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  • lunes, 18 de enero de 2021

¡Pobre Año Nuevo!

Si fuera un ser vivo, 2021 debería adaptarse a crecer y desarrollarse en un entorno de enorme presión y exigencia. La demanda global de mejoras y bonanza sobre este nuevo año es muy potente. Y ya sabemos: que solamente para los humanos -obstinados en medir el tiempo para burocratizar mejor la vida- los años cobran entidad. Que para los pájaros o las mascotas el mundo sigue andando del mismo modo más allá de las doce campanadas. ¿Entonces? ¿Qué esperar del recién llegado?

¡Pobre Año Nuevo!

El mensaje dominante en las redes sociales fue de despedida en tono de repudio y enojo hacia 2020 y de esperanzas amplias para su sucesor. Claro, esta mecánica va bien cuando se trata de gobernantes, por ejemplo, pero, para la sucesión en el calendario casi no funciona. Como si se tratase de un pórtico que nos permitiera avanzar hacia otra dimensión, la medianoche del 31 de diciembre se carga de magia. Sirenas, brindis, alegría, pirotecnia. ¡Ahora sí! El año nuevo es una entidad virgen cargada de oportunidades, de bienestar, de salvaciones. Con el último corcho, con la última cañita voladora, la ilusión da paso a eso que hemos convenido en llamar realidad, un elemento más duro que el hormigón. ¡Y a remar otra vez, que ya vendrán tiempos mejores!

Si algo bueno habrá durante los primeros meses de 2021, será la posibilidad de avanzar con la vacunación masiva contra la peste. Eso sí, no debemos dejar de reconocerle a 2020 que fue durante largos meses de su existencia que la ciencia global pudo desarrollar varios prototipos de fármacos, hasta que algunos demostraron la eficacia mínima y necesaria para poder ser aplicados a la población planetaria. Así que, tan malo tampoco fue el saliente.

Las herencias eternas

Este 2021, todavía en pañales, ya ha recibido varios legados siniestros. Un estudio reciente, publicado el primero de enero, da cuenta de que la pandemia de coronavirus podría dejar a más de 10 millones de niños de varios países de África en riesgo de hambre. Así lo publicó el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Este organismo está “profundamente preocupado” por la salud y el bienestar de 10,4 millones de niños que padecen desnutrición aguda en la región del Sahel (cinturón de hasta 5.400 kilómetros que atraviesa África desde el Atlántico hasta el mar Rojo), la República Democrática del Congo, Nigeria, Sudán del Sur y Yemen, que ya viven graves crisis humanitarias. El conjunto de factores como la pobreza crónica, la falta de acceso a los servicios esenciales, los conflictos armados recurrentes, agravados por la pandemia, aumentó la vulnerabilidad de las familias necesitadas. ¿Podrá con esto el año nuevo?

Estos males crónicos son los frutos amargos que en cantidades industriales nos hace cosechar el actual sistema de relaciones globales, en el que los países ricos se vuelven cada vez más ricos y los pueblos pobres están cada día más marginados. Eso ya estaba así cuando apareció el coronavirus que, al convertirse en pandemia, potenció la pobreza y la desigualdad entre las naciones, poniendo a los sistemas sociales y de salud en situación de colapso. ¿Alcanzarán los doce meses flamantes que tenemos a disposición para dar vuelta semejante tortilla?

La lógica del shopping

La panacea de la vacuna ya es algo concreto, tangible: ya hay millones de brazos que lucen orgullosos su pinchazo. Pero… esta tabla de salvación no estará disponible para un cuarto de los seres humanos, por lo menos hasta dentro de dos años. Así lo ha publicado, a mediados de diciembre pasado, la prestigiosa BMJ, antes llamada British Medical Journal, una revista médica de aparición semanal en el Reino Unido publicada por la Asociación Médica Británica desde 1840.

Esto se comprueba en los registros de las reservas de vacunas que ya se han hecho. Por ejemplo, EE.UU. ha reservado 800 millones de dosis para sus 328 millones de habitantes. Japón, Australia y Canadá han reservado en conjunto más de mil millones de dosis, aunque no representan ni siquiera el 1% de los casos actuales de covid-19 a nivel mundial (0,45 millones de casos). El caso de Canadá es muy curioso, porque ha comprado 358 millones de dosis para una población que está cerca de los 38 millones de habitantes. Es decir, tendrán nueve dosis y media para cada canadiense.

Para redondear la idea, un análisis de la Universidad de Duke, divulgado en los últimos días de 2020, señala que, de los 6.800 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus producidas, 3.700 millones han sido compradas por países ricos. De esa cifra, la Unión Europea ha pedido 1.425 millones. ¿Podrá don 2021 contrarrestar estas desigualdades tremebundas?

En resumidas:

Las dos situaciones descritas líneas arriba nos ilustran sobre la complejidad por la que atraviesa esta humanidad del siglo XXI. No será magia revertir las tendencias que hacen de este mundo un recipiente de injusticias. Y si bien ya hemos aprendido y aprehendido -y recitado de memoria- que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo aguante”, de todas maneras, también hemos de acordar que el asunto va para largo y -que más allá de la fenomenal crisis sanitaria que cumple el rol de síntoma- habrá que ahondar en la detección y control de las verdaderas pestes que han puesto el planeta patas para arriba. Eso no lo lograremos en una vuelta al sol, así que dejemos a 2021 que crezca en paz, sin tantas presiones.