16:16 h. Martes, 16 de julio de 2019

Pensarse duele

SOBRE EL AMOR LIBRE Y SUS CIRCUNSTANCIAS  Por Anna Dekuchavsky  |  15 de mayo de 2019 (11:53 h.)
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Ningun@ de nosotr@s eligió nacer, pero acá estamos, leyendo. Intentando aprender e interpretar un mundo que ya existía y existe. El lenguaje que aprendimos lleva con él todas las mañas de esos mundos. Y es ese lenguaje el que me permite nombrar por ejemplo a esa emoción que sentí cuando hace un rato me recibió mi perra (se llama “alegría”), y aquella que sentí cuando hace un tiempo murió mi abuela (se llama “tristeza”). También, por supuesto, puedo nombrarme y describirme, y si quiero puedo ser otra. 

Hola, mi nombre es Mariela, soy divertida, trabajadora y muy celosa de las personas que amo. Esas son tres de mis principales virtudes. 

¿qué será “ser divertida” para Mariela? ¿qué la convertirá en trabajadora? ¿qué significará ser “celosa de quienes ama”? No sabemos, son “virtudes”.

-Mariela tiene un novio. Mariela le es fiel a su novio. Mariela ve a su novio con otra chica, siente celos, se angustia, sufre.

-Mariela se acerca al feminismo. Se interesa por el amor libre. Empieza a ver su vida con un marco teórico diferente.

-Mariela tiene un vínculo sexoafectivo con un hombre cis hetero. Mariela sabe que la única fidelidad válida es hacia una misma. Mariela considera que la monogamia es codificada por el amor romántico para reproducir la estructura patriarcal en los vínculos sexoafectivos y ahora sus relaciones son abiertas. Mariela ve a su vínculo sexoafectivo estable con otra chica, siente celos, se angustia, sufre.

-Mariela logró pensar sus relaciones desde otra perspectiva, con otros conceptos sin embargo no pudo encontrar otra manera de transitar sus emociones.

Destruir las estructuras que nos sostienen, implica desmoronarnos. ¿A dónde van esos sentimientos encontrados entre el deseo que sigue ardiendo y los nuevos lugares a los que debe adecuarse?¿Son también construcciones sociales que necesitan deconstruirse?¿Qué se hace con los escombros de ese desmoronamiento?¿Cómo lidiar con la angustia, enojo, frustración, tristeza, vacío y todo lo que se resiste y queda, como vestigio de esa identidad que se rehúsa a morir? 

Nos pensamos parte de un mundo que queremos cambiar, para sentirnos bien, para sanar. Hablamos de lo sano y de lo tóxico todo el tiempo. Consolidamos un discurso de la deconstrucción como propuesta, donde parece que no hubiera lugar para las contradicciones. Pensamos tanto ese “deber ser” olvidando que somos la fisura en el ir siendo. ¿Cómo vivir un cambio de paradigma si no se le da tiempo al caos, a la crisis, al proceso de quienes lo transitamos? Hay redes de contención, y cuando pienso en eso me figuro una red (como las de pesca), una estructura llena de vacío. Hace falta poesía en los vínculos, amor, entrega. Nombrar como “vinculo sexoafectivo” a quien me hace desafiar la gravedad con un beso o quedarme en su “responsabilidad afectiva” porque me trata con cuidado, me suena como llamarle “Canis lupus familiaris” a Pandi (mi perra). Pensarse, pensarnos, es necesario (hacerlo en frío, usando la lógica) para seguir pensando, pero ese pensamiento no debe castigar al enredo de contradicciones que nos humaniza (como si pudiera ponerse en stand by mientras erradicamos la idea del amor romántico!). Me enojo con el intelecto que abstrae, que generaliza, que se aleja, que no se abre a habitar la fisura. Que se olvida de lo simple, que da vueltas y vueltas para evitar el contacto. El desapego es necesario como sacar la cabeza del agua para tomar aire, sin olvidar que lo que estamos haciendo es nadar en aguas abiertas, y esa es la experiencia real.