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  • sábado, 31 de octubre de 2020

Integrados o perdidos para siempre

Una marca de estos tiempos -que significa un escollo grande para el gobierno del Frente de Todos- es su tremenda soledad en el contexto regional. Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Paraguay, y la lista sigue, están enrolados en la reconversión conservadora y neoliberal más importante que se haya instalado desde hace mucho tiempo. Alberto Fernández, en este sentido, no tiene, ni por cerca el entorno que acompañó en su momento a Néstor Kirchner.

/ ​por Gustavo Porfiri

Integrados o perdidos para siempre

"¡Alca, Alca, al carajo!" La frase, aunque lejana, aún resuena en la memoria de los pueblos sureños, unidos en el ideal promovido por el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien el 5 de noviembre de 2005, en Mar del Plata, donde se desarrolló la Cumbre de las Américas, mandó “al carajo” al mismísimo George Bush. ¡Qué tiempos aquellos, hermano!

Allí estaban, junto al mandatario bolivariano, Néstor Kirchner, Luiz Inacio Lula da Silva, Tabaré Vázquez y Nicanor Duarte Frutos. Los pilares que consiguieron frenar el intento de Estados Unidos de imponer el tratado de libre comercio denominado ALCA. Fue una derrota dura para Washington. El ALCA era un proyecto muy ambicioso, tendiente a alinear a las repúblicas de la región detrás de los intereses imperialistas norteamericanos.

"Al ALCA la derrotamos los pueblos", manifestó Hugo Chávez durante esa jornada histórica, consciente de la importancia y necesidad de un nuevo orden regional que potenciara las individualidades de los gobiernos populares que se manifestaban en varios países del barrio por entonces. 

Además de dejar en “orsai” a Bush, estos líderes sudamericanos tenían un proyecto, llamado ALBA, que sería la contracara del emprendimiento norteamericano. Chávez afirmaba que el ALBA permitiría “la liberación de los pueblos, la redistribución del ingreso de nuestros pueblos, la igualdad, el cambio del modelo económico productivo, la inclusión social, que no haya excluidos". Ese hombre hablaba y contagiaba entusiasmo. Parecía que la concreción de esos planteos teóricos estaban a la vuelta de la esquina. Pero...

La idea central era la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Una nueva forma de intercambio regional creada en 2004, que tenía de base ideales impulsados por los Gobiernos de Venezuela y Cuba como la igualdad, solidaridad, superación de la pobreza y desarrollo integral de los pueblos. Hoy podemos conjeturar -y solo a manera de dimensionar el asunto- que si la mitad de todo ese ideal se hubiese podido traducir en políticas de Estado, la pandemia del coronavirus se hubiese llevado muchísimas vidas menos de Latinoamérica. 

Y es precisamente esta crisis sanitaria global, con terribles consecuencias económicas para los pueblos, la que nos hace reflexionar sobre la necesidad de la integración regional. Como es de esperar que no volvamos a la “normalidad” pre-pandemia, tampoco deberíamos intentar volver a los días en que entidades regionales como la UNASUR, la CELAC, e incluso el mismo Mercosur eran contenedoras de proyectos osados que ponían a nuestras repúblicas en el lugar de usinas del pensamiento actual.

Pero la cosa es ahora

Luego de aquel pasado glorioso, llegaron los días de la contraofensiva conservadora y neoliberal. Nos sorprendió, no estábamos del todo preparados. ¿Cómo fue que del júbilo y la esperanza pasamos a la tristeza y el desánimo? Pues porque así funciona el mundo por este rincón del planeta, parece. Una a una, nuestras repúblicas fueron cayendo en manos de gobiernos antidemocráticos, antipueblos, aunque populares, toda vez que -excepto en Bolivia- llegaron a los palacios de gobierno de la mano del voto popular. Claro que deberíamos revisar, una vez más, si ese voto fue emitido en la más absoluta libertad de conciencia, o si, en el marco de estas democracias liberales que supimos conseguir, las preferencias electorales estaban guionadas, direccionadas. En fin, que también deberíamos poner en análisis si nuestros sistemas democráticos son los más aptos para asegurarnos que “los pueblos gobiernan y deliberan…”

"No miren al norte, miren a Europa, debemos estar unidos en economías regionales. Voy a trabajar incansablemente en unir América Latina en un solo continente. Sé que no estoy solo". La frase la expresó Alberto Fernández, en noviembre del año pasado, en el marco de una Conferencia magistral denominada “El nuevo modelo de integración latinoamericana”, que se realizó en la Universidad Nacional Autónoma de México.  "En este tiempo nos han dividido y en la división, alguien se aprovechó de nosotros", manifestó entonces nuestro primer mandatario. Sin embargo, ese entusiasmo por generar la integración barrial se choca contra los muros ideológicos que levantan la mayoría de los gobiernos que nos rodean. Basta recordar que recientemente, en la asamblea de la ONU, la representante de la dictadura boliviana nos culpó a los argentinos de involucrarnos en los asuntos del país hermano, basándose en argumentos que tienen la solidez del papel picado. Tampoco olvidemos que -gracias a los vientos que soplan hoy- Estados Unidos logró imponer a Mauricio Claver-Carone como presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Algo inédito, impensado.

Un comienzo

Hace algunas horas, Ernesto Samper, expresidente de Colombia, destacó que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) no se ha acabado y más bien informó que el organismo tendrá una sede temporal en Buenos Aires. Manifestó que al momento se está trabajando en un proceso de convivencia para analizar la posibilidad de que los diez organismos subregionales se unan sin la intervención de Estados Unidos: “Para poder organizar un nuevo organismo que podría ser una nueva Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeño)”.

“Nunca había sido tan necesaria la integración como ahora y nunca habíamos estado tan desintegrados”, agregó Samper, describiendo limpiamente dónde y cómo estamos. Volver a soñar con ser un mismo pueblo en el marco de este mundo tan complejo es un desafío enorme, pero hermoso, no ya para nuestros gobernates, sino para todes y cada une de nosotres mismes.