23:16 h. Lunes, 14 de octubre de 2019

Mujer sin ropa: Eva y Adán

VIEJOS PARADIGMAS  (*) Por Mariana Olivetto  |  18 de septiembre de 2019 (13:48 h.)
Más acciones:

“…llamó Jehová Dios al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y le dijo: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Génesis 3: 9-12.

Cuenta el versículo de la biblia que Eva y Adán no descubrieron que estaban desnudxs hasta el momento en que cometieron el primer pecado mortal. En los comienzos de los tiempos la desnudez, la construcción del cuerpo despojado de ropa se asociaba al pecado, a la lujuria, a la impureza ¿cubrirlo evitaba el conocimiento de la vulnerabilidad humana, de la finitud de la existencia?

Mas tarde, el Hedonismo engaña con su concepto de búsqueda universal del placer reduciendo el fin último al falocéntrismo. El cuerpo de la mujer es objetivado, se la muestra casi desnuda cuidando la erotización masculina, colocándole curiosamente un objeto en sustituto ¿del órgano masculino? ¿Por ello?, resulta casi imposible ver en alguna foto una bella dama totalmente desarropada; se encuentra acompañada de algún objeto que “no evidencie su supuesta falta”.

¿Entonces? La acción de exponer un pecho en público al amantar a un(x) hijx o mostrar “las tetas” en una manifestación femeninita se torna un acto amenazador por no traspasar los límites del sostén para convertirse en un objeto parcial de deseo del hombre. Cuando un pezón se erotiza públicamente e insinúa asomarse para disparar las más variadas fantasías sexuales eróticas masculinas se disimula la exhibición y se cohíbe el escándalo por ser reducido a un instrumento al servicio del deleite sexual patriarcal.

Pero transgrediendo las épocas y paradigmas vigentes, en el ámbito privado, durante el encuentro sexual se atraviesa el terror de la desnudez, lxs amantes se quitan la ropa y se olvidan del despojo de los trapos que lxs cubren, se entregan al placer dejando de lado, momentáneamente, su inminente desnudez. Rápidamente cuando la realidad vuelve a tocar la conciencia aparece la imagen real del propio cuerpo y el ajeno, por un instante glorificado y elevado, cayéndose el velo se recurre al taparrabo. 

Si la conciencia de desnudez es sinónimo de construcción de civilización y cultura; hasta el perverso muestra sus genitales con la plena certeza de la falta que conlleva su conducta inmoral. ¿Por qué no cuestionar la anulación de la subjetividad femenina cuando se cosifica su cuerpo respondiendo al goce cultural? ¿Estará la gloria de la libertad en el PECADO de la mujer que DECIDE mostrarse desnuda y más pecaminosa aquella que sin responder a los “estereotipos de belleza” despliega irónicamente su desnudez sin vergüenza?

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Agradezco la idea central del texto a las charlas acompañadas de mates con un compañero.

(*) Licenciada en Psicopedagogía. Profesora de psicología. Orientadora Educacional DGCyE. Feminista y docente Nacional y Popular. Mamá de Feli y Ale.