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  • lunes, 04 de julio de 2022

La oportunidad en las manos

Recientemente, unos doscientos artistas y científicos de todo el mundo han lanzado un llamamiento contra la "vuelta a la normalidad" tras la pandemia de coronavirus, pidiendo una "transformación radical" del sistema y contra el "consumismo". Lejos de relacionarlos con los ideales clásicos de la izquierda, encontramos entre los firmantes a Madonna, Robert de Niro, Pedro Almodóvar, el científico Miguel Delibes Castro y varios Premios Nobel. ¡Una colectividad totalmente legitimada para decir semejante barbaridades!

Por Gustavo Porfiri

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La oportunidad en las manos

"Nos parece impensable volver a la normalidad", afirman estas celebridades en un artículo de opinión impulsado por la actriz francesa Juliette Binoche y el astrofísico francés Aurélien Barrau publicado por el diario francés Le Monde.

En el documento se afirma que "la crisis tiene la virtud de invitarnos a enfrentar las cuestiones esenciales". "El problema es sistémico", expresa el grupo, en el que se encuentran artistas y científicos destacados como los actores Robert de Niro, Jane Fonda, Cate Blanchett, Marion Cotillard, Monica Bellucci, Javier Bardem, los cantantes Ricky Martin, Madonna, Miguel Bosé, o Barbra Streisand, directores como Bertrand Tavernier, Alfonso Cuarón, Isabel Coixet o Almodóvar, el fotógrafo Yann Arthus-Bertrand, ganadores del Premio Nobel de Medicina, Química y Física, como James Peebles, o el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus. La lista es muy extensa y variopinta e incluye hasta a ex futbolistas como Claude Makelele. ¡Qué selección!

"El consumismo nos ha llevado a negar la vida misma: la de las plantas, los animales y un gran número de humanos. La contaminación, el calentamiento global y la destrucción de los espacios naturales están llevando al mundo a un punto de ruptura", afirman los ilustres firmantes. Asimismo, el colectivo hace un “llamamiento solemne a los dirigentes y a los ciudadanos para que salgan de la lógica insostenible que aún prevalece, para trabajar finalmente en una profunda revisión de los objetivos, los valores y las economías".

Que este discurso esté siendo voceado por estos protagonistas de la tribu global da cuenta del estado de deterioro en que se encuentra el capitalismo. Ellos no lo llaman así, pero… al pan, pan.

Efectos secundarios

La cuestión inobjetable es que la peste trajo consigo una aceleración de la podredumbre del sistema imperante. Las economías capitalistas se caen a pedazos no por acción de un virus, sino porque desde su génesis se han cimentado en principios antihumanos y porque en su propia genética se desarrolla su autodestrucción. Es insostenible y, más temprano que tarde, habría de reventar por los cuatro costados. En eso andamos.

Desde hace demasiado tiempo el capitalismo ha convertido todo en mercancía: el trabajo, la tierra y todas las formas de vida existentes en ella, el capital, la ciencia y la tecnología, todos los saberes acumulados, etcétera. Todo lo imaginable puede ser sometido a la ley de la oferta y la demanda. Todo se puede comprar y vender, sin más ley que la de la máxima ganancia. Ya es repugnante. Tanta acumulación permanente de ganancias concentradas en unas pocas personas en detrimento de miles de millones no da para más.

Se ha naturalizado la apropiación por parte de los mercachifles de turno de cuestiones indiscutiblemente universales como la educación, la salud, la jubilación, los servicios esenciales, o el acceso a la vivienda. Hemos llegado demasiado lejos y hemos aceptado la expansión patrimonial ilimitada. Todo envuelto en una gran niebla en la que es posible ver a los perjudicados marchando en defensa de los intereses de quienes los perjudican. Y también votando por ellos.

En este marco de análisis, volver a la “normalidad” significaría retrotraernos a las condiciones preexistentes a la pandemia. Sería descabellado. Si algo deberíamos aprovechar en medio de tanta confusión es la posibilidad de desarrollar algunos intentos prácticos de vivir por fuera de la lógica en la que el “hombre es lobo del hombre”. Aprovechar el descalabro global para rajar. Pero, ¿Porqué ilusionarnos justo ahora, si todo puede terminar en una gran catástrofe, peor que la actual? ¿Quién garantiza que una vez superada la peste vamos a estar en un mundo mejor? Bueno, esos interrogantes se responderán dentro de un tiempo que aún no podemos ubicar con precisión en el almanaque, sin embargo, hay indicios de que las columnas que sostienen al templo del sistema capitalista están crujiendo. Las imágenes de miles de enfermos y muertos por la pandemia que no encuentran su lugar en el mundo son demasiado elocuentes. El capitalismo no puede controlar a un ante microscópico.

Disonancias

El teólogo, ex sacerdote franciscano, filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño Leonardo Boff asegura: “El mito moderno de que somos ‘el pequeño dios’ en la Tierra y que podemos disponer de ella a nuestro antojo porque es inerte y sin propósito, ha sido destruido”. El escritor colombiano William Ospina contribuye con está frase: “Después de siglos de atesorar nuestro conocimiento, de valorar nuestro talento, de venerar nuestra audacia, de adorar nuestra fuerza, llega la ora en que nos toca ponderar nuestra fragilidad”.

En esa fragilidad, en ese mito destrozado por la peste, seguramente podremos hallar el embrión, no ya de una nueva “normalidad”, sino de una nueva humanidad, superadora de la que estamos padeciendo.