• 11:59
  • lunes, 03 de agosto de 2020

Lo viejo y lo nuevo

Por Alejo Dentella 

El triunfo del 2019 y la promesa de un nuevo gabinete. Salvo excepciones puntuales, la conformación del nuevo equipo genera mas dudas que certezas. En el 2021 se pone en juego la renovación de una banca en el senado, un sillón del BAPRO y la lista de concejales. Aiola mantiene intacta su legitimidad pero necesita un partido que lo acompañe. Los amagues de competidores sin votos ni trabajo. La apertura a lo nuevo será un parto doloroso pero trae otra vida.

Lo viejo y lo nuevo

 

Por Alejo Dentella

Víctor Aiola ganó las elecciones de 2019 con un potente caudal electoral y la promesa de otra forma de gobernar. Mejorar su propia herencia por ponerlo en castellano. Desde que anunció su candidatura a la reelección dejó en claro que la segunda parte iba a ser diferente. Que la cosa iba en serio. En ese eje discursivo había un explícito reconocimiento del error de conformar un gabinete con muchos funcionarios que dejaron pocos resultados. Por eso, y con la experiencia acumulada, el período iniciado el 10 de diciembre, asomó como una etapa fundacional que amarra la promesa de un equipo reducido, ejecutivo y con capacidad de respuesta.

Tiempo de descuento 

Hasta ahora, solo la llegada de Nerón Chari y Alejo Pérez hacen insinuar que la idea se mantiene en pie. Demasiados enroques para conformar a la mayoría de los que tenían que irse. Un enredo innecesario por contener a quienes ya habían cobrado sobradamente por los servicios prestados. Las consecuencias empiezan a hacerse visibles. Las pujas internas de funcionamiento ponen en evidencia la resistencia de lo viejo para dar paso a lo nuevo. Todo impacta en la gestión que no logra definir su identidad. La chambonada de mandar sábanas sucias del Hospital al Hogar del Niño o las operetas para desgastar al nuevo secretario de seguridad, son solo algunos de los ejemplos que hablan mal del nuevo equipo. Nada es peor porque el peronismo de Chacabuco atrasa veinte años en su mirada y en su acción. Mientras tanto, los concejales oficialistas son otro botón de muestra de la incapacidad para acompañar desde la creatividad. Son la continuidad de lo mismo. Hasta las caminatas abandonaron. “Hacer y estar”, como les decía María Eugenia, es parte del cuento de Cambiemos. Aiola, en la soledad del poder empieza a jugar el tiempo de descuento, se desvanece el encanto de las expectativas para estos cuatros años. Solo un golpe de timón en su infatigable acción puede hacerle recuperar el rumbo. Debe confiar en quienes eligió para eso. Lo pasado pisado. 

Cirugía mayor

De nuevo, excepto el trabajo de cirugía mayor que hace Nerón Chari desde la secretaría de hacienda y las expectativas de la llegada de Alejo Pérez, todo lo demás se reduce al incansable trabajo personal del intendente y el aislado acompañamiento de algun/a colaborador/a inmediato. Nadie se priva de vacaciones y de mostrarlo por las redes sociales. Vale resaltar la actitud de algunos funcionarios de menor rango que la yugan con muchas horas de laburo y pocos recursos. 

Interminable interna

En este escenario de inicio de gestión, accidentado por la consecuencia de la crisis económica del macrismo y la incapacidad de quienes manejaron las finanzas municipales, que llevó a declararse su propia emergencia económica, Aiola enfrentará las pujas del poder político. Más de adentro que de afuera. Un sector de los radicales, responsables del fracaso de una nueva alianza y cómplices del peronismo de Domínguez, pretenden correrlo con la varilla y amenazan jugar con candidatura propia. Son solo un sello bancado por el conchabo de un sillón de privilegio y nada más. No tienen territorio, carecen de la voluntad de trabajo militante y desperdiciaron la oportunidad de dejar un buen antecedente cuando Aiola los convocó y los bancó desde 2015. 

Media docena

Tampoco dentro del aiolismo “puro” las cosas son tan fáciles. El apresuramiento por forzar la sucesión rumbo a 2023 y la falta de antecedentes que den perfil al currículum de la casi media docena de autopostulados, empujan para que el jefe radical y del municipio imagine más allá de lo conocido y de ahí la aparición de algunas caras nuevas. En 2021 se define la renovación de la banca del senado, se vence el mandato del sillon del BAPRO y la lista de concejales del medio termino. La definición de esos lugares claves deberá ser representativa de un nuevo tiempo. Aiola mantiene la centralidad del poder pero está en deuda con la conformación de una mesa partidaria pluralista con voz y voto. 

Votos y territorio

En medio de un panorama, políticamente confuso y financieramente difícil, el gobierno municipal carretea porque el intendente se anticipó a declarar la emergencia, que más temprano que tarde, se imponía tanto a nivel nacional como provincial. Por suerte ya está en vía de ejecución la partida de defunción de Cambiemos rumbo a 2021. Aiola trabaja y conduce con legitimidad el proceso político. Su gobernabilidad estará atada a su capacidad para convivir con el oficialismo de nación y provincia. En paralelo, tiene que contribuir a refundar un radicalismo provincial con pretensiones austeras pero con dignidad. Los protagonistas de la agenda deben ser quienes tienen votos y territorio. De ahí viene la cosa y de ese juego participarán los leales y los que abracen la política con el compromiso que los tiempos requieren.

Parir lo nuevo

La actual gestión municipal transita una meseta árida con un horizonte difícil. La UCR local duerme la eterna siesta del triunfalismo. Es tiempo de parir algo nuevo o el destino será inevitable. Los pediatras saben que los partos son dolorosos en cualquier caso, pero traen nuevas vidas.