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  • sábado, 17 de abril de 2021

A qué juegan los que quieren jugar

Ya estamos en campaña. Lejos de saltar la grieta, todo sirve pensando en ganar una elección. Hasta la reedición del cajón de Herminio Igesias. El sábado los libertarios, radicales y PRO fueron a la Plaza de Mayo y colgaron bolsas simulando estar cubriendo el cadáver de algún político o personalidad de la vida pública. Los radicales van a las urnas y el variopinto escuadrón de militantes no aiolistas puede meter un batacazo. De esa elección dependerá el margen de maniobra del Jefe Comunal para manejar la lapicera. Por ahora, levanta la candidatura de Ignacio “Nacho” Orsini y se mete en el conventillo del PRO. Los correligionarios están que trinan. El peronismo, amenazado por su interna que no quieren dar. Golía los desafía en las urnas, a los penales o en la plaza. Mientras tanto, Chacabuco es una ciudad fantasma. Responsabilidad compartida al 50% entre peronistas y radicales. 

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A qué juegan los que quieren jugar

Sin dudas ya estamos en campaña. Todo debe ser leído de esa manera. La grieta parece inevitable y sigue siendo tentación del negocio. La opo macrista-radical no duda que la vacuna puede ser una excusa del juego polarizador. Incluso hasta reinventando el cajón de Herminio Iglesias. Las bolsas simulando portar cadáveres de personalidades del mundo de la política en las rejas de la Casa Rosada será una factura que terminarán pagando. Un acto canallesco que merecía el repudio del arco opositor. Otra oportunidad para demostrar que más allá del zanjón, puede haber otra forma de pensarnos como sociedad. Según Margarita Stolbizer, imposible. Esta semana batió récords de caradurez cuando dijo "de los dos lados huele muy mal, pero es imposible construir otra cosa, entonces me sumaré a Juntos por el Cambio". Traducido, significa “soy una más de lo mismo y con abstinencia de una banca”. Lamentable, también, que se pague con una dieta tan generosa tanta escasez de votos. Puede ser que sus relaciones carnales con la Embajada de Estados Unidos garpen más que millones de voluntades.

 

Despliegue de pasacalles

No hubo carnaval presencial pero se viene el despliegue territorial de pasacalles, cartelerías y pintadas. En general, operaciones de aparatos con recursos del Estado o de la que juntaron cuando estuvieron en el gobierno. Más allá de algunas perlitas, una avalancha de precandidatos lanzados a la carrera que no solo buscan conchabos para las legislativas, sino que además ya hablan del 2023.

 

¿Por casa cómo andamos?

En Chacabuco, la disputa será más atractiva puertas adentro que en la pulseada de octubre. Ocurre que el oficialismo tiene primero una contienda interna que no solo define el perfil societario en la alianza con los Macri, sino que además pone a prueba la capacidad que Victor Aiola ha tenido en todo este tiempo para tratar o destratar a sus correligionarios. El Intendente se juega por el continuismo de la obsecuencia con el PRO y ha logrado que decenas de boinas blancas se lancen a la calle a trabajar con un padrón de viejos afiliados. Lousteau y Posee amenazan con ahogar el curro a varios. 

Por el lado del peronismo-Frente de Todos, Darío Golía se vistió de candidato. Los que lo siguen esperan ansiosos la bocina del tren para subirse en los primeros vagones. Los demás están en las gateras con la obsesión de arruinarle la posibilidad del regreso. Golía pide definir la interna peronista en las PASO, a penales o en la plaza. Sabe que su potencial electoral es imbatible, pero que hasta que no se traduzca en resultados no podrá consolidar su liderazgo. Algunos le recuerdan que dejó pasar la oportunidad en 2017 cuando el escenario estaba habilitado. La excusa es válida, aunque escasa para negarse al desafío pendiente.

 

Nombres y apellidos

 

Cuando hablamos de candidaturas, es imposible no hacer referencia a nombres propios vinculados a los juegos internos. Desde el principal despacho municipal ya está el operativo en marcha. El nombre que Victor Aiola salió a instalar es justamente un bombazo interno por partida doble. Ignacio Orsini quiere reelegir y el Jefe Comunal lanzó una probeta que huele a desafío de guerra. Por un lado, se mete en el conventillo del PRO que tiene media docena de caciques y ningún indio. Mientras tanto, le moja la oreja a los radicales. Jugar con fuego decían los pibes del barrio. Justamente, sus correligionarios lo esperan el 21 de marzo. Más allá del exagerado optimismo que reina en la confitería del Club Porteño, un pronóstico se puede hacer. Este cronista sabe poco, pero suele acertar en resultados de competencias de urnas. Va el pálpito. Téngase en cuenta que el padrón radical es chico y viejo. Exagerando, pueden llegar a votar unos mil vecinos. En ese contexto, si del variopinto mapa no aiolista aparecen 300 votos, es un campañón. De ahí para arriba es una tragedia oficial. Aiola quedó preso de acuerdos y compromisos preexistentes asumidos por él y su socio más cercano, el senador Agustín Máspoli. Desde esa perspectiva errática, llegan a esta contienda doméstica sudando la gota gorda. Hoy pagan las consecuencias del abandono partidario, del descrédito a la militancia y de la obsesión por la concentración del poder en términos de reaseguro de sus destinos personales.

 

Bipartidismo a la carta

 

En Chacabuco rige el bipartidismo. La UCR recuperó la potencia electoral montada en la grieta y el gorilismo. El peronismo tiene y mantiene un piso alto de votos que le garantiza soñar con el regreso al poder. Golía la perdió en el 2015 devorado por el fuego amigo. Aiola desafía las mejores tradiciones radicales y subestima la gimnasia que los caracteriza a la hora de jugar internas. Mientras tanto, después de 37 años ininterrumpidos de ejercicio democrático, Chacabuco es un pueblo fantasma. Sin perspectivas de desarrollo urbanístico, comercial, industrial, agroecológico y varios etc. Para no seguir en la grieta nos paramos al medio. Responsabilidad al 50% compartida entre compañeros y correligionarios. Es lo que hay.