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  • sábado, 24 de octubre de 2020

Entre ladrillos y cambios de hábitos

En la construcción de un edificio ubicado frente a la Plaza San Martín, trabaja el contratista Marcos Kanackowicz. A pocos metros, en un local en plena restauración, desarrolla su oficio el vecino Franco Chiola. En diálogo con Cuatro Palabras cuentan cuál es la realidad del sector, que en los primeros tiempos de la pandemia tuvo que parar. Ambos confirman que trabajo no falta, que se cumplen todas las medidas de seguridad, y esperan que ningún contratiempo relacionado con la pandemia los obligue a frenar otra vez. También explican cómo debieron cambiar el hábito del mate por el saquito de té o café. 

Entre ladrillos y cambios de hábitos

Marcos cuenta que de a poco, en este último tiempo, fueron retomando el trabajo que había quedado en stand by desde los primeros días de aislamiento. “Estuvimos muy complicados porque teníamos obras de mucha gente pendientes y ahora que se liberaron algunas actividades podemos empezar a trabajar de vuelta un poco más firme”, dice. 

En su caso, con empleados a cargo y sin poder cobrar, fue gastando los pocos ahorros que tenía, “hasta donde pudimos y después justito que estábamos casi tirando la toalla pudimos empezar a trabajar de vuelta”. 

Según relata, en este último tiempo -sobre todo este último mes- el trabajo ha repuntado, porque “siempre pasa que después de la cosecha se empieza a mover bastante, y nosotros  trabajamos mucho con gente de campo”. 

Respecto a los cuidados necesarios y obligatorios como el barbijo, la distancia social, o el mate personal, Marcos cuenta que “hubo que aprender de vuelta, porque la verdad es que el albañil ya es del mate, pero bueno, cada uno se trae su saquito de té, su pocillo, barbijo, nos fuimos cuidando entre todos porque somos unos cuantos y tenemos familia. Dentro de todo lo llevamos bastante bien”. 

Luego de la detención de un albañil y el secuestro de su bicicleta allá cuando comenzó la pandemia, el sector tuvo temor de atravesar por esa experiencia. En ese sentido Marcos desarrolla “A nosotros nos tiraba la oreja el intendente, pero había gente por ahí de mayor poder adquisitivo o a quienes no les tiraba tanto la oreja, y nosotros los que realmente necesitamos el laburo y la moneda del día a día lo cumplimos y están a la vista los resultados”. 

Algunos días atrás, el propietario de materiales La Calera, Hugo Belfortti, se refería en este medio al repunte de la venta de materiales para la construcción de los últimos meses y aseguraba “No sabemos cuánto durará pero es el mejor momento de los últimos 20 años”. 

Marcos confirma esta situación y agrega “sí se mueve bastante, mucha compra y acopio de materiales pero en este momento hay mucha demanda y no hay mucha entrega de insumos, la verdad que todos los corralones de Chacabuco o están saturados o están con faltantes que no le entregan a ellos, y por eso a veces se frenan las obras también”.  

El entrevistado trabaja con obras grandes, medianas o pequeños arreglos. Cuenta que tienen varios presupuestos pasados, aunque “muchos especulan con los aumentos y te tienen hasta último momento para darte el trabajo. Ahora tenemos esto, un mes y pico, dos más tenemos esto, después veremos”. 

En esa línea se refiere a la oferta de mano de obra y dice “había bastante competencia porque había muchos extranjeros trabajando, paraguayos, bolivianos y actualmente parece que se fueron unos cuantos y ahora se puede cobrar el laburo un poquito mejor, la gente te pelea hasta el último peso, pero bueno, siempre se llega a un arreglo”. 

¿El patrón trabaja o da órdenes?

 Las dos cosas, porque sino no sería patrón. Yo un poco me alejé de la cuchara pero de vez en cuando la agarramos, cuando hay necesidad la agarramos.

 

 

Franco Chiola es el encargado de la remodelación de un local ubicado en la primera cuadra de la calle Primera Junta donde antiguamente existía Uberitos. 

Les queda poco para terminar. En diálogo con este medio cuenta que al principio de la pandemia los albañiles la pasaron mal, “Más cuando uno alquila, nos complicó a todos, aparte nos daban pocas horas al principio y no nos daban los tiempos, más como es esto de la albañilería, tenés que dedicarle tiempo y estar”. 

Franco cuenta que en su caso “tuvimos la suerte de que de que nos bancó el dueño y nos pudo dar una ayuda, pero hay gente que no te lo da y eso te mata, más si tenés una familia para mantener”. 

En ese sentido, espera que el trabajo no se corte y que ningún desequilibrio relacionado a la pandemia los deje nuevamente sin trabajo, “si se corta de vuelta nos mata”, dice. Desde que se levantaron las prohibiciones para trabajar, no paran. Y asegura que su jefe nunca lo dejó sin trabajo. 

Respecto a las medidas de seguridad impuestas, explica que se cumplen estrictamente “y prácticamente no tenemos diálogo con gente, el mate se prohibió, solo podemos tomar té nada más o algún cafecito”, dice. 

Franco tiene cierto vértigo, pero debe trabajar en altura, “No queda otra, quieras o no, lo tenés que hacer si no te comen los piojos”, cierra.