15:26 h. Domingo, 15 de diciembre de 2019

La política como un cuento. Segunda etapa

Por Alejo Dentella

Ensayo  |  02 de diciembre de 2019 (09:28 h.)
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Yo sabía que más temprano que tarde, usted terminaría siendo parte del equipo, le dijo como al pasar Víctor Aiola al joven que se encaminaba hacia una de las sillas del despacho.

 

Afuera hacía mucho calor. Noviembre arrancó con temperaturas cambiantes pero hubo registros de máximas insoportables. En la cabecera de la mesa esperaban dos Coca-Cola Light de 500 cc bien heladas. Más que una invitación a refrescarse era casi una provocación. La visita es la cara visible de la otra marca en el mercado.

De cualquier manera, la primera mano se la jugó de igual a igual. Tomó la botella, la abrió y le metió del pico. Como si aprobara que era “la mejor” bebida cola.

¿Como anda licenciado, que es de su vida? -Remando, como cualquier hijo de vecino. Ahora muy contento por la invitacion, ojala nos pongamos de acuerdo- le devolvió.

Aiola ya no es el mismo de antes.  Dejó de fumar, no puede pensar en volver a ser intendente, termina de ganar una elección con un resultado inesperado y empieza a padecer síntomas de angustia por la falta inmediata de nuevos desafíos.

Se paró, fue hasta la ventana, tiró un comentario que no venía al caso y fue al grano. -Mirá che, la verdad es que la posibilidad de que me acompañés en esta nueva etapa es clave por varios motivos. El principal, es la necesidad de definir un nuevo esquema de gobierno. Quiero irme después de ocho años con la tranquilidad de haber dejado un municipio capaz de funcionar más allá de las alternancias de poder o de la persona que continúe en ese sillon. Está claro que en estos cuatro años no lo pudimos lograr. El resultado de la elección es la consecuencia de un esfuerzo personal que desborda los límites de cualquier ser humano, eso no sirve. No da previsibilidad. La idea, repito, es armar un equipo compacto, que traiga una mirada más objetiva de la administración de los recursos públicos, que pueda detectar las debilidades estructurales y aplicar cirugía mayor. Si logro eso, si ustedes lo logran, ahí sí, sentiré que valió la pena. 

 

El licenciado había girado silla y quedó también mirando hacia el ventanal cerca del que el intendente se mantenía parado. Las botellas de Coca-Cola se humedecían por fuera. Aiola se quedó en silencio como esperando la respuesta.

El joven volvió a ser gestual, se paró y se acercó al ventanal. Clavó la mirada fija en una vecina que estacionaba su moto en el parquímetro callejero. 

Cuando parecía que el silencio se apropiaba del encuentro disparó. -Tengo muy claro para qué me llamás, y también para qué vengo, coincido con el planteo que estás haciendo y por eso me sumo, el desafío es enorme, la oportunidad inmejorable.

Recién ahí el intendente se relajó. Cuando iba a hacer su devolución, el licenciado se acomodó el jopo, volvió a tomar Coca-Cola y levantó una mano como pidiendo que lo deje terminar. -Me sumo al convite, me lleva a cuestiones de historia familiar, me invitás a jugar el partido de mi vida, está claro que si sale bien habrá muchas otras charlas, caso contrario la camiseta bien transpirada quedará en la silla para que se la ponga otro.

Aiola sonrió, el tipo se la hizo fácil. Parecía que no hacía falta ponerle muchas otras palabras. Caminó hasta el sillón de respaldar alto, bebió un sorbo de gaseosa que ya no estaba fría y salió para otro lado. -¿Cómo anda Catherine, cómo va esa convivencia en pareja? 

-Catherine volvió a París, su padre estaba con algunos problemas de salud, nada grave, pero es la única heredera de un imperio y por ahora es necesario que esté allá.

-Mirá che, no sabía nada, bueno, en verdad hace mucho tiempo que no hablamos. 

Con la idea de ir cerrando la charla, Aiola fue a la pregunta que repite con cada interlocutor válido que pasa por el despacho. -¿Cómo ves la política? 

-Es una vulgaridad decir que estamos en un tiempo nuevo, pero vale la pena remarcarlo porque este deberá ser también un tiempo nuevo del radicalismo… supongo- devolvió el licenciado.

-Casualmente de eso estuve conversando en estos días con Fredy Storani. El tipo me parece muy racional en su mirada, siente por supuesto, una gran frustración con la experiencia de Cambiemos pero también una gran esperanza respecto a lo que puede venir. De hecho nos va visitar seguramente pronto. Va a estar invitado a la apertura formal de la Karakachoff local y también está en agenda hacer un encuentro de la Cuarta Sección electoral. 

-Bueno, a mí me entusiasma mucho la idea de que el partido se reinvente de algún modo, buscando sus mejores tradiciones y preparándose para la construcción de alguna nueva alternativa frentista, pero desde una posición de socio con voz y voto- se animo a agregar el muchacho.

-Veo que la tenés clara amigo, dijo Aiola mientras relojeaba los centenares de whatsapp que llegaban a su teléfono. 

-Yo siempre creo en las relaciones que suman, si no no tienen sentido, de todos modos llego con una misión y un objetivo que es al que vos hacías referencia. Entiendo que para hacer política y marcar el rumbo estás vos, así lo muestran los números de las elecciones.


A esa altura, Aiola había escuchado gran parte de lo que le interesaba saber, entendió que, al menos esa charla, estaba terminada. Su secretaria privada ingresó a recordarle la agenda y el licenciado ya se había parado porque lo importante estaba dicho.