10:06 h. Domingo, 26 de Mayo de 2019

Pobre del cantor 

OPINIÓN ​ Por Gustavo Porfiri  |  26 de Febrero de 2019 (15:03 h.)
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“Ésta no es una declaración política y Estados Unidos no esta involucrado de ninguna manera”, afirmó un portavoz de Richard Branson, el multimillonario británico que financió el concierto de música Venezuela Aid Live que se celebró el viernes pasado en la ciudad fronteriza colombiana de Cúcuta. “No es política sino humanitaria”, coincidió el cantante colombiano Fonseca, uno de una cincuentena de artistas de pop latino y reggaetón que actuaron en el concierto, el preámbulo de una operación invasiva para trasladar cientos de toneladas de “ayuda humanitaria” estadounidense a Venezuela. Un caballo de Troya del siglo XXI. 

A contrapelo de la historia 

El concierto se recordará tal vez como la otra cara de la moneda del Festival de música y arte de Woodstock, aquel encuentro realizado desde el 15 y hasta la madrugada del 18 de agosto de 1969, e impulsado por los protagonistas de la contracultura contraria la intervención militar de EE.UU, con el apoyo de Europa, en Vietnam. 

En este otro recital por la “libertad”, más allá de la lejanía de calidad artística que podemos observar entre Alejandro Sanz y Jimi Hendrix, lo que quedó estampado en las retinas y las conciencias es que en este siglo -al que el calificativo de cambalache le queda muy chico- hay artistas comprometidos con invasiones militares en contra de pueblos soberanos. 

Es difícil reconocer esto. Ya sabíamos que Julio Iglesias es un ícono artístico de la derecha, pero ver una cincuentena de cantantes -muchos de ellos “consagrados” y populares-cantando a favor de los marines y de los intereses de las corporaciones piratas petroleras es demasiado. 

Así, los españoles Alejandro Sanz y Miguel Bosé; los estadounidenses Jencarlos Canela y Rudy Mancuso; el argentino Diego Torres; el dominicano Juan Luis Guerra; los mexicanos Maná, Paulina Rubio y Reik; el puertorriqueño Luis Fonsi; los colombianos Camilo Echeverry, Carlos Vives, Orlando “el Cholo” Valderrama, Fonseca, Gusi, Jorge Villamizar, Juanes, Maluma, Santiago Cruz y Silvestre Dangond; los venezolanos Carlos Baute, Chyno Miranda, Danny Ocean, Jorge Glem, “el Puma” José Luis Rodríguez, Lele Pons, Nacho, Reynaldo Armas, Reymar Perdomo, Ricardo Montaner y el dúo Mau y Ricky, entre otros, han contribuido a amplificar la idea de que Venezuela necesita “libertad” y papel higiénico entre otras “ayudas humanitarias”. Claro que el principal proveedor de esas bondades Estados Unidos. 

En el atardecer de la hermosa década de los sesenta del siglo anterior, Woodstock fue la cristalización del sentir de una generación harta de las guerras, que pregonaba la paz y el amor como forma de vida y mostraban su rechazo al sistema imperialista liderado por los Estados Unidos. Si bien se asocia a aquel concierto con los “hippies”, el festival fue un punto de encuentro para cientos de miles de jóvenes que pretendían un mundo mejor, sus símbolos eran la bandera del arco iris y el símbolo de la paz. Reforcemos la idea por si hace falta: los protagonista de Woodstock eran antibelicistas. Los artistas que pasaron por el escenario de Cúcuta quieren acelerar la intervención militar en Venezuela, quieren guerra, cantan por ella. 

U n a m a r i o n e t a multimillonaria 

Richard Branson -el benefactor de la puesta en escena cucutense- es la cara visible de Virgin Group, una megacorporación que reúne desde compañías de servicios telefónicos hasta aerolíneas y una agencia de viajes espaciales para un proyecto de turismo en las estrellas. La fortuna de este empresario se estima en 4.200 millones de dólares. La página oficial del Grupo Virgin estima que actualmente hay más de sesenta compañías bajo esta firma y que emplean aproximadamente a 71 mil personas en treinta y cinco países. 

¿Porqué Branson ha financiado el Venezuela Aid Live? Bueno, entre otras cuestiones que seguramente se explican por la conexión de sus negocios con los intereses gringos en Venezuela, siempre hay un filántropo de las guerras. Este multimillonario no sólo apoya el proyecto neoliberal que pretende invadir Venezuela como sea, sino que es parte de la ola neoconservadora dispuesta a llevarse puesta al mundo entero. Están totalmente alistados para derrocar a gobiernos que no cumplen con los requisitos de la política exterior de EE.UU. y el libre movimiento de capitales. Hoy el obstáculo mayor para ese proyecto es Venezuela, pero habrá otros. 

Branson es un engatusador de artistas y públicos dispuestos a cantar canciones de guerra y muerte, pero -inundado en dinero y todo- es solo un instrumento del imperio decadente anglo-norteamericano. Una marioneta más. 

Versos inalterables 

En fin, lamentable papel de aquellos que pasaron por el escenario montado en el puente internacional Las Tienditas. Tuvieron su momento de brillo, pero rápidamente quedaron como el carbón, quemados para siempre en la hoguera de los demonios imperiales. Para ellos, los versos de Pablo Milanés: 

“Pobre del cantor que no halle el modo 

de tener bien seguro su proceder con todos. 

Pobre del cantor que no se imponga 

con su canción de gloria, con embarres y lodos. 

Pobre del cantor de nuestros días 

que no arriesgue su cuerda 

por no arriesgar su vida. 

Pobre del cantor que nunca sepa 

que fuimos la semilla y hoy somos esta vida”.