14:41 h. Domingo, 26 de enero de 2020

Miseria de la política

OPINIÓN

Por Alejo Dentella

Lo que le faltó al discurso de Alberto Fernández. Lo mismo va para Axel Kicillof y Víctor Aiola. La dirigencia política debe hacer expreso renunciamiento a sus privilegios mientras en la Argentina hablemos de hambre y desocupación. La mejor forma de enfrentar a la oligarquía criolla que amenaza con volver a cortar las rutas es anunciar la austeridad en el manejo de los fondos públicos. Hoy no hay nada más progresista que sincerar el debate de la obscenidad en la disponibilidad de sueldos y conchabos del estado. P/D. La pauta publicitaria local también deberá ser parte de un seria discusión sobre el manejo de los dos mil cuatrocientos millones del presupuesto municipal.

cuatropalabras.com.ar  |  16 de diciembre de 2019 (09:46 h.)
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Si algo le faltó al discurso de Alberto Fernández en su asunción presidencial, fue sumar un gesto a los tantos que coronaron esa histórica jornada. Era necesario una expresa referencia a la necesidad de empezar esta nueva etapa con el anuncio de un sacrificio de parte de toda la dirigencia política en la Argentina del hambre y del 40 por ciento de pobres. Lo mismo va para Axel Kicillof y también para Víctor Aiola.

Hay una tradición discursiva que viene de larga data y con la cual desde estas páginas vamos a estar siempre de acuerdo. Disponer recursos del Estado para que quienes cumplen funciones de gobierno puedan vivir de esa remuneración, garantiza la igualdad de oportunidades para los cargos públicos y además debería funcionar como un límite a la tentación del uso discrecional de la caja pública. Está claro que sin salarios para los cargos electivos, la intermediación entre la sociedad y el Estado quedaría solo reservada para las clases dominantes. Eso es una discusión saldada pero que vuelve a cobrar vigencia en un contexto de máxima precariedad económica. Hoy es necesario dar el debate sobre la racionalidad de la contraprestación por el ejercicio de una función pública según las particularidades de cada caso y además poner en valor la forma republicana de gobierno que obliga a transparentar el acceso a la información de los actos del Estado. Entre ellos conocer las remuneraciones de los servidores de la sociedad. Ese debería ser el punto de partida para sostener los discursos de nuestros dirigentes que se horrorizan por la indigencia y la pobreza de su pueblo. De lo contrario, seguiremos por la senda de la miseria de la política o la política miserable.

Los privilegios en números

Asumir el riesgo de estimular un debate que exponga a todxs en el inicio de un gobierno con el que uno alienta esperanzas, es un deber y una obligación. No se puede seguir hablando de emergencia, hambre, pobres y desocupación desde los privilegios del poder. No en tanto quienes ocupan transitoriamente esos cargos no encuentren las recetas que permitan terminar con los padecimientos de millones. Si ese día llega, también vendrán las palabras de aliento para que se premie a quienes lo hayan logrado. Treinta y seis años ininterrumpidos de democracia y ningún Pepe Mujica criollo del que podamos enorgullecernos. Quien más quien menos, en su paso por el poder se aseguró sus propios beneficios, la tranquilidad de quienes lo rodean y algo para los nietos. Un legislador de la provincia de Buenos Aires nos cuesta 65 millones de pesos al año. Un concejal sin carga horaria cobra tres veces y medio el sueldo de un empleado del escalafón inicial. Para ponerlo en números, un representante del HCD costara cerca de cien mil pesos mensuales apenas se acuerde la próxima paritaria, más los años de antigüedad que pudiera tener en la administración pública.

Debate progresista

Aiola habla de emergencia económica y ocupa medio Teatro Italiano con funcionarios en otro capítulo de “la comedia macrilandia de gabinete ampliado”. Pero las calles son una polvareda porque no hay gasoil, ni proveedores que se lo fien. En paralelo, los legisladores provinciales hacen entrega de subsidios como si fueran las damas de beneficencia a las que rechazaba Evita con toda razón. Por eso, lejos de un ataque a la política, esta columna apenas pretende ser un disparador de una discusión imprescindible en este nuevo despertar de la Argentina. Frente a la reedición de las amenazas de la oligarquía chacarera que se dice “afectada” por la modificación de las escalas de retenciones, no hay nada más progresista que enfrentarlos con la firme decisión de renunciamientos personales.

Se asusta del degollado

El PJ de Chacabuco le reclama austeridad al actual Intendente. El peronismo de Chacabuco gobernó 20 de los 36 años de esta nueva democracia. El Estado elefantiásico de la administración pública local tiene firma y sello peronista. La actual administración reelecta no deja hasta ahora ninguna señal de haber intentado otro camino. Lejos de eso, se profundizaron problemas estructurales y nada muestra que seriamente intenten otro recorrido. No solo se gasta mucho, lo peor es que se gasta y mal.

La teoría del porcentaje

La clase política siempre enfrentó el debate de su propio ajuste, apelando a la teoría del relativismo porcentual. Es cierto que en los diferentes estadíos de la administración pública, cuando se pone la lupa en el gasto político, los porcentajes sobre el presupuesto total pierden trascendencia. Pero cuando los porcentajes se convierten en números y cuando el resultado de esos números multiplicados lo dividimos por un plato de comida nutriente, la ecuación final puede significar millones de pibes mejor alimentados. De nuevo, la legislatura de la provincia de Buenos Aires cuesta nueve mil millones de pesos por año. Si los legisladores proponen una reducción del 50 por ciento, ¿estará en jaque la democracia?, ¿algún senador o diputado corre riesgo de caer en la línea de la pobreza?

Por izquierda

Justamente en momentos de construir una verdadera esperanza para todxs, los gestos valen más que mil frases. Está claro que la pobreza y el hambre son la consecuencia de las desigualdades y para eso es necesario que aporten los que se llevan la mayor parte de la distribución de la riqueza. En esa dirección acompañaremos con firmeza el rumbo que empezó a marcar el actual gobierno, pero seguiremos insistiendo que es necesario enfrentar estos duros tiempos, con definiciones ejemplificadoras. Mientras hablemos de pobreza y de hambre no puede haber privilegios en la política. De las convicciones para enfrentar este debate dependen las consecuencias de la Argentina que viene. De lo contrario, la derecha nos correrá por izquierda.

P/D. El Diario Cuatro Palabras recibe del Estado municipal el pago de los avisos publicitarios que se distribuyen en sus distintas páginas de lunes a viernes. Como parte de los ajustes que el Municipio debe hacer, tal vez sea necesario considerar el gasto en publicidad oficial. La utilización racional y equitativa de esos fondos también debe ocupar un renglón en la discusión sobre el manejo de los dos mil cuatrocientos millones del presupuesto municipal 2020.