¿Llegaremos a tiempo?

cuatropalabras.com.ar  |  09 de enero de 2020 (13:22 h.)
La crisis climática es política - Por Martina Dentella

 

 Como la canción más conocida de Rosana.

Tengo miedo que se rompa la esperanza

Que la libertad se quede sin alas

Tengo miedo que haya un día sin mañana.

Hay un movimiento histórico que tiene muy poco tiempo para advertir, si es necesario a los gritos, al resto de la población mundial que quedan diez años. Aquí, allá. En el norte, en el sur. Y en Chacabuco también.

El daño que le hacemos al planeta y por ende a nosotros mismos se está volviendo irreversible. Hemos contaminado los mares, el aire, los alimentos, el agua. Hemos incendiado los bosques. Estamos matando miles de especies a pasos agigantados. La foto de Australia en llamas o el Amazonas, unos meses atrás, moviliza, alerta. Pero igual de nocivos son los campos que nos rodean. Prolijos, impolutos y llenos de venenos.

Ya han muerto mil millones de animales. Los bosques incendiados de Australia corresponden a 8 millones de hectáreas, es decir, una superficie equivalente a Corea del Sur o de Austria, con 136 focos, e impactan directamente en el calentamiento global, que avanza como caballo con anteojeras. 

Por casa

El humo llegó hasta la Argentina pero apenas lo vimos pasar. Y en la pampa sojera no queda un metro cuadrado por sembrar. 

En Mendoza, tras las masivas protestas en contra de la reforma que habilitó el uso de sustancias tóxicas, con 34 votos a favor, 2 en contra y sin abstenciones, se aprobó la derogación de la Ley 9209 que permitía el uso de cianuro, ácido sulfúrico y otras sustancias tóxicas para la minería metalífera.

Por Vaca Muerta también salen los sureños a defender su territorio y el agua, que se acaba por el clima cambiante.

Chacabuco, la provincia de Buenos Aires en general, La Pampa, Entre Ríos, entre otras, son las más contaminadas por agrotóxicos. Las avionetas pasan a vuelo rasante por las ciudades, haciendo sus descargas de la muerte. Algunas poblaciones como Pergamino, advirtieron el peligro y trabajaron contra corriente. Otras, dormimos la siesta del “mejor ni pensar”. Somos testigos silenciosos de las pestes, abortos espontáneos, enfermedades terminales, congénitas, entre otros impactos en la salud, que vivimos con naturalidad.

La política, mientras que no demuestre lo contrario (y hasta el momento no lo ha hecho) es cómplice de la industria extractivista, la sojera, de la expansión económica de un círculo minúsculo, la miseria de las mayorías, el asesinato de líderes ambientalistas, de pueblos originarios, y de la crisis global ambiental.

Los políticos de todo el mundo alegan lo mismo de siempre: primero, la prosperidad económica. Porque el fin es convertir todo en dinero, sobre la tierra arrasada. A este ritmo, no quedará planeta que explotar. La crisis climática es política

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