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  • martes, 25 de enero de 2022

Un militar a la derecha

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Un militar a la derecha

Un militar para poner mano dura, dos funcionarios que debieron irse y vuelven por la de cobre, un ex aliado que dijo no y salió a cuestionar duramente el engendro legislativo que habilita las reelecciones. Algunas de estas cosas son parte de la noticia que tanto se demora bajo el título de “Nuevo Gabinete” y que no se termina de anunciar porque todo se ata con alambres. Víctor Aiola desconoce los principios filosóficos de la Ley de Defensa Nacional del gobierno de Raúl Alfonsín. Los militares en cuestiones de Seguridad doméstica es la versión PRO/Macrista de Cambiemos. La relación con los empleados municipales como botón de muestra. Una mirada sobre el comité Alem que no fue y las decisiones políticas que no pasan por la mesa roja.

   

Las últimas elecciones legislativas en Chacabuco dejaron como resultado un fuerte llamado de atención al gobierno municipal. Los números pusieron en evidencia que un sector del electorado duro que acompañó a Victor Aiola en el 2015 y 2019, dijo basta. Lo insinuaron en las PASO y lo confirmaron en la General. El oficialismo quedó herido en su orgullo. En los análisis de mesa chica saben que el derrotero es la consecuencia de sus propias debilidades. Después del papelón legislativo que lo habilitó, cualquier posibilidad de pensar en un tercer tiempo lo remite a la recuperación de esos votos que se fueron sin ganas de volver. El intendente es un tipo laburador y pragmático que en sus épocas de esplendor solía meter algunos plenos. La pandemia lo aisló, lo alejó de la calle y de la gente. Perdió el termómetro para medir la temperatura de sus electores. Desde ese lugar pone cara de furia y vuelve al rodeo. Será difícil que logre lo que quiere, mucho menos lo que debe.

 

La evidencia del fracaso

Un militar para poner mano dura no solo evidencia el fracaso de las mil veces anunciadas políticas preventivas, de educación y concientización, de Tránsito y Seguridad, sino que ataca los principios filosóficos elementales de la Ley de Defensa Nacional (23554) votada durante el gobierno de Raúl Alfonsín y reglamentada en el año 2006 por el presidente Néstor Kirchner. Después del “Nunca Más”, que sentó a los asesinos y torturadores en el banquillo de los acusados, el gobierno radical de aquel tiempo decidió aplastar la Doctrina de la Seguridad Nacional. Los militares, aún en tiempos democráticos, se forman para la batalla, para el uso de armas, para el enfrentamiento con enemigos. De ahí la decisión política de que lo hagan frontera afuera y bajo las decisiones de la autoridad constitucional. Los problemas domésticos de la inseguridad y del tránsito tienen raíces económicas y sociales profundas que deben ser atacadas de otro modo. Sin perder de vista la obligación del Estado de cuidar al conjunto de la población. Pero no es pintándose la cara.

 

Es la política, carajo

 

El pecado original de Víctor Aiola es la promesa incumplida de un nuevo modo de hacer política. Allá por el año 2015 renegaba de los “vagos que habían usado al partido para privilegiar sus negocios y sus intereses personales”. Hay citas textuales y audios que confirman estos dichos. A poco de andar, casi todos fueron sus aliados, hijos o entenados.  La vieja casa de Moreno 81 se volvió a llenar de telas de araña. La última elección interna de la UCR desnudó las carencias, y a pesar de la concentración de poder que representa la Sociedad Anónima fundada junto al Senador Agustín Máspoli, estuvieron lejos de sumar mil voluntades en marzo del 2021. 

Esa deficiencias estructurales son las mismas que le pasan las facturas a la hora de armar o rearmar un equipo de gobierno. Hay recelos, promesas incumplidas, cuentas pendientes y mucho enojo. La mayoría habla de estas cosas en los pasillos o atrás de las puertas. No está fácil conseguir un laburo y el conchabo obliga a guardar silencio. El esquema de poder no funciona porque nunca termina de articularse y todos se desconfían. Por eso se demora tanto el armado del “nuevo gabinete”. Vuelven caras que se debieron ir para ventilar. Nadie entiende el regreso del Dr. Darío Ciminelli, y mucho menos la redefinición del Organigrama a su cargo. El retorno de Celina Felice es una táctica en retirada de algunes radicales que no quieren resignarse. Al boleo, el peronista Gustavo Ventimiglia, agarra lo que viene y se apoltrona en la Secretaría de Relaciones Institucionales. Solo perlitas de colores, nada para entusiasmarse.

Va a traer cola

La inminente confirmación de que un militar retirado y foráneo se hará cargo de los problemas callejeros de nuestra ciudad, no es una cuestión menor. Es un mensaje político que asocia al Jefe Comunal con el ala más dura del PRO. Un cabo que hay que atar a la política de mal trato que reciben los empleados públicos.  

La aparición en escena de un hombre del Ejército será motivo de un coloquial debate que primero darán los parroquianos del café, luego los vecinos de a pie y más temprano que tarde explotará en el recinto del Honorable Concejo Deliberante. De uno y otro lado hay gente comprometida con los principios fundacionales de la nueva democracia argentina. Tal vez llegó el momento de que se emita una respuesta institucional que sobrevuele las mezquindades y especulaciones. También es tiempo de interpelar a nuestros representantes para que de manera conjunta y como política de Estado se acuerde la puesta en marcha del Foro de Seguridad Municipal. Una herramienta participativa y comunitaria que deberá ser utilizada como usina de ideas y proyectos que permitan dar soluciones concretas al flagelo de la inseguridad.

 

No gatillar

Víctor Aiola empieza un nuevo año, el ante último de su segundo mandato. Seguramente no es sencilla la tarea de gobernar los reclamos de mas de 50 mil ciudadanos. Tampoco los vecinos piden por una “ciudad modelo” y saben hasta donde llegan las manos de quien alquila en Reconquista 26. La cuestión es no hacerla más difícil, no incrementar la conflictividad, no comprarse problemas nuevos. Insistimos una vez más, con que la incorporación de un militar retirado en su gabinete, será otro retroceso. Reavivará heridas que sangran y no resolverá la ecuación electoral que tanto preocupa al Intendente. Lejos de eso, la decisión tomada, puede ser un arma apuntada al revés. Está a tiempo de no gatillar. Buen año para todos y todas.