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  • jueves, 24 de septiembre de 2020

La lucha tiene rostros

Los trabajadores de la salud llevan más de seis meses en estado de alerta. Detrás de las autoridades, hay cientos de laburantes que se exponen todos los días frente a esta pandemia y, en algunos casos, sufren discriminación. Qué sienten cuando no se respetan las medidas sanitarias. Cómo viven el cansancio, la responsabilidad de cuidar al otro y en el medio reclamar una mejora salarial. Algunos deben hacer horas extras para llegar a fin de mes. Ponen el cuerpo para cuidarnos a todos, y sus historias deben ser contadas. 

La lucha tiene rostros

Por Martina Dentella 

El enfermero Fredy Veleche, la psicóloga Silvina D’Alfonso, la médica generalista Virginia Pardo, y la técnica en laboratorio Rosana Senatore le pusieron cara y voz al sistema de salud que lleva seis meses al frente de la pandemia por coronavirus. De sus testimonios se desprende el cansancio, la tristeza y el enojo por quienes no respetan las medidas de prevención y ponen en peligro a toda la comunidad. Cuentan cómo es su día a día, cómo se protegen, qué sienten, qué extrañan; y cómo siguen adelante mientras esperan, desde hace un año, un aumento salarial. 

 

Protegerse, una odisea

En las fotografías que relatan o ilustran la pandemia se registra al personal de salud con equipos de protección casi espaciales. Los pocos relatos de los trabajadores que se filtran por los medios de comunicación dan cuenta del dolor físico y las incomodidades que reviste el uso de las máscaras, y los elementos de bioseguridad. 

Fredy Veleche es enfermero. Ingresa al Hospital todos los días con ropa informal, y se cambia en el lugar. Cuando se va, se retira el ambo, lo mete en una bolsa y lo lleva separado para lavarlo y no contagiar otra ropa. Lo mismo hace con el calzado.

Trabaja en la guardia de adultos protegido con barbijo, guantes y antiparras. A excepción de los momentos en los que debe salir con la ambulancia, y -según el triage hecho por el operador del SAME- se viste o con un camisolín hidrorepelente, cofia y cubre calzado o incluye botas, dependiendo del llamado recibido.

Al igual que sus compañeros explica que durante la pandemia se han ido corrigiendo los protocolos con mucha frecuencia y asegura que “se siente protegido, entre comillas, hoy te protegés con un par de guante mañana con dos, un día N95 si, otro día N95 no, primero camisolin común, después hidrorepelente, todo se resuelve según el cuadro y el momento”. 

Virginia Pardo es médica generalista. En su caso se pone el ambo apenas ingresa en el Hospital y dependiendo del Ala en la que es requerida, debe vestirse de una u otra forma. Cuando sale en ambulancia lo hace con un camisolín, antiparras, una cofia, el barbijo y la máscara, pero cuando salen a hisopar pacientes debe ir con barbijo N95, máscaras, camisolín hidrorepelente y botas, para evitar el contagio. 

Virginia tiene dos hijos chiquitos, por eso se baña antes de salir del Hospital, sobre todo cuando va al Ala Tres, para llegar a su casa limpia. “Me siento protegida porque gracias a Dios en el Hospital tenemos todo para cuidarnos, no nos faltan elementos de protección, sabemos que en otros Hospitales no hay”, asegura.

Rosana Senatore es Técnica en Laboratorio. En su área se reciben todos los hisopados y se preparan las muestras para ser derivadas. Además continúan trabajando con el consultorio externo, el área de internación y los estudios de sangre diarios para los pacientes con covid internados en el Ala Tres. Cuando ingresa al laboratorio lleva puesto el ambo y se cambia el barbijo que usa en la calle, por uno distinto. También se coloca guantes.  

Cuando le toca ir al Ala Tres a sacar sangre, debe activar distinto protocolo, “es todo un tema, porque tenés que descontaminar todo el equipo parte por parte, y recién podés desvestirte, sin tocarte nunca porque corrés riesgo de contaminarte”, cuenta. 

Al finalizar la jornada se rocían con alcohol todo el equipo, tiran los guantes, barbijos, y todo lo que usaron. “Creo que aprendimos todo sobre la marcha. Esto fue algo nuevo, nadie sabía cómo nos teníamos que manejar, los protocolos fueron cambiando día a día, y aprendimos a trabajar con ese equipo, que hoy es parte de lo diario”, dice. 

La psicóloga Silvina D’Alfonso forma parte del equipo de salud mental del Hospital, y es coordinadora de Admisiones del consultorio externo de Psicología. Cuenta que desde marzo se preparan para poder trabajar coordinadamente con el área de salud, “y nos formamos según los protocolos y medidas de prevención. Nos preparamos para el momento de brotes o contagios”, dice. En su área, el protocolo indica que se mantenga la distancia a la hora de atención, que las ventanas estén abiertas, que exista una mampara entre el paciente y los profesionales. 

 

Seis meses en estado de alerta 

La mayoría de los entrevistados hace meses vienen sintiendo el cansancio. Trabajan más horas por la demanda y porque muchos de los trabajadores de la salud son personas de riesgo y deben quedarse en sus casas. 

Fredy Veleche cuenta que “El trabajo en esta época del año siempre se agudiza por temas respiratorios. Se intensificó más en el Ala Tres por la pandemia, en los demás servicios se sigue trabajando como siempre, y el Hospital es lo único que hay”. Asegura que “en muchos casos vivimos más en el Hospital que nuestras casas y el cansancio apremia, muchos compañeros a la llegada de la pandemia no alcanzaron a tomarse vacaciones y mucho no nos tomamos ni los días francos, para cubrir los servicios”.  

Veleche asegura que en su profesión es normal convertirse en trabajólicos (workaholics), y que el cansancio pase a ser parte de uno, tal vez sin darse cuenta, “salvo cuando te quedas dormido sentado o te miras al espejo”. 

En su caso, fue hisopado y estuvo en cuarentena por haber estado en contacto con el primer caso de covid positivo de la ciudad. “La seguridad de haber hecho las cosas bien, te da tranquilidad. Nuestros familiares obviamente están preocupados porque temen que nos contagiemos y nosotros tratamos por todos los medios de cuidarnos y cuidarlos”. Asegura que no tiene miedo pero sí respeto. “Miedo le tengo a los pelotudos, en todos los aspectos de la vida”. 

Virginia Pardo también se siente cansada. Hace meses que siente que ella y sus compañeros están en estado de alerta, “llegás a la guardia y no sabés con qué te vas a encontrar. Si vas al Ala Tres, no sabés cuántos pacientes con covid-19 hay, hasta que no estás ahí. También llega mucha gente a hisoparse, y hay que saber distinguir los síntomas, en ese sentido es bastante más estresante estar en el Ala Tres, pero no por falta de protección. Siempre tuvimos todo para trabajar.”, cuenta. En su caso, en momentos de tensión se apoya en el equipo, “Tenemos compañeros muy buenos, desde enfermeros, mucamas, camilleros u otros médicos con los que nos damos aliento y estamos siempre juntos. Esto nunca lo pasamos, y es complicado no saber qué va a pasar o si podés contagiarte”.  Al principio de la pandemia tuvo muchísima angustia, “he tenido momentos de llanto, mi hijo más grande me preguntaba qué me pasaba, hasta que decidí comenzar terapia porque no podía estar angustiada o tener miedo, y la verdad que me ayudó un montón. Mi hijo más grande hablaba todo el tiempo del covid, claramente absorbía mi preocupación”, dice.  

Recuerda el día en que se enteraron del primer positivo. Estaba de guardia, y el comentario les llegó por las redes, “la gente empezó a llamar desesperada al Hospital y se acercaron muchos vecinos con crisis de angustia. Nosotros que estábamos en la Guardia General teníamos que poner cara de póker, y no decir nada aunque nosotros también estábamos angustiados, y con incertidumbre”. 

Lo que más le duele es no poder ver a mi familia, “nosotros somos muy familieros y nos juntábamos todos los fines de semana a comer con mis hermanos, mis cuñados, mis sobrinos, mi mamá, y ahora eso no lo hacemos. Eso es lo que me genera más angustia. Me da miedo que yo los pueda contagiar por estar trabajando siempre en la primera línea”. 

Desde hace dos meses Rosana Senatore siente que el cansancio le gana. “Yo amo lo que hago, pero el cansancio está. Algunos hace más de siete meses que estamos sin ningún descanso. Hoy por hoy tenemos más trabajo con menos personal. En el laboratorio hay cinco personas menos. Pero nos complementamos unos con otros. Cuando vemos que un compañero viene muy mal o está por caer le decimos que se cuide, que descanse y nos vamos rotando”, cuenta. 

Su único miedo fue estar frente a una situación desconocida y poder contagiar a sus hijos. “El virus está y te lo podés agarrar, en cualquier momento y en cualquier lugar, nadie busca contagiarse, pero en cualquier descuido te podés contagiar”, dice. Su marido también trabaja en el laboratorio, y después de algunos meses se adaptaron a la nueva normalidad. “Mis hijos se acostumbraron, me esperan, me dan aliento, me escriben cuando trabajo muchas horas, y tomaron mucha conciencia de esto. A veces, en las charlas que tenemos, nos dicen “yo los veo irse, y tantas horas y tanto riesgo, que sería una inconsciencia de mi parte no respetar las medidas cuando ustedes están arriesgando todo”, y a mí me enorgullece, me llena el alma”, relata. 

La psicóloga Silvina D’Alfonso, en la misma línea, coincide en que se está trabajando arduamente y aclara que en ningún momento dejaron de atender de forma presencial. “Siempre estuvimos poniendo el cuerpo en el Hospital o donde nos han requerido, y como se ha acrecentado las consultas y los casos son más complejos - como intentos de suicidio, casos de homicidio, suicidios consumados, crisis de ansiedad y angustia- y todo es atendido por salud mental”, explica. 

Cree que el cansancio por la pandemia es generalizado, “Toda la población está cansada, llevamos muchos meses de incertidumbre y aislamiento, la situación de no saber cuándo va a terminar y no poder las actividades que antes hacíamos genera ansiedad y angustia, y de acuerdo a la estructura de cada uno, algunos lo soportan mejor que otros. A nosotros nos toca ver mucha ansiedad, falta de tolerancia, y mucha violencia. Y nos preocupan los intentos se suicidio y los que se han consumado”. 

 

El vínculo con el afuera y el enojo por los incumplimientos

En la mayoría de los casos no se sienten reconocidos por la sociedad por estar en primera línea de batalla. Advierten sobre la fragilidad del sistema sanitario y están enojados con quienes incumplen las medidas de prevención, que ponen en peligro a toda la comunidad. ¿Cómo viven poner el cuerpo a una pandemia en medio de un reclamo salarial?. 

 

“A veces te sentís reconocida, pero a veces te sentís mal porque la sociedad no reconoce nuestro trabajo. Yo hago seguimiento de hisopados, y más de una vez te comés una puteada. Y eso no está bien, porque uno corre riesgo de infectarse y deja de lado muchas cosas por el resto”, cuenta Virginia Pardo y recuerda que los primeros días las personas aplaudían a los trabajadores de salud y cómo eso fue cayendo en el olvido. “Al principio yo sentía que éramos como los soldados de Malvinas, que nos habían mandado al frente de batalla con una gomera, habló del gobierno nacional. Cuando me entero de reuniones sociales o que la gente no respeta las medidas, y que después de ahí salen los contagios me molesta mucho, no están valorando el esfuerzo que hace uno todos los días, de exponerse, exponer a su familia, los riesgos”. 

Virginia ha sufrido discriminación en carne propia en el edificio donde vive con su familia,  algunos vecinos no se han querido subir al mismo ascensor que ella. 

Fredy Veleche dice que no necesita ser reconocido por lo que le gusta hacer, porque “eso es mucho”, aunque “a veces cuando aparece un agradecimiento, es una caricia al alma y eso te indica que estás haciendo las cosas bien”. También se enoja cuando se hacen públicas las reuniones sociales o cuando no se respetan las medidas de prevención. “Nadie está libre del covid-19 y a veces se torna en más trabajo para nosotros. Creo sinceramente que se están tomando esta enfermedad muy a la ligera”. 

Silvina D’Alfonso tampoco se siente reconocida, pero cree que es a nivel general, “no creo que reconozcan a los médicos, enfermeros, mucamas. Y a los trabajadores de la salud mental, trabajamos un montón en la prevención de suicidios, nos formamos un montón para enfrentar esta pandemia, también atendemos de forma telefónica a personas con covid y sus familiares, y no es del todo reconocido”. También insiste con la necesidad de que la gente cumpla con lo que se está pidiendo que es no hacer reuniones sociales masivas. “Creemos que hay que convivir con el virus, es la nueva normalidad, pero con las medidas de prevención. Uno entiende que la gente esté cansada, pero me gustaría remarcar la solidaridad y la responsabilidad social, las medidas de prevención son lo único que puede evitar que nos contagiemos”. 

Par Rosana Senatora “Una familia es una familia y a veces hay necesidades de verse con hijo, un nieto, un hermano, para mí es fundamental y es entendible, cuando se ven con cuidados yo no lo juzgo para nada, pero cuando escucho que la gente desobedece la cuarentena, y hacen reuniones grandes me da mucha bronca, porque si son 20 personas son 20 familias que pueden contagiar a un montón de gente, no respetan a nadie, a la gente que hoy está sin trabajo, que tuvo que cerrar su negocio por está pandemia, a la gente que hace meses y meses que está encerrada y no ve a sus hijos, o no ve a sus padres. Esas cosas se pueden evitar”, dice. 

Es la única que asegura sentirse reconocida y muy agradecida, sobre todo con “la gente que respeta las medidas, que se cuida y cuida al resto”. “Me siento reconocida cuando a algún paciente le saco una sonrisa, ese es el mejor reconocimiento. Agradezco cuando las autoridades nos reconocen el trabajo, pero la mayor recompensa es la sonrisa de un paciente o un familiar”. 

 

 

Poner el cuerpo a una pandemia en medio de un reclamo salarial 

 

Está claro que una pandemia afecta a escala global. Lo cierto es que los trabajadores de la salud, en muchos casos, hace más de un año que no perciben un aumento salarial, y deben poner el cuerpo y cada vez más horas de trabajo para enfrentar al nuevo virus, mientras el cansancio empieza a ganar, y los ingresos no alcanzan para vivir. 

“Lo único que pediría es que dejen de usar esta pandemia políticamente y que dejen trabajar al personal de salud sin política de por medio, por ahora lo mejor que podemos hacer es quedarnos en casa, o salir con todas las medidas de seguridad, no queda otra hasta que esté la vacuna”, dice Fredy. Este jueves y viernes adhiere al paro, por la recomposición salarial, y espera el apoyo de toda la ciudadanía. Insiste en que muchos deben hacer horas extras “para llegar a fin de mes, no tenemos sueldo básico digno, hoy por hoy, ganamos la mitad de lo que vale la canasta básica y hace más de un año que no hay paritarias, esto cansa aún más”. 

En esa misma línea, la médica generalista, Virginia Pardo asegura “Tenemos salarios bajos, no sé cuál es la manera de pedir correcta. Los médicos hicimos la marcha de reclamo de médicos por mejoras salariales, y nos criticaron bastante. Yo trabajo cinco días a la semana, dejo a mis hijos todo el tiempo, y eso sí no se valora”. Cree que hace falta un cambio radical en la conciencia social sobre lo que está sucediendo “deberían reconocer el trabajo de todos los que estamos en el frente de batalla, policías, médicos, el chofer de la ambulancia, el personal de ambición, a la mucama, a todos los que estamos en el frente de batalla, y en todos los niveles no solo municipal sino nacional”. 

Rosana integra la comisión de ATE, desde hace más de dieciocho años. Sabe que el Hospital no puede parar para reclamar. “Somos conscientes y lo planteamos cada vez que planificamos un paro, el Hospital para, la protesta está, el reclamo está, pero nosotros siempre, en cualquier momento y en cualquier situación garantizamos las guardias y seguimos trabajando de la misma manera, con guardias adentro y haciendo todos los controles, los hisopados tampoco se suspenden, salen igual todos los días, también las muestras de sangre y todo lo que tiene que salir igual”. El reclamo es justo, hace más de un año que no tienen aumento, el trabajo se intensificó, y el costo de la vida cotidiana aumenta día a día. “Los que llevan adelante al Hospital -y lo puede decir cualquier compañero municipal- son los empleados. Somos los que estamos todo el tiempo ahí adentro. Y el mayor reconocimiento es que cuando te pasa algo urgente, sabés que hay un compañero que te cubre”.