• 04:17
  • lunes, 18 de enero de 2021

Hay motivos para el brindis

Las palabras claves de este año que expira son coronavirus, peste, Covid-19, pandemia. Un mal que nos afectó a todos por igual y que ha tenido graves consecuencias sanitarias y económicas. Delante de nosotros se plantan retos históricos como pobreza extrema, desigualdad, masas de migrantes deabulando por el planeta, lucha contra el terrorismo y mucho más. 2021 llegará con una agenda muy cargada, será una año con enormes desafíos para los gobernantes, pero también para los pueblos.

Hay motivos para el brindis

Este año, marcado por el desastre sanitario del nuevo virus, también ha dejado en evidencia que la batalla cultural está más viva que nunca. El tema se ve muy claro en la cuestión del desarrollo y producción de las vacunas, la única arma capaz de liberarnos de esta tragedia.  

Desde la Segunda Guerra Mundial que el mundo no tenía por delante un enemigo de tanta jerarquía. En aquella oportunidad, el Ejército Rojo libró las batallas cruciales que llevaron a la caída de la Alemania Nazi. Hoy, setenta y cinco años después, el Estado Ruso es uno de los pilares en la lucha contra la pandemia. ¿Casualidad? No parece. Sin embargo, hay una fuerte resistencia en aceptar estos hechos como son. Y, tal cual se planteó desde la industria del entretenimiento, con películas y series memorables, intentando establecer la idea de que fueron los Estados Unidos los que ganaron la Gran Guerra y derrotaron a Hitler, ahora la maquinaria de propaganda anti rusa no deja de bombardear con conceptos de rechazo a la Sputnik V. 

Pero además, el asunto ha desnudado otra situación: la falta de solidaridad internacional. La Organización Mundial para la Salud ha alertado sobre la imposibilidad de que unos sesenta países pobres puedan acceder a alguna de las varias vacunas que se disputan el liderazgo. El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que existe un riesgo real de que los pobres y vulnerables sean "pisoteados en la estampida por las vacunas" contra el covid-19.

Según People’s Vaccine Alliance, una coalición que incluye ONGs como Oxfam, Amnistía Internacional y Global Justice Now, los países ricos, que albergan el 14 % de la población global, han comprado el 53 % del total de dosis de las vacunas más prometedoras. Casi todas las dosis disponibles del medicamento de Moderna y de Pfizer con BioNTech han sido adquiridas por países ricos, destacan desde People’s Vaccine Alliance.

Oxfam, una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, afirma que la UE, EE.UU., Canadá, Reino Unido, Japón, Suiza, Australia, Hong Kong, Macao, Nueva Zelanda, Israel y Kuwait han adquirido el 53 % de estas dosis potenciales. En el caso de Canadá, las autoridades habrían comprando suficientes dosis como para vacunar a su población cinco veces.

Es decir, ante un mal que afecta a la humanidad entera, en vez de aflorar una acción global de solidaridad para con aquellos pueblos más frágiles, se impone, una vez, más la lógica occidental capitalista del amarrocamiento mezquino entre los que pueden hacerse de los fármacos y, al resto, que los ayude Dios.

Encima, se nos viene China

También 2020 nos deja otras lecciones: resulta que la -supuesta- mayor potencia global no ha podido celebrar unas elecciones confiables para darse un presidente y dejó al descubierto el estado de putrefacción del sistema político estadounidense. Ese imperio que se considera el gendarme del mundo, el proveedor de la democracia y la libertad allí donde haga falta, no puede decretar que tal o cual candidato ha ganado limpiamente la contienda por la Casa Blanca porque ni ellos se lo creen. Eso sí: seguramente que de todos los males que evidencia la política norteamericana hay un único responsable: Rusia, que con sus espías y hackers ha logrado torcer el rumbo de los comicios cuando ganó Trump, y ahora que perdió, también.

Pero los rusos no son el único peligro para la humanidad. Resulta que un informe publicado recientemente por el Centro de Investigación Económica y Empresarial (CEBR, por sus siglas en inglés) China desbancará a EE.UU. como primera potencia económica del mundo en 2028, cinco años antes de lo previsto. 

"Durante algún tiempo, un tema dominante de la economía global ha sido la lucha económica entre Estados Unidos y China", recuerda el CEBR, que constata cómo "la pandemia del covid-19 y las consecuencias económicas correspondientes ciertamente han inclinado esta rivalidad a favor de China". 

En este sentido, el CEBR recalca que "la hábil gestión de la pandemia" por parte de Pekín, gracias a sus rápidas medidas de estricto confinamiento, y al impacto de la crisis sanitaria en el crecimiento a largo plazo en Occidente, se han traducido en una mejora del desempeño económico del país asiático.

El sol después de la tormenta

En este contexto lo que tenemos es un mundo cada vez más más multipolar, donde hay unas potencias que avanzan a gran ritmo, como el eje chino-ruso y con la cooperación de otras naciones asiáticas que están creando su propio espacio soberano.

Esto pone en jaque las estrategias vetustas de los imperios occidentales, pues los grandes enemigos, como Irán, Cuba o Venezuela, tienen ahora un refugio seguro en el bloque naciente en el oriente del mundo. 

En fin, que 2021 será un gran año, pleno de esperanzas por la puerta que nos está abriendo la ciencia médica para dejar atrás la pandemia, pero también porque ante la estrepitosa decadencia de los imperios surgidos después de 1945, en el horizonte se aprecian los destellos de una amanecer muy prometedor, un mundo liderado por la cooperación y la integración y no por el sometimiento y la mezquindad. Brindemos por ello. ¡Salúd!