05:35 h. Viernes, 18 de Agosto de 2017

Cuatro Palabras

Ipoh, tan diferente

DE VIAJES  |  11 de Enero de 2017 (01:18 h.)
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Por Laura Federico
Entre varios hombres agarran a un mono. Lo acuestan en una superficie plana y lo sujetan con cintos para que no se mueva. Luego, le rebanan el cráneo con una sierra eléctrica. Le ponen agua tibia en el cerebro. Lo cortan en capas y se lo comen. Ella explicaba. Ella hablaba. Lo hacía sin parar. Continuaba narrando técnicas de alimentación china mientras nos atendían. Yo iba a ordenar unos fideos. Aunque, preferí quedarme con el café helado que ya estaba tomando. El restaurante era pequeño y todas las mesas estaban ocupadas. La falta de paredes permitía que entrase un poco de aire en el ambiente húmedo que se respiraba. Entre bocadillos dulces de tofu, me explicaba que los malayos musulmanes tienen sus propias leyes religiosas. Que los descendientes de chinos e indios que nacían en Malasia estaban exentos de ellas. Me mostraba imagenes del Primer Ministro, ese hombre al que solo unos pocos quieren. Me decía que hay varios reyes y reinas que no gobiernan. También me hablaba de su familia. Su madre, una cantante famosa en su juventud. Su padre, un hombre de negocios. Me explicó cómo se ganaba la vida y se ofreció a enseñarme el arte de la traducción. Todos juntos vivían en una casa de dos pisos sin patio. La puerta trasera daba a una calle y tenían tres perros. Me llevó a comer a lugares tradicionales. Visitamos cuevas que escondían templos budistas y caminamos por senderos de piedras curativas. Dormí en su cuarto. Me bañé en su ducha. Me subí a su auto y recorrimos la ciudad. Caminamos por una feria en donde vendían cigarrillos eléctricos y visitamos las calles más concurridas. En la estación de buses se despidió dándome una bolsa que contenía sobrecitos de té de mango en polvo.
Ipoh no aparece en las guías turísticas y, de alguna forma, esos días en la ciudad le dieron otro significado al verbo. Viajar. Acercarse. Al que es diferente. Solo para darnos cuenta que nos movilizan los mismos sentimientos. Que nos afectan las mismas situaciones. Que buscamos, en lo profundo del ser, las mismas respuestas. Al fin de cuentas, tan diferentes no somos.