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  • jueves, 24 de septiembre de 2020

¿Mucho sexo en cuarentena?

ilustración:/www.larioja.com
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¿Mucho sexo en cuarentena?

La declaración de la pandemia a nivel internacional ha generado un aumento exponencial de las consultas psicológicas. Entre los motivos por los que la gente consulta, se encuentran los problemas de ansiedad, depresión, dificultades para dormir, consumo de alcohol, problemas familiares, de pareja y pérdida del deseo sexual. Hoy nos referiremos a este último punto con el objetivo de aclarar algunas cuestiones relevantes.

Lo primero que se debe afirmar cuando se habla del sexo, es que se trata de una función evolutiva indispensable en la evolución de la especie. Llegamos donde llegamos y somos los que somos, gracias al éxito que ha tenido en la especie humana (y animal) el método de reproducción. Y en este punto, el objetivo fue cumplido: la humanidad está destinada a continuar creciendo, reduciendo las chances de extinguirse. 

El placer asociado al sexo es algo secundario, algo que se agrega al objetivo antes descripto de esta conducta. Experimentamos placer cuando tenemos relaciones sexuales y esto aumenta la chance de que volvamos a repetir la conducta de tener sexo. Algo similar ocurre con una infinidad de conductas que repetimos en búsqueda de placer o bienestar.

Hay una idea que se tiene, a partir de la cual se cree que las personas “tienen que” encajar sexualmente con su pareja, obteniendo el máximo placer posible. Esta idea también contempla el supuesto que en el acto sexual todo tiene que ser gratificante. Lo cierto es que el ser humano no fue “creado” para experimentar placer, sino para procrear y preservar la especie. Tal como se comentó anteriormente, el placer es algo secundario. Esta mención viene a cuento de la idea pretenciosa que se tiene sobre la afinidad que uno debe conseguir con su partner, en el acto sexual.

En muchas especies de animales, la diversidad de “parejas sexuales” procura aumentar la posibilidad de descendencia. Por esto mismo muchos mamíferos no tienen una pareja de manera exclusiva (monógama), sino que buscan procrear con varias a lo largo de la vida. En los seres humanos ocurre un correlato similar. A medida que transcurre el tiempo en una pareja (monógama, de a dos), se suele experimentar la disminución del deseo sexual y, al contrario, frente a un encuentro “novedoso” se suele experimentar un aumento de la libido sexual. Esto se explica, en parte, por los mecanismos internos que se activan en búsqueda de cumplir el objetivo de la especie: conservarla, aumentando la descendencia.

Por otro lado, es bueno recordar que los seres humanos somos “animalitos con el cerebro mas desarrollado”, con lo cual nos defendemos de la misma manera que se defienden la mayoría de los animales. Históricamente los depredadores han atacado a los hombres más primitivos (y a los animales también) cuando estos comían, dormían o tenían relaciones. Por eso, frente a la percepción de peligro, estas tres funciones (descansar, alimentarse y procrear) se encuentran inhibidas. Este es un mecanismo involuntario que se activa siempre que nuestro cerebro interpreta que estamos en peligro. 

La cuarentena es una situación interpretada como peligrosa, por eso nuestro cerebro se enciende con el fin de buscar protección. El aumento del estrés y del malestar en general, así como la disminución de las actividades que nos generaban placer, conllevan a que funciones biológicas básicas se encuentren relegadas. 

Varias recomendaciones para aumentar el deseo sexual: la primera es reducir, en la medida de lo posible, el estrés. Nadie puede excitarse (en términos sexuales) si se siente amenazado. 

La segunda recomendación es “hacerse tiempo” para tener encuentros íntimos con la pareja. Tener un espacio físico, en un momento de calma es indispensable para conseguir la relajación que se necesita y propiciar el encuentro. De la misma manera que le destinamos algunas horas a la semana para trabajar los músculos del cuerpo en el gimnasio, debemos destinar tiempo a nuestra vida sexual.

Por último (y tal vez lo más importante) debatir sobre la idea que se tiene de la sexualidad. Muchas personas tienen conceptos que se alejan de lo “real”. Se suele tener una idea completamente perfeccionista sobre cómo tiene que ser nuestra práctica sexual. Muchas veces esta idea es construida a partir de lo que se genera en los medios de comunicación, de concepciones culturales o de la pornografía que se consume. Las personas pueden creer que “el acto sexual” con la pareja, tiene que ser una escena hollywoodense. Esto no se corresponde con la sexualidad de la inmensa mayoría de las personas. 

Muchos pacientes llegan a consulta sintiéndose frustrados o angustiados, percibiendo que su vida sexual es anormal. Se cree que la sexualidad se reduce de manera exclusiva a la penetración, cuando esto no es necesariamente cierto. La sexualidad humana es mucho mas amplia, compleja e involucra matices tan diversos como la misma humanidad. 

 

 

(*) Psicólogo. Especialista en terapia cognitiva. (UBA)

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