11:50 h. Miércoles, 24 de Abril de 2019

“La pobreza crea un esquema de estrés mental”

Su fugaz y sorpresiva visita tuvo lugar el último viernes al mediodía. Un grupo pequeño fue alertado de su inminente presencia y confirmaron asistencia. Ese es el modo de contactar con docentes y profesionales de la salud de diferentes ciudades que el reconocido neurólogo Facundo Manes utiliza a lo largo del país. En estas charlas móviles se pregunta cómo la ciencia puede colaborar para el desarrollo en un momento en el que tres millones de argentinos pasan hambre. Más allá de crear algunas pistas de los aportes de su rama en ese sentido, Manes, que ha tenido su aproach con el gobierno de Cambiemos sentencia: “la cifra es inmoral y tiene un impacto muy fuerte en las funciones cognitivas y emocionales”.

FACUNDO MANES EN CHACABUCO  |  01 de Abril de 2019 (09:42 h.)
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Facundo Manes nació en Quilmes, en el hospital público donde trabajaba su papá. Después vivió con su familia en Arroyo Dulce, un pueblito cerca de Salto, y al finalizar la secundaria se instaló en Buenos Aires con su hermana con el fin de estudiar, para después seguir su carrera en Estados Unidos e Inglaterra. 

Volvió en el año de una de las peores crisis que azotaron al país: 2001. “Siempre que estuve afuera, pensaba en regresar y estar ayudando, contribuyendo al desarrollo del país, con mi gente”. 

En su regreso comenzó a trabajar en un área de la ciencia que en Argentina no estaba muy desarrollada, que se llama Neurociencia cognitiva, que se ocupa de estudiar cómo funciona la mente y puso a la Argentina en el mapa internacional en esa área.

Desde la Fundación Favaloro, lo llamaron porque el sueño de René Favaloro era desarrollar el cerebro. “Para mí fue un honor que me den la oportunidad de desarrollar las neurociencias en un hospital que creó uno de los argentinos más importantes del siglo XX. Favaloro representa todo lo que la Argentina debería ser: la honestidad, la lucha contra la corrupción, la empatía con los docentes y los médicos, ese trabajo es muy empático, uno tiene que trabajar pensando en el otro”, dice. 

Hoy Argentina ocupa un lugar importante en el área de las neurociencias cognitivas y muchos laboratorios trabajan en ese sentido. Así como en el 2001 se preguntó cómo podía colaborar con el país al borde del colapso, ayudando a crear institutos de investigación, en estos tiempos, donde florece esta ciencia se pregunta cómo puedo colaborar en este momento en el que tres millones de personas pasan hambre, mientras que se producen alimentos que pueden abastecer a cuatrocientos cuarenta millones. “No es problema de alimentos sino de organización y de prioridad, cómo podemos luchar contra la malnutrición infantil”, dice Manes. 

Para Manes, que de diez chicos de once años, el 40% tenga algún problema de malnutrición, desnutrición, anemia o déficit de vitaminas es inmoral, porque “de los tres millones que tienen hambre, un millón y medio son chicos y adolescentes, es una hipoteca social porque la economía mundial se basa en las ideas, en la capacidad de educación permanente” y agrega “todo eso tiene un impacto en las funciones cognitivas, emocionales”. 

Qué pasa con el trabajo 

Para el neurólogo, el desafío que generan estas condiciones materiales será conseguir trabajo, porque va a tener que ver con cómo desarrollamos habilidades cognitivas y emocionales, “porque vivimos en la pobreza y la pobreza crea un esquema de estrés mental: si vivimos con malnutrición no podemos aprender”. En ese sentido observa que el país no reivindica las figuras de los docentes. “Cuando yo vivía en Salto - recuerda- el docente era importante y yo no heredé nada, todo lo que tengo lo logré por la educación. En mi casa no faltaba ni sobraba nada, y yo sabía que si yo estudiaba, era honesto y trabajaba, iba a tener muchas posibilidades por eso la educación fue la única arma que tuve en mi vida, y me permitió conocer el mundo y tener una voz en la sociedad, en la ciencia, en mi área, ser más libre”. 

La cifra es alarmante, solo el 5% de los argentinos piensa que la educación es movilidad social ascendente, “o sea que por más que los docentes hagan el esfuerzo, si los chicos no piensan que la educación es sinónimo de movilidad social, no van a estudiar, esto implica un cambio general, porque el cerebro aprende porque algo nos motiva o nos inspira”, asegura y agrega “Nadie prioriza la educación ni la calidad educativa que en Argentina lamentablemente no es buena. Incluso los padres que no hacemos nada porque ‘bueno, la educación es mala pero nuestros hijos están bien’, mentira, nuestros hijos no están bien, y un país que no tiene salud no puede producir”. 

La salud impacta en la productividad

Manes habló también de generar una calidad educativa que permita tener mejores oportunidades laborales, “como esto no está en la agenda de la política yo me pregunté cómo contribuir en esta etapa, por eso voy a recorrer el país tratando de que la sociedad se comprometa con estos valores”. “Cuando Argentina tenía, en 1869, 78% de analfabetos, más que Italia y España, se priorizó la educación pública y no se pensaba en las próximas elecciones, se pensaba en las próximas generaciones. Así llegó la educación pública, gratuita e igualitaria. Argentina pasó de tener 78% de analfabetos en 1869 a tener 13% en 1947. O sea que hicimos algo, tenemos democracia. No es perfecta, pero hace 30 años que la tenemos”. 

“Tenemos que estar juntos y pensando en presionar”

Sobre el final de la charla, dijo “yo veo a la sociedad argentina depresiva, estamos como resignados, tenemos que estar juntos y pensando en presionar, no esperar un mesías. Si no nos ponemos en marcha habrá una nueva oleada de pobres. En Argentina, la gente piensa que el ascenso no es por la educación sino por la corrupción, la política, el fútbol, el acomodo y la herencia. Con una sociedad así, por más que los docentes se esfuercen, no tenemos futuro”.