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  • miércoles, 27 de mayo de 2020

La pandemia de la discriminación

Nos horroriza cuando mueren niños como consecuencia de invasiones a países de oriente, o cuando familias enteras se ahogan en un naufragio en las costas de territorio europeo. Pero no nos despierta el mismo resquemor escuchar adjetivaciones despectivas a personas cuya única condición que los hace diferentes es tener otra nacionalidad.

Siempre un mismo patrón: identificar la diferencia como amenazante, estigmatizando al distinto y haciéndolo único responsable del problema.

(*) Por Lic. Mariano Rato

La pandemia de la discriminación

En términos etimológicos, la palabra discriminación proviene de “discriminare”, cuyo significado da cuenta de la percepción de conceptos o realidades diferentes y la necesidad de discernirlos. En el sentido social, este significado adopta matices que guardan relación con el trato diferencial que recibe un grupo de personas por motivos raciales, políticos, religiosos, sexuales, entre otros.
El racismo, entendido como la ideología que define una raza como superior, se ha manifestado en diversas expresiones a lo largo de la historia. Haciendo foco en los eventos de mayor repercusión mundial, se pueden mencionar al tratamiento que tenían los esclavos en Estados Unidos, la persecución del pueblo judío, el apartheid en Sudáfrica, entre otros. Seguramente la lista es inimaginablemente más amplia. Pero en todos los casos hay un mismo criterio: separar grupos de personas a partir de determinadas cualidades con el fin de diferenciarlos en categorías que implican una jerarquía, donde estos grupos son inferiores.

La discriminación se lleva a cabo a partir de la idea de creer que hay una superioridad; específicamente en el racismo se cree que hay una condición superadora del humano hablando en términos evolutivos, culturales, económicos. También hay una creencia, a veces implícita, a partir de la cual todos deberíamos alcanzar determinadas cualidades o condiciones, al tiempo que compartir cierta homogeneidad como propósito a alcanzar. Cualquier diferencia cultural en lo que respecta a gustos, hábitos, costumbres, etc., es vivido como un desvío de la norma.
Es particularmente interesante analizar cómo las sociedades se vuelven más conservadoras e intolerantes de las diferencias cuando se atraviesan crisis sociales. Resulta llamativo cómo las situaciones de vulnerabilidad y de incertidumbre nos urgen en buscar un enemigo al cual podamos responsabilizar de los males que padecemos.
La idea de hombre desarrollado, moderno, blanco y emprendedor, toma cuerpo y se constituye como único sujeto representativo del orden establecido, dejando entrever cómo las desviaciones de este modelo constituyen una intimidación para nosotros mismos.
Somos presos de los estereotipos que nos condicionan y determinan. Los discursos hegemónicos, con los medios de comunicación en la delantera, aportan material para que procesemos los eventos en una misma dirección: el “otro” como raro, feo, malo y provocador de nuestro padecimiento.
Resulta defensivo (entendiéndolo como mecanismo de defensa psicológico) creer que uno no es responsable, que la culpa la tienen los otros. Esto refuerza la idea de que uno no debería replantearse nada del accionar que se lleva a cabo, cuando en verdad somos todos protagonistas, en alguna medida, de las acciones que constituyen el mundo en el que vivimos.
Nos horroriza cuando mueren niños como consecuencia de invasiones a países de oriente, o cuando familias enteras se ahogan en un naufragio en las costas de territorio europeo. Pero no nos despierta el mismo resquemor escuchar adjetivaciones despectivas a personas cuya única condición que los hace diferentes es tener otra nacionalidad.
Algunos líderes mundiales hablan del “virus chino”, estigmatizando a las personas de esa nacionalidad. Se habló despectivamente de las personas que lo transmitieron, ya que “se lo merecían por ser de clase media y viajar al exterior”, desde hace algunos días leemos sobre las complicaciones que van a generar los sectores vulnerables que viven en zonas superpobladas por las dificultades que tienen para cumplir con el aislamiento, también se habla que determinadas comunidades de países limítrofes son los responsables de traer el virus a ciudades alejadas de las grandes urbes.
Siempre un mismo patrón: identificar la diferencia como amenazante, estigmatizando al distinto y haciéndolo único responsable del problema.
Para finalizar, me gustaría invitar a la reflexión con un fragmento del poema de Niemöller, siempre contemporáneo “...Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, ya que no era socialdemócrata/ Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, ya que no era sindicalista/ Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, ya que no era judío/ Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.”

(*)Especialista en terapia cognitivo conductual.