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  • miércoles, 27 de mayo de 2020

“La Reina es mi vida”

Nilda Mitidieri cumplió cuarenta años al frente de la rotisería La Reina, en la mítica esquina de 12 de Febrero y Avellaneda. Tiene ochenta y dos años y recibe a decenas de vecinos todos los días, que se acercan a buscar alguna de sus comidas de hogar. Aunque podría estar en su casa, con una vitalidad arrolladora, elige pasar sus días en el local, “porque es mi vida, extraño si no vengo, por ahí me retan. Cuando estoy en mi casa y me sobra el tiempo pienso ‘allá puedo hacer esto o lo otro, ¿qué hago acá sentada en está silla?’, entonces me pongo el saco y salgo, por ahí mi hijo rezonga que no quiere traerme, pero yo vengo igual”. 

“La Reina es mi vida”

Como comerciante vivió de todo “de lo más feo a lo mejorcito, después un poquito mejor, pero primero me tocó lo más feo del mundo porque había un despiole cuando empezamos acá que ¡Dios mío!”, dice en diálogo con Cuatro Palabras. 

Nilda trabajaba con el vecino Marcelino Cejo en la Crianza del Reina, “Él se iba, llevaba la fábrica a otro pueblo y nosotros no podíamos ir porque yo tenía a Daniel (Decundo) que iba a la escuela y tenía a mis padres. Mi papá estaba enfermo, entonces vinimos una noche, y la buena señora que estaba acá -a quien yo le hacía las tortas- me dijo ‘Nilda te tenés que hacer cargo de la rotisería porque no doy más con las piernas’. Yo le dije que no y ella insistía, pero como me quedaba sin trabajo, encaramos”, dice. 

Nilda cuenta que fue terrible porque el lugar estaba muy deteriorado, y no había clientes. 

Hasta ese momento ella hacía tortas y pasteles para vender, en los ratitos libres que tenía en su casa. A la noche los llevaba con su mi marido, y así tenía otra entrada de dinero. 

 

-Lo que hoy se vende en La Reina ¿son recetas originales tuyas?

-De mi abuela, a mí siempre me gustó hacer tortas, pasteles. En mi casa cocinábamos con mi mamá, se hacía todo casero antes, ahora se compra todo. A mí me gustaba cocinar, pero como tenía otro trabajo no podía hacerlo, hasta que después se complicó así el asunto…

El matambre lo hacía siempre Valentín, mientras que vivió lo hacía el, yo hacía las tortas, los pasteles, cualquier tipo de comidas, empezamos de a poquito, a veces venían tres personas nada más, empezamos muy de abajo.

 

-Hoy por hoy la rotisería explota, hay horarios en los que tenés que esperar afuera 

-Sí sí, después ya empezó a funcionar, se empezó a llenar mucho de gente a la noche, empecé a poner más gente, vinieron unas chicas que yo conocía del campo a trabajar conmigo, empezaron de a poquito, después vino otra señora, después vino mi cuñada a ayudarme. Así y todo yo me quedaba hasta las dos o tres de la mañana trabajando 

 

-¿Por qué elegís seguir estando detrás del mostrador cuando de alguna manera hoy podrías quedarte en tu casa?

-Porque es mi vida, extraño si no vengo. Extraño a las chicas, entonces vengo un día sí un día no. Ahora ya vengo todos los días, por ahí me retan, hago lo que puedo. Cuando estoy en mi casa y me sobra el tiempo pienso “allá puedo hacer esto, puedo hacer lo otro, ¿qué hago acá sentada en está silla?”. Entonces me pongo el saco y vengo, por ahí mi hijo rezonga que no quiere traerme pero yo vengo igual. 

 

Cuando te quedás en tu casa ¿pensás que si no estás vos en el negocio las cosas no funcionan igual?

 

No, por que las chicas que tengo son de toda la vida y ya saben manejar el negocio perfectamente bien, y está Daniel que también lo maneja bien, sabe manejar a la gente. Lo que me pasa es que allá puedo hacer cosas, aunque sea cebo mates, le ayudo a las chicas, hablamos, ese es el tema mío. Antes no, porque yo tenía a mi papá y mi mamá conmigo en mi casa y tenía muchas cosas para hacer, entonces cuando podía quedaba. Ahora Valentin tampoco está, estoy yo sola, ¿qué puedo hacer? Me levanto a las 06:00 y para las 10:00 ya tengo toda la casa limpia, todo hecho. 

 

Para llegar a los 82 años con esa energía, esa vitalidad y esa lucidez, además de tener una buena genética, ¿qué más hace falta? 

¡Dar gracias a Dios porque te levantaste!