• 05:03
  • jueves, 24 de septiembre de 2020

“Hay que mostrar la crueldad, para generar conciencia”

"Se me murió" le dijo una médica a otra colega. Carlos Brigo lo escuchó desde un rincón mientras fotografiaba la escena. En la imagen, la mujer se agarra la cara con su mano y llora. Segundos después, sus compañeros la contienen. Carlos Brigo, tiene 62 años, y trabaja como fotoperiodista desde 1982. Es editor de fotografía de la Agencia Nacional de Noticias (Télam). Luego de una gestión de un mes y medio para que le permitieran ingresar a distintas salas de cuidados intensivos de Hospitales del AMBA, fotografió una serie de situaciones del día a día del personal de Salud que circulan en cientos de perfiles. Es mayor y es paciente de riesgo, pero cree que es una obligación moral “mostrar la crueldad de esta enfermedad para que la gente tome conciencia”. Sus fotos tienen el poder de hablar por sí solas, y en esta entrevista narra el detrás de escena. 

“Hay que mostrar la crueldad, para generar conciencia”

Por Martina Dentella 

Comenzó en 1982 como fotógrafo de la editorial Atlántida, luego trabajó dieciocho años en Crónica, un año en el diario Perfil, y de ahí saltó al Diario Popular donde permaneció una década. En la Agencia Nacional Télam trabaja desde 2010 como editor de fotografía. Fue despedido durante la gestión de Lombardi y reincorporado por la Justicia.  

La semana pasada, por una iniciativa y gestión propia, el Ministerio de Salud del gobierno de la provincia le permitió ingresar al Hospital Modular del AMBA. Ahí se dedicó a retratar escenas muy crudas, pacientes intubados, (con la cara tapada). Las publicó en Télam. Cuenta que le bajaron 5 o 6 fotos y publicaron las más suaves. Ayer trabajó en una unidad de cuidados intermedios en Quilmes, y esa serie no quisieron publicarla. “Esta vez me dediqué al laburo de trabajadores de la salud, cómo se visten, cómo se cuidan, cómo van de acá para allá. Están angustiados… traté de mostrar lo que sucede, en base a la carta que publicó la Asociación Argentina de Terapistas Argentinos que dice básicamente “estamos perdiendo la batalla, por favor ayuden”, cuenta. 

 

-Tus fotos generan un contrapeso muy fuerte en relación a cómo ha sido retratada la pandemia hasta este momento, ¿cómo viviste estos días de recorrida por distintos Hospitales?

-En principio con mucho miedo, porque soy mayor, tengo 62 años, tengo epoc, si me agarro el virus no tengo chances de sobrevivir. Además, tengo tres hijos. No quisiera morirme. Me estoy metiendo donde hay virus por todos lados, pero bioprotegido, con esos trajes de astronauta que dificultan mucho hacer fotos. Trabajo casi a ciegas. Como comunicador tengo una obligación moral, con la gente. Además, como trabajador del Estado, siento más obligación porque el sueldo lo pagamos todos. Yo no puedo quedarme en mi casa sin hacer nada, tengo que salir a mostrar lo que está pasando y lo que quiero denunciar. Lo que recibimos en el área de fotografía en general son pavadas, abrieron las peluquerías, y llegan las fotos de peluquerías, habilitaron el running, y llegan fotos de gente de los runners, lo digo a propósito así, porque en los cables lo escriben en inglés. Yo veo la página de fotos de Télam con estupideces que no le importan a nadie. Por eso pensé que había cosas que mostrar, urgente. No se puede mostrar alegremente todos los días a la gente caminando por la calle, las vidrieras, los fines de semana a la gente en las plazas como si estuviera todo bien. No está todo bien. Está todo cada vez peor. De alguna manera, quiero aportar un granito de arena, y si a alguien le falta un poco de conciencia, capaz que la toma. Creo que a está altura del partido a todos nos pican las balas cerca, muy cerca. De hecho hoy salí de la unidad de Terapia Intensiva y estaba conmovido, ver a médicos y enfermeros llorando es muy conmocionante. Cuando salgo miro el teléfono, y mi mujer me dice que su abuela dio positivo. A mí se me murió un amigo hace 15 días atrás. ¿Cómo vas a priorizar “la libertad” de tomarte una cervecita con papas cheddar en una vereda?. 

 

-Más allá de cómo hablan las imágenes, ¿qué te pudo transmitir el personal de salud?

-Si bien yo también estoy trabajando, lo mío no se compara con el trabajo que vienen haciendo ellos, entonces intenté no molestar. Estar en un rinconcito pasando desapercibido y tratando de fotografiar lo que a mí me parece que hay que fotografiar. Hablamos poco, ellos me fueron guiando en cómo cuidarme y me contuvieron. Lo que percibí es que son muy amorosos con los pacientes, y se angustian mucho cuando los van a ver, les tiran la mejor onda y optimismo, pero están muy cansados, y cuando salen de ahí, agotados, se cambian y se sacan las veinte cosas que tienen encima, les duele la cara, las orejas, tienen dos barbijos, y eso te hace doler, se los pegan con cinta para que no haya ni la más mínima filtración. Entonces tienen la cara roja, los ojos ardidos, es tremendo. Realmente es tremendo. Y la demanda es terrible, trabajan trece horas en máxima tensión. 

 

-Siempre hubo fotoperiodistas de guerra, ¿por qué creés que llevó tanto tiempo entender que estábamos transitando un momento casi bélico y narrarlo en imágenes?

-Estuve tres meses fuera del país, porque había viajado en febrero a ver a mi hijo, recién pude volver a principios de mayo en un vuelo de repatriación. No viví el comienzo, pero cuando llegué acá, después de los quince días de cuarentena, no era tan dramática la situación. Fui a un barrio popular, cubrí algunos focos que pudieron ser sofocados a tiempo. Los números eran bajos. Hace un mes más o menos que la cosa empezó a ponerse pesada y sí me pareció que era el momento de cubrir una Terapia. Fue una gestión que me llevó un mes y medio hasta que logré que me autoricen. Desconfían, por supuesto. Mi intención no era pegarle al sistema de salud, sino todo lo contrario, quiero mostrar la crueldad de está enfermedad para que la gente tome conciencia. Yo no puedo creer que haya tanta gente en la calle pelotudeando. Confiaron en mí y me permitieron los accesos. 

 

-Ya empezó el momento más difícil, ¿cuál creés que debe ser el rol de los trabajadores de prensa en este momento?

-El mismo de siempre, hacer un recorte de la realidad subjetiva. Habló por mí. Yo soy subjetivo. Cada sujeto tiene su propia mirada. Los fotoperiodistas tenemos la responsabilidad de hacer fotos que puedan mostrar con honestidad intelectual la historia.