditos vigentes en Chile. Se trata de un monto equivalente al 4% del Producto Interno Bruto (PIB). Asimismo, si se aplica la gradualidad planteada por el equipo de Boric, demandaría unos 300 millones de billetes verdes al año, según Falabella.

Este es sólo un botón de muestra que nos da la pauta del enorme desafío que tendrá por delante don Boric. Nada menos que reemplazar de raíz un sistema de sometimiento y empobrecimiento permanente del pueblo chileno que tiene como cimientos 17 años de dictadura pinochetista más tres décadas de gobiernos “democráticos” que poco hicieron para revertir la herencia recibida, y que en muchos casos, como el de Sebastián Piñera, se esforzaron en mantenerla viva.