19:37 h. Lunes, 20 de Mayo de 2019

La jubilada que te parió 

CASTIGO PATRIARCAL /  Por Martina Dentella  |  15 de Mayo de 2019 (11:37 h.)
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Foto: Fernando Trabanco
Foto: Fernando Trabanco

Soy de otra época, de otra generación. Así se excusan tras el velo de los años quienes no están dispuestos a quebrar con el patriarcado. No son particularmente hombres. A muchas mujeres les cuesta más romper con esa complicidad, por comodidad, por pereza, por miedo, o porque revisarse a cierta altura del partido es demasiado doloroso. 

La gran mayoría de las mujeres de la generación de mis abuelas (hubo muchas que no) fueron dependientes. Fueron toda la vida dependientes. La potestad para vivir la vida pasaba de manos del progenitor a las manos del marido. No se trataba solo de las tareas de cuidado, de limpieza y de sostener los vínculos emocionales de una casa, entre otras cosas. Fueron las privaciones, el derecho al goce, al deseo, al poder, lo que les costó ser parte de esa sociedad. 

La jubilación para una ama de casa rompió viejos esquemas y habilitó al cambio en las relaciones de poder en las casas de lxs abuelxs. Una jubilada con plata en el bolsillo pasa a ser una mujer empoderada, que no necesita pedirle a nadie plata para ir al super o comprarse un libro, ni para nada. Una mujer que percibe una mensualidad es alguien que potencia el consumo, que gasta y aporta al engranaje de la economía. Es alguien a quien se le reconoce el trabajo que no fue remunerado, es alguien a quien el Estado le marca -con un gesto- que ha fallado. Es alguien reparada, reivindicada y más feliz. 

Ayer se supo que, como medida solicitada por el FMI, buscan poner fin a la moratoria para quienes no cuentan con 30 años de aportes. Se trata de un retroceso en el tiempo, de volver a la invisibilización. A disfrazar de amor y cariño lo que es trabajo. 

Virginia Woolf es inmensa por lo que supo decir en la adversidad, hay unas líneas de Un cuarto propio, que resumen lo que para una mujer significa la soberanía. Es uno de los textos más claros y hermosos que releer y atesorar en la biblioteca, que persigue una pregunta fundamental: ¿Por qué son pobres tantas mujeres?. 

“... Realmente, pensé, guardando las monedas en mi bolso, es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo, ninguna fuerza en el mundo puede quitarme mis quinientas libras. Tengo asegurados para siempre la comida, el cobijo, el vestir. Por tanto, no solo cesan el esforzarse, el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre, el no puede herirme, no necesito halagar a ningún hombre, eI no tiene nada que darme. 

De modo que, imperceptiblemente, fui adoptando una nueva actitud hacia la otra mitad de la especie humana, que era absurdo culpar a ninguna clase o sexo en conjunto. Las grandes masas de gente nunca son responsables de lo que hacen. Las mueven instintos que no están bajo su control. También ellos, los patriarcas, los profesores, tenían que combatir un sinfín de dificultades, tropezaban con terribles escollos. Su educación había sido, bajo algunos aspectos, tan deficiente como la mía propia. Había engendrado en ellos defectos igual de grandes. Tenían, es cierto, dinero, poder, pero solo a cambio de albergar en su seno un águila, un buitre que eternamente les mordía el hígado, les picoteaba los pulmones, el instinto de posesión, el frenesí de la adquisición, que les empujaba a desear perpetuamente los campos, los bienes ajenos, a hacer fronteras, banderas, barcos de guerra, gases venenosos, a ofrecer su propia vida y la de sus hijos. 

Pasad por debajo del Admiralty Arch o recorred cualquier avenida dedicada a los trofeos o al cañón y reflexionad sobre la clase de gloria que allí se celebra. O ved en una soleada mañana de primavera al corredor de bolsa, al gran abogado encerrándose en algún edificio para hacer más dinero, cuando es sabido que quinientas libras lo mantienen a uno vivo al sol…”. 

El feminismo, si es transversal, se debe necesariamente una revisión frente a estos hechos, debe impedir este avasallamiento a los derechos adquiridos. La independencia económica es una de las batallas más importantes que dar, y el momento es ahora.