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  • sábado, 19 de septiembre de 2020

Más de lo mismo

La interna del radicalismo provincial en medio de una catástrofe sanitaria. El reclamo por lo imprudente del momento y la definición de “oligarquía política”. El acuerdo para el armado de una comisión amateur. Un “tiempista” que ya negocia la continuidad de los privilegios. Víctor Aiola en medio de una tormentosa gestión y con aislamiento obligatorio. El jefe comunal perdió la posibilidad de ampliar su base y dejar hacer catarsis. Las promesas del año 2015 fueron solo eso. La candidatura al comité nacional y su relación con las legislativas nacionales del año 2021. ¿Sorpresa para todes?

Por Alejo Dentella

Más de lo mismo

En medio de una de las semanas más complejas de este difícil 2020, los radicales se dedicaron a lo que más les gusta y que incluso en algún tiempo supieron hacer bastante bien. Tan ocupados estaban que ni siquiera llegaron a escribir dos líneas respecto a la forma antidemocrática y cuasi mafiosa con que la policía manifestó sus reclamos. La definición de la interna de la UCR de la provincia de Buenos Aires, le importa solo a un puñado de dirigentes. De hecho, su magnitud cuantitativa, cuando se abran las urnas, darán cuenta de las pocas voluntades que son capaces de convocar. De cualquier modo pinta un horizonte esperanzador,  donde el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, con el acompañamiento de Martín Losteau, buscan controlar el principal distrito del país para posicionar al radicalismo de cara a las elecciones del año 2021.

El día martes de la semana pasada, en una publicación realizada a través de distintos medios, dirigida “A la conducción de la UCR”, el exconcejal Jorge Pérez, decía que “En este contexto considero inadmisible la decisión del Comité Provincial de nuestro Partido de fijar como fecha de elecciones internas el próximo 11 de octubre.Dicha decisión, nos expone al desprestigio social por desconexión con la realidad. Desnuda además, la mezquindad de su conducción, que pretende lograr la continuidad en sus cargos aprovechando la extrema limitación de los afiliados para su participación en la elección”. A las pocas horas, en una generosa entrevista que me concedió el histórico dirigente radical Juan Manuel Casella, en la misma línea argumental sostenía que “Los partidos políticos no hemos hecho lo suficiente para resolver los problemas de la gente, por eso muchos piensan que los políticos se dedican a esa actividad para vivir mejor de lo que vivirían si tuvieran que trabajar como un vecino común” y agrego “en los últimos veinte años la dirigencia política se convirtió en un sector que piensa en sí mismo en primer lugar, eso es la oligarquización de la política”. Para abundar, y buscando en otra lata, ayer el dirigente PRO Emilio Monzó, dijo en Página 12, respecto a la alianza Juntos por el Cambio, que “Hay que destruir lo construido que está parido con la génesis equivocada y parir algo nuevo con una conducción distinta”. Acá mismo podríamos cerrar esta columna. A buen entendedor, las palabras sobran. La magnitud de los acontecimientos que se suscitan en el mientras tanto, obligan a poner algunas líneas más que abonen en el contexto.

 

Cuestión de archivo

 

Uno de los tantos cánticos que se entonaban en los multitudinarios mitines de los ‘80, cuando había que desafiar a los sectores mas conservadores de la UCR, decía sobre el final “no son el cambio, no son la renovación”. Cada vez que un político o aficionado comienza a delinear su estrategia de poder, echa mano al recurso de la “renovación”. Con el paso del tiempo se verifica que, salvo honrosas excepciones, esas apelaciones  refieren al viejo dicho cambiar todo para que no cambie nada. Así llegó el pediatra Víctor Aiola a la política. Con la promesa de “sacar las telarañas del comité Alem, de transformarlo en un espacio dinámico de participación ciudadana y devolverle las mejores tradiciones heredadas de los grandes hombres de ese centenario partido”. A cinco años de aquellos enunciados preelectorales, y en ejercicio de su legítimo segundo mandato, se pusieron en remate los cargos para conformar la nueva conducción del radicalismo local.  

 

Hecho a medida

 

Aiola le encargó al senador Agustín Máspoli el armado de la lista de candidatos para renovar las autoridades partidarias locales. Máspoli llegó a la política sin militancia y meteóricamente se convirtió en el hombre de Aiola en La Plata. Allí construyó una estrecha relación con el entonces vicegobernador Daniel Salvador. Su perfil es de CEO, de superestructura, sin activismo callejero pero buen adiestramiento para la rosca. Desde ahí se parió la actual postulación de su jefe al Comité Nacional. Esto justamente lo emparenta con la definición “oligárquica” de la política a la que se refirió Juan Manuel Casella. El senador tiene la virtud de ser, según sus propias palabras, “un tiempista”. Algo así como un tipo que va viendo un poco más lejos y definiendo estrategias en ese camino. Por eso las negociaciones con el sector interno del director del Bapro, Diego Rodrigo. Armar una lista amateur “de unidad”, conformar los requisitos formales de una “comisión directiva” y consolidar una convivencia que garantice a ambos la posibilidad de reelegirse sus privilegios. Todo lo demás, es problema de Aiola.

 

Oportunidad perdida

 

Aiola transita uno de los peores momentos de su carrera política y de su gestión. Su aislamiento obligatorio lo pone en el lugar mas incómodo. Condiciona su capacidad de gestión porque no es hombre de delegar. En medio de una crisis sanitaria sin precedentes, fue cabalgando. Con aciertos y errores. Al inicio de la pandemia se lo devoró el actor. Se endureció porque garpaba. Sus saberes profesionales no le alcanzaron para cuantificar los desgastes del paso del tiempo. Hoy está en piloto automático. Cercado por los contagios, agobiado como cualquier hijo de vecino, presionado por infinitos y legítimos reclamos. En medio de una lista interminable de problemas estructurales del estado municipal, que su gestión profundizó, el médico político, necesita una salida elegante.  La interna del radicalismo de la provincia de Buenos Aires, era una buena oportunidad para reconciliarse con muchos correligionarios. Para ampliar la base de sustentación. Tuvo la posibilidad de meter un pleno por partida doble. Con el zoom tan entrenado, pudo realizar una convocatoria sin fronteras que sirviese como catarsis. Que retomara la idea fundacional del comité que prometió en el año 2015. En paralelo, podía pararse frente a los burócratas boinas blancas que no entienden de razones. Mandar una señal para trascender de verdad a ligas mayores.

 

Liga nacional

 

Lo aclaramos al principio, pero vale insistir. Con lo dicho por Pérez y Casella, era más que suficiente. Lo cerró Monzó, que no es santo de mi devoción. Estas líneas solo ponen un poco de color al relato y puntualizan sobre la nueva vieja política. Como siempre, con nombres y apellidos. De nuevo, Aiola pudo elegir entre comenzar a diseñar un buen legado de su paso por el poder o privilegiar su destino personal e ingresar a la “oligarquía”. El resultado del trabajo encargado a su senador confirma de qué lado se acuesta el Jefe Comunal. Su condición de candidato a delegado del Comité Nacional de la UCR, es un dato curioso a tener en cuenta. También el año que viene se definen las listas de diputados nacionales. No sea cosa que sorprenda a todes. Propios y ajenos.