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  • sábado, 17 de abril de 2021

La patria chica

A poco más de un año de haberse declarado la pandemia por el coronavirus, hay algunas cuestiones que quedan totalmente claras. Una de ellas es la falta de un nivel de coordinación entre los gobiernos de este rincón del mundo para atacar en conjunto semejante desafío. Como en Antón Pirulero, cada cual atiende su pandemia. Mientras tanto entre La Habana y Pekín...

OPINIÓN /Por Gustavo Porfiri

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La patria chica

Chile cierra totalmente sus fronteras ante el repunte de casos. Brasil superó los 13 millones de contagios. En Bolivia hay alerta roja por la cepa de Manaos. Uruguay pasa por el peor momento de evolución de la pandemia. Venezuela amplía por siete días la cuarentena radical. Perú marca nuevo récord de muertes diarias por la Covid-19. Gobierno de Ecuador ordena confinamiento parcial por coronavirus. En Colombia anuncian nuevas medidas y restricciones para disminuir contagios. En Paraguay, con hospitales colapsados, el gobierno flexibiliza restricciones. Estos títulos -a los que habría que agregar los nuestros- dan cuenta de la situación por la que atraviesa el barrio sudamericano en relación a la peste que se instaló en el planeta. Cada gobierno de este cono sur hace y deshace según su parecer, siguiendo criterios que en algunos casos coinciden con los de sus vecinos, pero en otros “la diferencia es tan grande que parecen seres de alguna otra tierra”(León Gieco, “Pensar en nada”).

En todo este tiempo que transcurrió desde la llegada del virus a Sudamérica, no se han insinuado siquiera algunas acciones comunes para tratar el problema con una visión más amplia. ¿Por qué los gobiernos regionales no han podido, no han sabido, o no han querido articular una estrategia integral para aliviar a sus pueblos, siendo que somos, casi, una misma familia? ¿Tan complejo es establecer un nivel de coordinación en el que confluyan los ministros de salud de las naciones sudamericanas para elaborar una agenda común y encarar soluciones compartidas? ¿Por qué, a estas alturas no se ha desarrollado un plan conjunto de vacunación regional? ¿Qué les impide a los poderes ejecutivos de nuestras repúblicas llevar a cabo una red de asistencia regional para los millones de sudamericanos que han sufrido las consecuencias económicas de esta pandemia? ¿A qué se debe la ausencia de una entidad supranacional que aglutine los esfuerzos y decida prioridades? 

Quizá sean demasiados interrogantes para una sola columna, pero lo cierto es que todos tienen una respuesta común: nada de todo esto está en el plano concreto. ¡Que tremenda oportunidad estamos dejando pasar! Si algo rescatable podría aportarnos esta peste es la posibilidad de ser mejores, pero… seguimos como en Antón Pirulero. Y no es que no haya antecedente. Funesto, claro, pero el maldito Plan Cóndor existió. 

En 1826, Simón Bolívar convocó a un congreso americano. Fue el primer intento concreto de alcanzar la unión de las repúblicas americanas; una confederación de estados hispanoamericanos. Más tarde, otras tres iniciativas intentaron cumplir con los designios proclamados por el líder caraqueño: el Primer Congreso Americano de Lima (1847), el Congreso Continental de Santiago de Chile (1856) y el Segundo Congreso Americano de Lima (1864). Finalmente, el intento de ser una Patria Grande fracasó. Así quedamos.

Otro mundo

En el carrusel de títulos hay de todo, incluso algunos esperanzadores como este: “Cuba y China colaboran para crear una vacuna de amplio espectro contra muchos coronavirus".

La noticia -publicada en RT- dice que el país caribeño tiene "la capacidad productiva y los recursos humanos para desarrollar cinco candidatos vacunales". Esto lo afirma Marta Ayala Ávila, directora general del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología(CIGB) de la mayor de las Antillas. 

Ya sabíamos de la fortaleza de Cuba en los sectores de la biotecnología y la industria farmacéutica. Ahora nos actualizamos y vemos que entre los fármacos anticovid que desarrolla la nación caribeña se destacan Soberana, Mambisa y Abdala, cuyos ensayos clínicos avanzan con rapidez y algunos ya se encuentran en la fase III de los experimentos. ¡Y eso que son comunistas! ¡Mirá si los cubanos fuesen capitalistas y democráticos como nosotros! ¡Serían una potencia!

"En esta época de la pandemia se han acortado los tiempos para el desarrollo, tanto de moléculas terapéuticas como de candidatos vacunales, bajo el cumplimiento de todas las regulaciones establecidas por las respectivas agencias", debido a que en situaciones así "uno acomoda los cronogramas y estrategias para dar respuesta rápida a la situación", explicó Ayala Ávila. La directora del CIGB aclara que los científicos cubanos solo emplearon tecnología y recursos humanos nacionales para crear sus medicamentos, así como anticuerpos producidos en la isla, y que esos fármacos son "susceptibles a ser combinados" con otras vacunas. En criollo: “Hecho en casa”.

Proyecto Pan-Corona

Atendiendo a la mutación acelerada del virus, Cuba trabaja con China para poner en marcha el proyecto Pan-Corona y lograr otra vacuna contra una nueva cepa del virus SARS-CoV-2, causante del covid-19, una iniciativa cuyo objetivo es lograr un fármaco de amplio espectro contra "muchos coronavirus".

Respecto a las críticas hacia los candidatos vacunales cubanos, Marta Ayala Ávila asevera que no es la primera vez que se intenta desacreditar a La Habana "cuando tiene algo que mostrarle al mundo". "Los enemigos intentan minimizar cualquier logro que tengamos; de hecho, el bloqueo también afecta a las investigaciones científicas, a la biotecnología y al sector farmacéutico cubanos”.

El bloqueo impuesto por EE.UU. supone un desafímayor para la comunidad científica de Cuba que, pese a los obstáculos y gracias a la inversión realizada por el Gobierno isleño en educación y recursos humanos, está en condiciones de desarrollar tecnología propia y compartirla nada menos que con la primera potencia tecnológica del planeta.

¡Salud, Cuba! una isla de humanidad en un océano de mezquindades.