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  • sábado, 05 de diciembre de 2020

No más que cambios de estilo

Hace una semana que cerraron los comicios en Estados Unidos. Joe Biden se perfila como el nuevo habitante de la Casa Blanca, sin embargo, aún no hay precisiones sobre el resultado. El fiscal general ha autorizado a los fiscales federales a investigar "denuncias sustanciales" de fraude electoral. Así funciona lo que muchos presentan como “la mejor democracia del mundo”. En tanto, ¿Qué significará para América Latina un gobierno demócrata?

No más que cambios de estilo

En 1823 gobernaba en los Estados Unidos James Monroe, a quien se le  atribuye la doctrina que se sintetiza en la frase “América para los americanos”. La historia dice que la autoría de ese paradigma geopolítico corresponde a John Quincy Adams. Como sea, la “Doctrina Monroe” es una especie de manual de estilo que rige las relaciones de aquel país imperialista con las naciones ubicadas en su “patio trasero”.

Es decir, que más allá de quién sea el primer mandatario, lo único que se puede esperar es alguna variante en el estilo. La relación con la potencia norteña depende más de cómo se planten las repúblicas latinoamericanas que de alguna modificación importante de rumbo de parte del Gran Hermano.

"Ni Trump ni Biden cambiarán la visión que su país tiene con respecto a nuestra región. Y es en ese marco en el que cabe comprender que la victoria de uno o de otro candidato tiene mayores o menores ventajas políticas", apunta el historiador y analista político Juan Paz y Miño. Desde esa perspectiva, revisemos tres aspectos centrales de la agenda regional:

Tras los muros

Una de las cuestiones más complejas en la relación de EE.UU. con América Latina y el Caribe es el permanente flujo de migrantes que tratan de llegar -como fuera- hasta la meca continental. En los últimos tiempos, miles de hondureños, salvadoreños y guatemaltecos realizaron varias caravanas con el objetivo de llegar a territorio estadounidense, tras atravesar México.

En cierto modo, la Administración de Donald Trump ha logrado imponer un mayor control de sus fronteras para limitar la llegada de centroamericanos a los EE.UU. En este sentido, el presidente supuestamente derrotado hizo bastante barullo con la construcción del muro fronterizo con México, que ya había comenzado con los anteriores gobiernos de George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush. Trump se adjudica la construcción de 480 kilómetros de esa valla, que ya contaba con una extensión de 1.050 kilómetros, de los 3.142 que tiene la frontera.

En este punto tan sensible, es de esperar que Joe Biden implemente un estilo un poco más “diplomático” con el gobierno mexicano para evitar roces demasiados ruidosos o desgastantes. Pero claro, el demócrata no abrirá las fronteras ni derribará la muralla para acoger a todos los desesperados que tienen como única salvación posible la llegada al territorio norteamericano.

Venezuela

Uno de los objetivos que Donald Trump no pudo concretar durante su mandato fue el derrocamiento de Nicolás Maduro. Lo intentó por varios medios, incluso con la desopilante variante de fogonear a un presidente “autoproclamado”, el mamarracho de Juan Guaidó. Y ganas no le faltaron de arremeter a puro bombardeo contra la República de Bolívar. 

Durante el gobierno de Trump Venezuela se vio afectada por duras sanciones. Una de ellas aplicada en agosto de 2017, cuando prohibieron las negociaciones sobre nuevas emisiones de deuda y de bonos por parte del Gobierno y de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), así como los de la deuda pública externa. Esto ató de pies y manos la economía de la nación caribeña.

Otra vez: Biden no seguirá respaldando la “salida Guaidó” del gobierno chavista, pero eso es porque el personaje en cuestión representa un fracaso rotundo de Trump y se ha convertido en una piedra imposible de cargar en la mochila. Sin embargo, es de esperar que la nueva administración siga presionando al gobierno venezolano, pues su categorización de “dictadura” no cambiará.

Por su parte, Nicolás Maduro declaró este domingo que Donald Trump "dejó un campo minado" entre Washington y Caracas, y aseguró que está dispuesto a retomar "canales de diálogo" con Joe Biden.

Cuba

Con Barack Obama en la Casa Blanca, las relaciones entre la mayor de las Antillas y Washington habían logrado un avance sorprendente, algo único en la historia desde 1959 hasta entonces. Desde la victoria de la Revolución en la isla, la única política desde EE.UU.

había sido la del hostigamiento permanente a través del bloqueo comercial y del aparato de propaganda.

Pero, con la llegada de Trump esos avances extraordinarios se fueron al tacho y nuevamente el maltrato de parte de la potencia norteña hacia Cuba se hizo presente en el día por día. El bloqueo se endureció y las sanciones aumentaron, sobretodo durante los últimos dos años. Ejemplo claro de esto es la restricción a los propios norteamericanos de viajar a Cuba, la imposición de nuevas multas contra entidades financieras que operen con La Habana o la imposibilidad de remitir divisas hacia la nación caribeña.

Volvamos a esta idea: Con Biden, algunas flexibilizaciones podrían llegar, aunque no soñemos con volver al estado de situación alcanzado en la época de Obama.

Para el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, “el pueblo de EE.UU. ha optado por un nuevo rumbo. Creemos en la posibilidad de una relación bilateral constructiva y respetuosa de las diferencias”.

En fin, habrá que ponerle “onda”, optimismo y mucha “mano izquierda”. Biden está obligado a diferenciarse de su antecesor y eso se podría traducir en algunos cambios de estilo, pero la relación entre EE.UU. y esta parte del planeta está marcada por las ideas citadas en las primeras líneas de este texto.