18:47 h. Domingo, 18 de agosto de 2019

Un nuevo escenario electoral

OPINIÓN​ Por Alejo Dentella  |  20 de mayo de 2019 (09:33 h.)
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El anuncio de Cristina Fernández proponiendo acompañar en la fórmula presidencial a Alberto Fernández, produce un furioso impacto en el escenario electoral 2019. Cambiemos se queda sin su principal argumento de campaña. La grieta pasa a ser una herramienta anticuada en el paisaje inmediato. El peronismo de Alternativa tendrá que imaginar algo más que la propuesta de un candidato moderado.

Alberto Fernández, hacedor de los comienzos del kirchnerismo, de estilo no confrontativo, de buen diálogo con casi todos los sectores, de fuertes convicciones republicanas y heredero de los votos de la expresidenta, es el elegido de Cristina y el hombre del que habla el país. De ahora en más, y aunque el gobierno se empeñe en negarlo, comienza un nuevo proceso político en la Argentina. Otra posibilidad refundacional que se debería alinear con la historia contemporánea de 1983 y 2003. Solo Cristina Kirchner tenía la llave para habilitar un escenario de esta magnitud. Ella sabe perfectamente que el poder no se delega. Que el sistema presidencialista impide la cohabitación. Solo desde la ingenuidad o la mala fe se puede pensar que es posible el doble comando. La propuesta excede esas fronteras. No apta para interlocutores de menor pelaje. 

La construcción de un nuevo esquema de poder será fundado gracias a la visión de estadista de la exmandataria. Atesora haber sido la primera presidenta elegida por el voto popular, luego reelegida. Mantuvo más de 30 puntos del electorado durante estos cuatro años y a pesar de la persecución judicial tenía serias posibilidades de volver por un tercer mandato. Justamente, haber sido Presidenta durante 8 años le permitió tener una perspectiva diferente al resto de los mortales que compiten por el poder en la Argentina actual. Seguramente tenía muy claro que podía llegar a ganar pero sería muy difícil gobernar. El país que dejará la oligarquía gobernante requiere mucho más que amores incondicionales. Es imperioso construir puentes que nos permitan pensar desde el disenso un país capaz de resolver las penurias de las mayorías. 

Para los que creen que nada de esto es así, me animo a arriesgar que puede haber otros argumentos que justifican tamaña decisión. Podrán decir que es el miedo a la “justicia”, podrán hablar de que el techo de votos le haría imposible ganar, podrán decir que pretende gobernar desde el Senado de la Nación. Nada es imposible cuando se habla de política y poder. Pero en todos los casos mandan los hechos. Las cosas empíricas en el aquí y ahora. Lo cierto es que Cristina Kirchner envió un mensaje de amplitud política para una coyuntura extremadamente sensible. El gesto que le faltó al presidente Mauricio Macri el día que pretendió convocar al diálogo a los distintos sectores de la oposición. Ese día en el que tendría que haber anunciado que ya no estaba en carrera. El mismo día que perdió la chance de hacer un aporte valioso, tal vez el único, en este proceso de descomposición social. Pero esa oportunidad pasó, como tantas otras esperanzas que dejaron en el camino desde el 10 de diciembre de 2015.

Empieza una nueva etapa. Los resultados de las urnas son soberanos, pero más allá de lo que canten, no quedan dudas que este presente tiene un final inmediato. Por ahora soplan otros vientos. Para casi todos y todas. Afuera quedan los verdaderos amigos del odio. Los que tampoco se conforman con este nuevo escenario. Esos son los militantes de “Viva el Cáncer”. 

La sensación es de alivio. En cualquier caso es necesario redoblar esfuerzos. No abandonar la lucha sino comenzar nuevas batallas. Las grandes estrategias se diferencian por su capacidad para descolocar al rival. De eso estamos hablando. De eso se habla en nuestro país desde el sábado a las 09:15. Me excede la interpretación política del caso. Habló desde las vísceras y en este andar me invaden los malos recuerdos. Una tarde noche del invierno de 1989 masticaba con bronca el renunciamiento histórico de Raúl Alfonsín. Con infinita angustia viví el luto por la muerte de Néstor Kirchner. Hoy no hay motivos para estar tristes. Este es el despertar de un nuevo ciclo en la Argentina. De otra oportunidad que para nada desborda de optimismo. Hacía falta solo un gesto. Por algo se empieza.