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  • miércoles, 27 de mayo de 2020

Una muerte anunciada a gritos

Una muerte anunciada a gritos

La Ruta Provincial 30, tiene aspecto rural, poco tráfico y ausencia de líneas blancas y amarillas que indiquen la demarcación de cada carril. Chivilcoy, igual que Chacabuco, tiene tres accesos al centro de la ciudad, su identidad la marcan las grandes cosechadoras al costado del ingreso, las más de cuatro rotondas, los árboles alineados y el césped bien verde al ras. 

Visito por primera vez el Consultorio Amigable de Chivilcoy en octubre 2017. En la periferia de una ciudad agrícola funciona uno de los pocos consultorio de Diversidad del país después de sancionada la ley de Identidad de Género. El Centro integrador Comunitario está abierto todo el día en una esquina del barrio Sur. Es una construcción de no más de diez años con un gran cartel celeste y blanco de Desarrollo Social, vestigio del último gobierno peronista. 

Adentro se respira un aire de colegio después de hora, tiene techos bajos y pasillos largos que llevan a las distintas salas donde Victoria Ocampo recibe las visitas y coordina los talleres.

“El tema de las compañeras es muy difícil, hay que ir a buscarlas. Hay que ir una vez y mil, si queremos trabajar en diversidad y equidad. No es luchar por una misma y conseguir lo que una quiere y listo, se terminó. Si queremos trabajar en diversidad hay que ir una, dos, tres veces, ir casa por casa, charlar, tomar mate, llevar información, hasta que logres que se interesen en algo”, dice Victoria. Hay una unidad en pensamiento y acción. Victoria hace lo que dice. Va una y mil veces. Pilar es una de las compañeras a las que convenció. 

En Chivilcoy hay más de 30 mujeres trans, la mayoría visita el consultorio pero concurre en días distintos. 

En enero, después de seis años de arduo trabajo, asistieron al consultorio y faltaban las fotos y afiches que habían colgado en el espacio y en orden cronológico. 

Victoria pudo saber que lo que quería el gobierno local era trasladarlas al 2º nivel de atención, o sea, al hospital, “lo que atenta con la estrategia y la forma en la que venimos trabajando. Tenemos muchas compañeras que necesitan trabajo, tienen necesidades básicas insatisfechas y es ahí donde la Secretaría de Diversidad debe trabajar”, decía Victoria a un medio local. Denunciaba una situación que en poco tiempo sería determinante para una comunidad que no accede al trabajo registrado, que tiene una expectativa de vida que apenas supera los 35 años. 

-No importa si somos amigas o no, somos compañeras de lucha, nos tenemos que unir por lo que necesitamos, por nuestros derechos. Tenemos la misma problemática, nos estamos muriendo con 35, 40 años, todas, la mayoría. Quienes superamos esa edad somos sobrevivientes de un sistema que nos expulsó toda la vida. No tenemos acceso a la salud, porque nos discriminan- dice Victoria. 

Pilar llega tarde a la reunión que se hace todos los miércoles. Tiene puesto un equipo deportivo, con un top y mariposas tatuadas en los brazos. Es alta, altísima. Su presencia es imponente. Se sienta, e intenta seguir la conversación. Habla, interrumpe, no espera su turno. Quiere que la escuchen. Tiene algo que decir. Es avasallante. 

“Nos cansamos de gritar que esto iba a pasar”

Le escribo a Victoria. Tiene la mente cansada. Necesita silencio. Hace pocos minuto publicó un comunicado en las redes sociales, donde denuncia que la muerte de Pilar “no era inesperada”.  

Nadie estaba preparado para enfrentar una Pandemia. Pero las mujeres trans en estado de prostitución, y sin poder ir a trabajar, no tienen para comer. Si siempre fueron excluidas y estigmatizadas, en contexto de aislamiento su situación toca fondo. 

Victoria dice “nuestra organización se cansó de gritar que esto iba a pasar en las benditas reuniones de consejo asesor para la implementación del cupo laboral para personas trans, nunca pudimos llegar a nada. Por Pilar pedimos una y mil veces, viendo cómo mataban a compañeras de otras provincias, Pilar no se mató, a Pilar la mataron todos y quienes tenían el poder de decisión. Agritos pedía trabajo registrado, nunca se lo dieron, a gritos pedía una oportunidad”.

Como ocurre con tantas compañeras, la muerte de Pilar Albarracín fue narrada en un policial. Un cuerpo sin vida. Un llamado al 911.

Con Pilar, son 29 mujeres Trans Travesti Transgénero fallecidas en este año en Argentina.

Los números que no figuran en un ningún contador del Estado. 

Vidas que abren camino en soledad. Vidas en peligro por ausencia del Estado y por resistencia de una sociedad conservadora y machista. 

Vidas que importan.