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  • viernes, 07 de agosto de 2020

Madera plástica, una alternativa sustentable 

Tres trabajadores mendocinos procesan alrededor de 150 mil kilos mensuales de plástico y lo transforman en postes de madera para viñedos. Además hacen tablas, postes, tirantes, entre otras cosas. Cada poste reciclado recupera más de 10 kilos de residuo plástico y, por hectárea, evitan la tala de 300 árboles. Los Municipios son una pieza clave en el entramado de negocios que contribuyen a frenar el impacto ambiental. Por otra parte, se ocupan de la recuperación de los envases de agroquímicos, un problema del que nadie se hace cargo. 

Por Martina Dentella 

Madera plástica, una alternativa sustentable 

Carlos Arce, de 46 años, Pío De Amoriza, de 38, y Leonardo Cano, de 43, son los dueños "Madera Plástica Mendoza". Los tres trabajaban en una empresa relacionadas a las telecomunicaciones, se conocieron hace más de veinte años. 

Mendoza se rige, entre otras cosas, por el sector vitivinícola. Preocupados por la problemática ambiental, se les ocurrió la idea de armar una estructura firme, sólida con plástico que los viñedos necesitan para sostener las vides.  

La mayoría de los recicladores no recuperan el plástico de un solo uso, porque es difícil conseguir un volumen que les permita una rentabilidad. Así termina en la basura. Se trata de bolsas de supermercado, botellas, paquetes de mayonesa, sachet de leche, la bolsa del paquete de los fideos, entre otros.  

 

Cómo lo hicieron

Vieron videos, charlaron con especialistas que les contaban poco y nada, “todos tienen sus secretos”. No tenían máquinas ni podían comprarlas, entonces empezaron prendieron fuego algunas cosas para conocer el potencial del plástico, y a estudiar cómo reaccionanaban los distintos plásticos al derretirlos. Una vez que lo hackearon, empezaron a buscar alguna máquina usada. En una chacarita, encontraron tirada -en el medio de los yuyos- una máquina extrusora pequeña, que antiguamente se usaba para cubrir de plástico los cables de cobre. La compraron peleando el precio. La desarmaron, y empezaron a pensar cómo volverla a la vida. Compraron un motor usado. Como en un cuento, a los seis meses, en un galpón prestado, la pusieron en funcionamiento. Derritieron plástico por primera vez, y el resultado final se parecía a lo que habían planeado.

El incentivo de los Municipios es clave 

El segundo problema era conseguir plástico de un solo uso, de rechazo, que normalmente va a la basura. Se presentaron al fondo de financiamiento del gobierno de Mendoza, financiación para poder comprar la primera máquina. Consiguieron un crédito de 250 mil pesos para comprar un molino pequeño para moler el plástico propio, porque la industria plástica utiliza muchísimos recursos -principalmente agua- para poder procesarlo. 

Con el financiamiento del estado pudieron comprar el molino y una extrusora más grande, que les permitió empezar a trabajar con los recuperadores urbanos, que ahora sí tenían quienes les comprara. 

La estructura final

Un obrero de una finca mendocina fue quien los guió en el producto final. Hubo postes muy finos, o muy cuadrados, o muy gruesos. Hasta que finalmente consiguieron uno que se enterraba bien, y se podía clavar, agujerear, pasarle el alambre, y era cómodo para el trabajador, “éste es el producto que tienen que hacer”, les dijo. Ahí empezaron a trabajar con más caudales de plástico, y a tocar puertas en los distintos Municipios de la provincia para que les acerquen el plástico de descarte. 

La primera vez, vendieron ciento cincuenta postes a una finca. Hoy, es un cliente referencial, que compra postes para regalar a otras bodegas, para que se sumen al concepto de sustentabilidad. 

Todos ganan

El proyecto avanzaba, pero la capacidad de producción en relación a la demanda que empezaron a ejercer los viñedos de la zona, hizo que necesitaran crecer. Vendieron motos, pidieron préstamos, ayuda a los amigos, a la familia, y salieron a comprar nueva maquinaria que establecieron en el predio cedido por la Municipalidad. Procesan alrededor de 150 mil kilos mensuales de plástico. Además lograron saldar otra de las problemáticas ambientales, al hacerse cargo de los envases de agroquímicos que no tenían ningún destino. El área de ambiente los habilitó como operadores, pero esos lotes puntualmente se identifican para saber que su destino no sea envases, tuppers o cucharas, sino postes. 

No llegan a cubrir la demanda

Es paradójico, las ciudades están llenas de plástico, pero con lo que juntan los recuperadores urbanos no es suficiente. El plástico está en todas partes, pero la logística necesaria para recolectarlo es muy costosa. Tienen la maquinaria, pero el cuello de botella se forma con la falta de materia prima. 

-¿Cómo es el vínculo con los Municipios?

-Principalmente trabajamos con el Municipio de Junín, nos dan una ayuda tremenda, porque trabajan en un programa -“Municipio limpio”- que es básicamente una planta de reciclado. Hace diez años hacen ladrillos ecológicos para construir viviendas sociales. Nos invitaron como privado, hicimos un acuerdo de colaboración, y nosotros les procesamos el plástico que llega. El resto de los municipios, como Las Heras o Guaymallén, nos envían el plástico y evitan continuar enterrando en basurales. 

¿Qué respuesta hay de la sociedad?

En Mendoza habían puesto canastos en lugares estratégicos para que la gente tuviera los puntos verdes y pudiera desechar el plástico. La gente está colaborando mucho con la separación en origen, cuesta, pero hay muchos avances. Principalmente porque ven que el trabajo que hace en su casa no se lo lleva el camión que va al basural, sino que se hace una recolección diferenciada y ven que un mes de recuperación de plástico, se transforma en una parada de colectivo sustentable. Están comprometidos y cada vez más involucrados en el concepto de qué hacemos con el plástico.