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  • sábado, 05 de diciembre de 2020

El pan está en peligro

Con el comienzo de las cuarentenas en todo el mundo, el desabastecimiento de levadura industrial y el tiempo (pieza fundamental), muchos se entusiasmaron con volver a cocinar pan con masa madre. Un ritual milenario que consiste en esperar los tiempos del fermento natural, para tener un pan con más sabor, mejor calidad y mejor digestión. A los pocos meses, en Argentina, un grupo reducido de científicos estatales vinculados a empresas privadas y políticos lobbistas celebran la aprobación del trigo HB-4, resistente a las sequías y al glufosinato de amonio, un agrotóxico más dañino que el glifosato. Miles de científicos, acompañados por las universidades más prestigiosas dicen que no y que basta. 

El pan está en peligro

Argentina aprobó el 9 de octubre la liberación comercial de trigo transgénico, para su siembra y consumo. Es la primera experiencia global de parte de la empresa Bioceres-Indear, con apoyo de investigadores estatales. Los 63 cultivos transgénicos aprobados por la CONABIA en Argentina están asociados a -al menos- un tipo de agrotóxico. Las organizaciones ambientalistas aseguran que el uso del trigo HB-4 -por resistencia- estará asociado al uso de glufosinato de amonio, aún más tóxico que el conocido glifosato que la OMS declaró como potencial cancerígeno, y que ya cuenta con decenas de fallos en contra en otros países.  

La utilización está condicionada a la decisión de Brasil, donde ya genera resistencias, al igual que en Bolsas y Cámaras empresariales de la Argentina, porque al margen de los productos y fertilizantes que se le aplican, las 178 millones de toneladas del cereal exportadas a escala global no fueron genéticamente modificadas. 

Los productores rurales argentinos manifestaron su rechazo, que no estuvo relacionado con las consecuencias ambientales o de la salud, sino con la lógica comercial: si Brasil -entre otros- no aprueba la comercialización, no tienen a dónde colocarlo, a quién vendérselo. 

Los molineros brasileños tampoco quieren saber nada con el trigo transgénico argentino HB-4 , porque no está garantizada la demanda en el mercado y la población comienza a exigir verdades sobre los alimentos que consume.  Por lo tanto, el futuro de la tecnología creada es una incógnita.

Durante estos días cientos de organizaciones ambientalistas argentinas y brasileras estuvieron en contacto, creando distintos foros conjuntos y conversatorios, que tuvieron sus respectivas traducciones al español y al portugués, donde operó un sistema de redes en comunión para frenar esta avanzada. 

Como la investigadora y docente Carla Poth explicaba en una entrevista realizada por este medio, los científicos estatales que trabajaron en el desarrollo de esta semilla “no son cualquier investigador, sino que muchos vienen de centros públicos como CONICET, y que dentro de las universidades trabajan para el desarrollo biotecnológico de empresas”.  Según la politóloga, la mayoría de estos investigadores, en algún momento de su carrera, han creado convenios de investigación con empresas privadas y su interés está asociado a una lógica únicamente comercial. 

 

Más de mil científicos y 30 universidades dicen NO

La novedad de estos días, es que más de 1000 científicos del Conicet y de 30 universidades  públicas nacionales se expresaron en contra de la aprobación de este trigo transgénico HB4. Firmaron una carta abierta al Gobierno nacional, cuestionando la nueva semilla, que impactará directamente en la mesa de los argentinos, porque como sabemos, el trigo es la base del pan, y esta semilla podría estar asociada a un nuevo paquete tóxico. 

“Esta autorización remite a un modelo de agronegocio que se ha demostrado nocivo en términos ambientales y sociales, causante principal de las pérdidas de biodiversidad, que no resuelve los problemas de la alimentación y que amenaza además la salud de nuestro pueblo confrontando la seguridad y la soberanía alimentaria”, así comienza el escrito, que firman más de mil científicos, entre ellos Rafael Lajmanovich, Walter Pengue, Haydée Norma Pizarro, Elena María Abraham, Matías Blaustein, Damián Marino, entre otros actores reconocidos. 

Además también la firman las universidades más importantes de la argentina como la de Buenos Aires (UBA), La Plata (UNLP), Rosario, Río Cuarto, Córdoba, Comahue, San Martín, Luján, entre otras, e investigadores del INTA. 

Un fragmento de la nota reza: “En este marco cabe preguntarnos: ¿es aceptable el desarrollo y la aprobación de nuevos cultivos transgénicos que profundizarán los daños y el despojo de nuestro pueblo y nuestros territorios? La celebrada «resistencia a la sequía» que se elogia como un logro científico ¿es realmente una ventaja? ¿para qué? ¿para quién? ¿Es una ventaja que el trigo transgénico reemplace bosques y pastizales nativos? ¿Es aceptable que este tipo de decisiones que nos afectan a todes y comprometen el futuro de todas las generaciones, sean tomadas por un pequeño grupo de funcionarios y especialistas muchas veces ligados a corporaciones o alentados por el desafío tecnológico involucrado pero haciendo caso omiso a sus consecuencias ambientales? ¿Quiénes tendrían que decidir ese cambio de uso de suelo? Los transgénicos agrícolas, a pesar del enorme esfuerzo propagandístico en pos de presentarlos como una innovación virtuosa para “alimentar al mundo” sólo han servido para generar lucro para unos pocos que logran acceder a los altos costos de los paquetes tecnológicos y hacerlos rentables por escala. Los organismos transgénicos no son necesarios para garantizar ningún derecho del pueblo, por el contrario, atentan contra la salud socioambiental y amenazan la soberanía alimentaria”. 

El pan está en peligro.