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  • viernes, 07 de agosto de 2020

“Martín Lousteau representa un pensamiento socialdemócrata moderno”

Freddy Storani se refiere a la necesidad de que la política, “tenga grandeza para construir y no mezquindad para profundizar las diferencias”. Además, asegura estar dispuesto a hacer un nuevo aporte para servir como garante del radicalismo histórico en una propuesta de renovación partidaria provincial que encabeza el Intendente Gustavo Posse. “Hace falta que recuperemos la memoria, la identidad, tenemos que ser capaces de hacer un último esfuerzo”, dice, mientras se entusiasma con que “Martín Lousteau puede ser el el referente nacional de una oferta socialdemócrata para la argentina que viene”.

 

 Por Alejo Dentella

“Martín Lousteau representa un pensamiento socialdemócrata moderno”

El diez de diciembre el presidente anunció, en su discurso de asunción, la necesidad de la creación de un Consejo Económico y Social, que quedó en stand by. Varias veces te has referido a este tema. Además de la voluntad expresa del gobierno, ¿cuál debería ser la actitud de los otros actores y quiénes deberían ser?

Hace varios años que algunos de nosotros venimos planteando que hay que crear mecanismos, ámbitos, donde puedan debatirse las políticas públicas esenciales, y que además, esos ámbitos tengan la suficiente fuerza institucional y legitimidad, para que lo que allí se resuelva pueda ser aplicado en el conjunto de la sociedad y el país. Por eso es que nosotros en su momento lo dijimos públicamente, vimos como auspicioso que el presidente de la Nación, ante la asamblea legislativa, anunciara que por ley se iba a constituir un Consejo Económico y Social. 

En principio debe estar constituido por los sectores de la producción, del trabajo, integrantes de las universidades nacionales, por los diferentes credos religiosos y por otros actores sociales. Esto permitiría ir encontrando denominadores comunes que hacen falta en este momento de crisis tan profunda, para que se conviertan en políticas de estado. Yo creo que es el momento de tener grandeza para construir y no tener la mezquindad para profundizar la diferencia, porque la diferencia nos lleva a un mayor atraso, a una mayor situación de vulnerabilidad sobre lo que ya se está padeciendo. 

 

 

Además de la disposición que debe tener el gobierno, ¿creés que la actual composición del arco opositor garantiza poder avanzar en esa dirección y construir un conjunto mínimo de consensos?

Das en el clavo. Tiene que haber una actitud muy decidida del gobierno de salir de la simple enunciación y tomar la iniciativa, porque es a quien le corresponde. O en el caso de impulsar la ley que se enunció oportunamente en el Congreso, es el oficialismo. 

Una buena discusión sería la composición de un Consejo Económico Social o al menos un comité de crisis interdisciplinario, que incluya sociólogos, economistas, que den una visión de cómo va a ser está situación con la cual vamos a tener que vivir y convivir mucho tiempo. Sabemos que hay brotes y rebrotes, y que esta situación de entrar y salir va a requerir una muñeca muy precisa con cierto consenso. 

Del otro lado tiene que haber una predisposición para que cuando se haga esta convocatoria, se concurra con su identidad, con las ideas y propuestas. No actitudes mezquinas ni producir gestos altisonantes que profundicen la mal llamada grieta, que es esta división absurda que impide que Argentina pueda encontrar políticas de Estado a largo plazo. 

 

Sos parte de una generación dorada de la UCR, que tuvo sus años de protagonismo en el gobierno de Raúl Alfonsín, ¿qué pasó?

Yo creo que al gobierno de Alfonsín cuando se lo mira desde una perspectiva histórica tiene un lugar grande. Hoy es el gran estadista que se recuerda. Pensar que pudo resolver el juzgamiento de la Junta Militar por terrorismo de Estado, el hecho de haber puesto los cimientos del Mercosur, el Tratado de Paz y Amistad con Chile. Y algunas cuestiones civiles como la patria potestad compartida o el divorcio vincular, lo ubica en la dimensión de un estadista. Pero luego no hubo continuidad de esas políticas. Lamentablemente el radicalismo cayó en concepciones mucho más conservadoras, mas cerradas. Y en el último tiempo, algunos lo toman simplemente como una forma de conseguir algún cargo, y no de profundizar las grandes políticas estructurales que inspiraron al radicalismo de toda la vida. 

 

Parte de no haber podido consolidar la propuesta de una socialdemocracia a la europea, de otra forma de concebir al Estado, que fue una frustración de la UCR, ¿significó un desbalance de la democracia Argentina?

Sin duda que sí. Yo creo que hay que reconstruir el sistema del partido, no denostarlo. Creo que puede haber un pensamiento social cristiano que va a tener como columna vertebral al peronismo, y un pensamiento socialdemócrata moderno que tiene que tener como columna vertebral al radicalismo. Que puedan equilibrarse y alternarse en el ejercicio del poder, conforme la ciudadanía lo decida, pero que puedan preservar políticas de Estado, sobre todo con crisis tan profundas, que se prolongan en el tiempo. Para eso hay que tener una predisposición política, y no convertirse en el furgón de cola de un proyecto meramente conservador. 

 

¿Es posible que el radicalismo se ponga de pie y sea la cabeza de un frente electoral capaz de insistir con una Argentina que incluya a los sectores más postergados?

Estoy convencido de que sí. Y tal vez para muchos que estamos pensando en una tarea de tipo docente, hemos vuelto a la militancia activa, a los efectos de tratar de hacer un esfuerzo grande que implique reverdecer estas ideas, que son las ideas de tener un país con cierto grado de autonomía, con una región integrada, con cooperación que apunte a una economía circular. Que tenga manejos más amigables con el medio ambiente y abandone las ideas neoliberales que han sido extractivistas, fuertemente agresivas con el medio ambiente, que producen tantos males, entre otros, como las frecuentes epidemias. La igualdad de oportunidades debe ser el norte de nuestro accionar. No es algo tan diferente de lo que en su momento soñábamos. 

 

El actual presidente del Comité Provincia y exvicegobernador, Daniel Salvador, tuvo un papel lamentable durante la gestión de Vidal. ¿Gustavo Posse puede tener la ascendencia que el radicalismo de la provincia necesita para volver a ponerse de pie?

Comparto el juicio de valor. Nosotros queríamos garantizar equilibrio en la democracia Argentina porque estaba desbalanceado y la posibilidad de alternancia. Ambas cosas se consiguieron, pero el objetivo era constituir una coalición que permitiera avanzar para cristalizar esta cuestión de fondo, de propuestas políticas que identificaron al partido. 

Algunos solamente lo vieron como una oportunidad de satisfacer intereses personales, y hasta cayeron en algunas prácticas como el nepotismo, y señalar a dedo, suprimir la democracia interna. El radicalismo siempre fue sinónimo de democracia interna, y ni siquiera respetaron las primarias abiertas. 

Así es como hemos hecho una propuesta que significa una síntesis. Posse, por de pronto, ha logrado en San Isidro tener una gestión por varios períodos y puede exhibir un equilibrio entre la economía y la preservación de la salud. Yo puedo tener algunas diferencias políticas con él, pero no hay ningún tipo de duda que desde el punto de vista de la gestión sería cien veces más efectivo y más eficiente de lo que ha sido esta política de sometimiento total al PRO. Casella y lo que humildemente yo creo que puedo aportar, es dar garantía de un radicalismo histórico y por otro lado está la figura de Martín Lousteau, que expresa un pensamiento socialdemócrata moderno, con mucha llegada a los jóvenes, esta es la identidad política que nosotros queremos dar. Hace falta que recuperemos la memoria, la identidad, tenemos que ser capaces de hacer un último esfuerzo

 

 

¿Se pueden frenar esos síntomas de odio que nos persiguen como fantasmas?

Hay que intentarlo. Por supuesto que es más fácil buscar la polarización, que es pan para hoy y hambre para mañana. Porque permite coyunturalmente ganar una elección, pero la pregunta que hay que hacerse es si eso no es lo que quieren los sectores concentrados en satisfacer los intereses y nada más, es decir, usarnos. Lo que tenemos que tratar de hacer es preservar nuestras ideas para seguir adelante, no dejarse usar y profundizar los odios. Podemos convivir en un sistema democrático.