05:57 h. Sábado, 21 de septiembre de 2019

Los mercados y las plazas

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Por Alejo Dentella  |  25 de agosto de 2019 (19:22 h.)
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El viernes previo al acto electoral del 11 de agosto y a través de una operación mediática y financiera que al Estado le costó una fortuna, se instaló la sensación de un día de euforia bursátil que anticipaba una gran elección para el oficialismo el domingo próximo inmediato. Luego de la catástrofe electoral sufrida por el gobierno se cayó la careta de esas y muchas otras expectativas mentirosas montadas por el equipo de campaña de Macrilandia, que hasta el domingo a las siete de la tarde le decían al presidente que estaban cabeza a cabeza.

Ayer, la derecha liberal, gorila y burguesa de la ciudad más rica del país, salió a la calle. Hay que festejarlo y siempre debería ser así. Con señoras bien peinadas o "negritos por el choripan", la ocupación callejera es un buen síntoma de salud democrático del que lamentablemente este gobierno careció como propia y maltrato como ajena. 

Ayer, el gobierno vivió un momento de euforia con el acompañamiento de un sector de la sociedad que reacciona por miedo y odio. No está mal que Macri se entusiasme por la posibilidad de su reelección, es parte del juego electoral. Para algunos fue el apoyo del pueblo. Otros tenemos el derecho a pensar que fue como otro viernes 9, previo a las elecciones. Ayer, mientras la clase media porteña apoyaba a Macri y destilaba odio, el resto de los argentinos, la mayoría, seguía padeciendo las mismas consecuencias del ajuste salvaje que el nuevo ministro de economía, al mismo tiempo, negociaba con el FMI frente a esa misma plaza. El entusiasmo de Macri, y de los seguidores que lo aplauden y lo esconden al mismo tiempo, puede ser legítimo desde su perspectiva, los motivos de la avalancha de votos que le costó la paliza electoral del último 11 de agosto aún siguen intactos.