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  • viernes, 10 de julio de 2020

Inmunidad, implicación, y falsa superación

Contratapa 

Por Marcelo Chata García 

Inmunidad, implicación, y falsa superación

Ser inmune, o sentirse tal, es tener conciencia de que ciertas situaciones no van a afectarnos. Ser inmune a ciertas injusticias evita que nos comprometamos completa o parcialmente a eliminarlas. Para muchos, la identidad hétero los vuelve indiferente a la marginación, la represión y la violencia que sufren las disidencias sexuales. 

Cada vez que veo postear a un hombre en contra del aborto caigo en la cuenta lo poco -básicamente nada- que los hombres nos expresamos en contra del abandono de las responsabilidades paternas, desde las económicas, hasta las afectivas. Para los hombres es fácil oponerse a la interrupción del embarazo, levantar principios morales frente a esa decisión y condenar a la mujer que aborta. Pueden, incluso, minimizar la situación, frivolizarla hasta considerarla una moda o alarmarse con un futuro donde la legalización genere su aumento exponencial. La liviandad del juicio surge de la imposibilidad del hombre de pasar por esa situación, de que su cuerpo sufra por un aborto clandestino, de desarrollar en su vientre durante meses el fruto de una violación, o quedar ligado de por vida a algo que -al menos en ese momento- no se quiere ser.

La implicación, por el contrario, es ser parte –o potencialmente poder serlo- de injusticias o violencias cometidas hacia los demás. No son comunes, por ejemplo, los memes que denuncian nuestras responsabilidades en la salud reproductiva. La supuesta valentía masculina no llega a ponerse en riesgo de condenar decisiones que sí le incumben y sobre los que debe afrontar errores o desmesuras. La apuntada siempre es la mujer. 

La política, la justicia, la familia, patriarcales no se involucran con la misma decisión para castigar la violencia, el acoso, el abuso o la violación hacia mujeres y disidencias de lo que se comprometen en otros ámbitos. Como si temieran que leyes y procedimientos destinados a castigar esos hechos puedan volverse contra ellos en algún “se me fue la mano”.

La falsa superación pondera haber asumido ciertas decisiones que nos pesan y por eso pensar que el resto debe pasar por lo mismo. Mujeres que a un costo altísimo llegan a progresar y menosprecian los reclamos feministas porque ellas pudieron. O asumieron la maternidad resignando deseos y proyectos y por lo tanto adhieren a cierta concepción de la maternidad -o el aborto clandestino- como castigo por los errores cometidos. 

Construir sociedades más cálidamente humanas, justas y libres requiere involucrarnos aún en injusticias a las que somos inmunes; contra violencias de las que nosotros también podremos ser juzgados; y denunciar desigualdades incluso cuando nosotros las hemos superado. Si hurgamos un poco, encontraremos que tampoco somos tan inmunes, que debemos asumir críticamente esa implicación y que es más sanador hacer algo bueno con nuestro dolor en lugar de deseárselo a otros u otras.

Vale la pena trabajar para construir sociedades mejores; allí nuestro deseo encontrará mayores oportunidades de felicidad que en el mero estatus personal.