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  • jueves, 24 de septiembre de 2020

No tenemos derecho 

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No tenemos derecho 

Por Martina Dentella 

“Llegó el momento de traerme a mi flaco de vuelta a casa, para luego seguir peleando, porque todo continúa hasta saber qué pasó con él. De la Justicia sólo espero justicia. Que se saque las vendas, las orejeras y el tapabocas. En este momento sólo diré algo que diría Facu, sus propias palabras: Memoria, Verdad y Justicia. Él lo tenía muy presente, fue su lema, por siempre y para siempre. Que el Nunca Más, sea Nunca Más en serio”, escribió Cristina Castro y se replicó en los medios de incomunicación. 

 

“Encontrar esos cuerpos es volver a traerlos al mundo, a la realidad, decir “Acá están”. El hueso, esa íntima parte del cuerpo humano, quizás la más íntima y la última en descomponerse, es la chance final de decir la verdad de lo que pasó con el desaparecido. El hueso, el último grito de verdad”, Cristina Bautista, madre de Benjamín, uno de los 43 estudiantes desaparecidos en México en el estado sureño de Guerrero, a la BBC(*). 

En 1984, en Argentina, un grupo de jóvenes estudiantes empezó a cavar fosas comunes y tumbas sin identificación buscando los restos de los cuerpos secuestrados y asesinados durante la dictadura militar. Con la ayuda del antropólogo forense de Texas, Clyde Snow, el Equipo Argentino de Antropología Forense o EAAF, ha recuperado varios de miles de restos para devolverlos a sus madres.

Facundo Astudillo Castro, estuvo desaparecido desde el 30 de abril. Ayer, ese equipo de trabajadores confirmó que los restos óseos encontrados en un cangrejal de Villarino Viejo pertenecían a Facundo. 

La socióloga Cora Gamarnik escribió en sus redes, ¿Hasta cuándo en Argentina habrá que seguir pariendo madres valientes que busquen a sus hijxs desaparecidxs?.

Los 30 mil siguen contando. A las madres se las oye en todas las épocas. Son las que abrazan los reclamos. El resto de los conmovidos, tachamos un nombre por otro para levantar las mismas banderas de repudio y justicia, en una acción sin fin. 

Se multiplican los casos de gatillo fácil, los ataques hacia distintas comunidades, y las torturas policiales. El modus operandi de las fuerzas de seguridad, con prácticas represivas y amparados por el cumplimiento del deber en contexto de aislamiento obligatorio, sumado a un sistema judicial inoperante, no hace más que confirmar que los vestigios del oscurantismo se pasean por ahí.

Para graficar la situación en números y estadísticas, hace apenas algunos días, la Comisión Provincial por la Memoria presentó su Informe Anual 2020 “El sistema de la crueldad XIV”, durante el 2019. El informe extiende un balance de los últimos cuatro años “marcados por la profundización de las políticas punitivistas en materia criminal y un acelerado deterioro de los derechos humanos”. Entre 2016 y 2019, 485 personas murieron por el uso de las fuerza y 550 en cárceles provinciales. Durante 2019 la práctica sistemática de la tortura fue denunciada por 6.713 personas que relataron 12.594 hechos de violencia. 

Los textuales en las redes, las gráficas con la cara de Facundo, los reiterados pedidos de justicia apuntan a despertar conciencias muertas. La única que tiene derecho es su mamá. 

 Cristina, que ahora abraza sus huesos y se lo lleva de vuelta a casa, sí puede decirle a su flaco que vuele alto. Puede porque no descansó un minuto hasta encontrarlo. Puede porque lo engendró y lo amó. Nosotros, los conmovidos, no podemos romantizar esta tragedia, no tenemos derecho, no debemos más que exigir justicia, caiga quien caiga. Para ser un poco menos miserables, para que Cristina pueda dormir de noche, y Facundo Astudillo pueda descansar en paz.

Que no vuele bajo el reclamo. Que tengamos fuerzas para gritar. 

(*)Desgrabaciones, entrevistas de la BBC. Foto: La Garganta Poderosa