05:57 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

Los que están en el humo

Las imágenes satelitales muestran un panorama desolador: la Amazonía se quema, se pierde. El Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil (INPE) asegura que las áreas incendiadas aumentaron en más de un ochenta por ciento frente al mismo período de 2018 y es el mayor crecimiento desde que comenzaron los registros en 2013. Mientras múltiples intereses se cruzan en este asunto, trataremos de entender porqué una de las reservas de biodiversidad más grandes del planeta desaparece a toda velocidad.

OPINIÓN Por Gustavo Porfiri  |  27 de agosto de 2019 (13:42 h.)
Más acciones:

Entrevistado por el portal www.nodal.am, desde el corazón de la Amazonía, Claudio Langone, consultor en medioambiente y sustentabilidad y exsecretario de medioambiente en Porto Alegre y Río Grande do Sul, señala algunas de las razones que llevaron a que se queme de forma descontrolada el pulmón del planeta: “La desestructuración de los aparatos de monitoreo y de fiscalización ha sido un compromiso de campaña. Hasta 2003 el monitoreo era anual; un satélite pasaba a lo largo del año tomando imágenes y, después, en el análisis de las imágenes se retiraban las nubes y se tenía un cuadro de la deforestación ya ocurrida. En la gestión del expresidente Lula da Silva se cambió el sistema de monitoreo anual por uno con más resolución y se creó otro llamado DETER. Lo central era detectar el inicio de puntos de deforestación ilegal, todo eso con el INPE. El DETER se utilizó para identificar focos de deforestación y activar la fiscalización, eso logró un proceso muy eficaz que ha reducido la deforestación a partir de 2004 hasta hace poco tiempo”, explica el especialista.

Langone también pone en el centro de la escena al actual presidente de Brasil, Jair Bolsonaro: “asumió determinado a acabar con las acciones de fiscalización del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA) en la región. Cuando lo anuncia funciona como una señal para la gente que maneja las actividades ilegales para entrar en acción lo más pronto posible. Tuvimos inclusive una situación en que la gente local quemó un camión con combustible que era para abastecer un vehículo del IBAMA. Dos semanas después el Ministro de Medio Ambiente, fue a visitar a esas personas que lo recibieron con una fiesta. El ministro de Bolsonaro nunca había visitado Amazonía antes de asumir, no la conoce. El gobierno, además, se dedicó a inviabilizar el Fondo Amazonía”. 

Alguien que conoce desde adentro

Marina Silva fue ministra de Ambiente del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva. Logró reducir la tasa de deforestación amazónica en un sesenta por ciento. Tres veces fue candidata para ser “la primera presidenta negra y pobre de Brasil”, la última vez frente al presidente Jair Bolsonaro, quien ahora está en el ojo del huracán por cuenta de los más de setenta mil incendios en Brasil.

Esta activista ambiental, galardonada en 1996 con el Premio Goldman, mejor conocido como el “Nobel Ambiental”, por su defensa de la Amazonia, explica que en el origen de semejante desastre hay “varias razones combinadas. La primera son las quemas ilegales practicadas por una gran cantidad de personas durante la temporada seca para hacer praderización. También tiene que ver con la negligencia para fiscalizar la deforestación, porque desde que Jair Bolsonaro era candidato, y ahora como presidente, ha impulsado la idea de que los fiscales agroambientales no van a `molestar´ a los agricultores con multas, así que la idea de que se estaban liberando tierras en la Amazonia se esparció”.

Oro y soja

Otro de los intereses que atentan contra la vida de la Amazonía es el de la extracción minera. En este sentido, Claudio Langone asegura que “muchas comunidades tienen sus áreas amenazadas por la deforestación y la extracción de oro, entre otras cuestiones. El Presidente anunció su intención de liberar la instalación de minas en tierras indígenas, así como la posibilidad de que arrenden para agricultura. Esas declaraciones incentivan a los grupos que están en tensión con las comunidades indígenas y acaban exponiéndolas porque no tienen protección del Estado frente a esas amenazas”.

En este punto, la exfuncionaria además expresa que “las empresas agropecuarias de Brasil tienen una metodología de producción agrícola que dobla y triplica la producción sin tener que talar bosques. La llamada agricultura baja en carbono tiene un retorno mucho mayor que las actividades predatorias. Pero el Gobierno prefiere dialogar con actores que por ignorancia o mala fe incitan a la depredación sobre la selva. Están cayendo árboles de más de seiscientos años, de treinta y cinco metros de alto y dos metros de diámetro, especies fantásticas, para hacer pastos que tienen una vida útil de, máximo, diez años. En seguida incendias, cultivas en los suelos, que son fértiles por poco tiempo, y debes seguir tumbando”.

Se llama capitalismo salvaje

Los testimonios replicados más arriba nos hablan a las claras de que en este desastre confluyen los intereses de los actores económicos más crueles, a los que solamente les importa acrecentar sus fortunas, con las políticas de un Estado administrado por un gobierno afín a esos predadores. 

Ante esta situación, la defensa de ese patrimonio invalorable que es la Amazonía -o cualquier otra reserva natural- queda en manos de la sociedad, que debe regirse por principios y valores innegociables. La protección de los recursos naturales no es negociable. Si los gobiernos nacionales no están a la altura, serán las poblaciones locales, la sociedad civil, a través de sus organizaciones, quienes deban actuar en la urgencia para detener el incendio y castigar a sus responsables.