Los dueños de las góndolas

OPINIÓN  |  11 de febrero de 2020 (14:09 h.)

Por Gustavo Porfiri

Hace un par de semanas el presidente Alberto Fernández expresó: "vemos mucha irresponsabilidad de empresarios que no están ayudando con los precios". No descubre la pólvora el primer mandatario, pero está fenómeno que lo diga él. El problema crónico de los precios en los góndolas argentas viene de lejos. Algunos gobernantes jinetearon mejor a estos “indomables”, otros les han dejado hacer los que se les antojó para quedarse con los dineros de las mayorías esclavas de sus productos.

Los depredadores

Arcor, Mastellone, Unilever, Molinos Río de la Plata, Ledesma, Coca-Cola y Quilmes son algunos de los gigantes que controlan la producción de alimentos en nuestra República. Cada cual atiende su juego(su rubro) y de esta manera, al carecer de una competencia seria, hacen valer su lugar de privilegio. Son quienes deciden cuánto vamos a pagar cada producto que vamos a llevar de la góndola, sea esta administrada por chinos o por criollos.

Al regresar de su primer viaje internacional, a Israel, Alberto Fernández comentó que había apurado el expediente para que se trate en el Senado la ley de góndolas. El proyecto -que ya tiene media sanción de la Cámara de Diputados- busca fomentar la competencia de marcas, aumentar la presencia de mercadería elaborada por Pymes por la economía popular y bajar los precios. 

La iniciativa, que impactaría en trece grandes cadenas de supermercados, debería hacer efecto rápido y “bajar la fiebre” de los precios recortando la capacidad de maniobra de los grupos mencionados más arriba y del circuito de distribución(léase manipulación de productos).

De todas formas, estas ideas que se convertirían en ley pronto (el Frente de Todos busca que el proyecto sea debatido el 21 de este mes) tiene sus limitaciones importantes. Por ejemplo, la francesa Carrefour estará alcanzada, aunque su línea Express no. En los considerandos de la ley se estipula que incluirá a aquellas cadenas de supermercados que facturan por encima de 1700 millones de pesos al año, es decir el 26 por ciento del total de la cadena comercial. La normativa abarca alimentos, bebidas y artículos de limpieza y tocador, aunque el listado completo de productos aún no está definido.

No alcanza con mirar de cerca

"Estamos siguiendo de cerca la evolución de precios, es una pelea que vamos a dar de cualquier modo. No se pueden seguir indexando los precios", advirtió nuestro primer mandatario en declaraciones televisivas. En sintonía con esa idea, un grupo de intendentes peronistas bonaerenses llevaron adelante un operativo conjunto y articulado para constatar el cumplimiento en los supermercados de sus distritos del programa Precios Cuidados. Asimismo verificaron que no haya abusos en los cobros de las compras con la Tarjeta AlimentAR, distribuida por el Ministerio de Desarrollo Social. 

“Si logramos concientizar a todos, desde un hipermercado hasta los almacenes de barrio para que entiendan la importancia de cumplir con estos programas, y también a los propios vecinos para que denuncien las irregularidades, vamos a poder cuidarnos entre todos para que volvamos a tener crecimiento y futuro”, remarcó el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, tras supervisar los precios en el hipermercado Walmart de La Tablada. 

Un poco inocente, don Espinoza. En este país “concientizar” a quienes están esperando el momento propicio para “aprovechar la bolada” es mucho más que una utopía. 

Hace nueve años

Más precisamente el 2 de febrero de 2011, en el diario Página/12, Carlos Heller planteaba: “resolver el problema que aqueja actualmente a la economía argentina, donde los formadores de precios se apropian del mayor poder de compra de la población, no es una tarea fácil ni unidireccional. Se requiere revitalizar un Estado que fue desarmado en los noventa y que no fue reconstruido con la fortaleza suficiente en los últimos años de bonanza, para que afiance el poder de policía que el Estado necesariamente debe ejercitar para cumplir sus funciones. Esto debe ser realizado con especial énfasis si se desea un modelo de desarrollo centrado en una mejor distribución de los ingresos”.

Más adelante, el entonces diputado nacional del bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario, afirmaba: “para ello hay que dar una batalla ideológica, que tiene que ver con la definición de las causas de la inflación, pero que se centra en la construcción de un modelo de país más popular y solidario”. 

Nueve vueltas al sol después, la historia sigue siendo la misma. La raíz del problema aún está intacta: los dueños de los productos que cada familia argentina necesita para vivir siguen haciendo de las suyas y la solidaridad es algo que se la pasan por allá. 

Recordemos estos nombres una vez más: Arcor, Mastellone, Unilever, Molinos Río de la Plata, Ledesma, Coca-Cola y Quilmes. Son algunas de las aspiradoras de nuestros ingresos. Esta columna de opinión cierra hoy muy parecida a la de la semana anterior. necesitamos una estructura que nos blinde de tanto forajido suelto. Se llama reforma constitucional.

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