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  • sábado, 17 de abril de 2021

Con identidades humanas y resistencias: la Memoria en círculos

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Con identidades humanas y resistencias: la Memoria en círculos

No es ninguna novedad decir que, más allá de los calendarios y los alusivos festejos, los siglos no tienen un día inaugural, sino que comienzan con procesos de cambio y de quiebre de las sociedades. Comienzan, también, cuando se dan fuertes y nuevas disputas de sentido sobre la visión del mundo, de las sociedades, de lo humano, de la acción sobre lo que nos rodea. La particularidad del siglo XXI es que los cambios en las relaciones sociales y en cómo interactuamos con “lo otro” se dan de manera mucho más vertiginosa que antes. Si hilamos fino, podemos ver cientos de modificaciones en las formas, en los formatos, en los soportes, en la multiplicidad. Pero si hilamos aún más fino, lo que encontraremos es que, las discusiones de fondo, desde quién sabe cuándo hasta el día de hoy, son las mismas, con mayores o menores niveles de avance para los sectores que forman parte de esa disputa. Un debate en círculos, una historia circular. Y la Memoria, su construcción, su desarrollo, su discusión, su andar, también transita esa forma.

Las disputas en torno a la Memoria y la construcción social de nuestra historia más reciente y dolorosa -como toda historia de batallas libradas- tienen sus claros lados, lugares, veredas. Si antes decíamos que los debates estructurales son los mismos pero con distintas formas, asistimos hoy a hechos inéditos en torno a la Memoria, la Verdad, la Justicia, los Derechos Humanos: aquellos sectores, no sólo negadores seriales de las atrocidades contra los detenidos-desaparecidos por la última dictadura cívico-militar, sino partícipes necesarios de una edificación silenciosa plagada de impunidades, ya no se apropian de la Memoria y su construcción discursiva  -una batalla-engaño que tal vez ya no puedan dar jamás- sino que bregan por quitarle las identidades a esas luchas. Vaya si sabrán esos sectores sobre quitar identidades. La Memoria, entonces, tiene fuertes resistencias que se ocupan de no mostrar sus sentidos de pertenencia, sus por qués, las razones de su compromiso. Quitarle la identidad a la Memoria, a los Derechos Humanos, bajo la premisa que simula querer ser parte de que “no son patrimonio de nadie”. 

 

La Memoria, como todo hecho social en la humanidad, tiene rostros, tiene nombres y apellidos. Está marcada con el fuego de quienes dejaron la vida por su construcción, de los Centros de Estudiantes, de las organizaciones sociales y políticas, de quienes vivieron para seguir dando hasta el último de sus días esa lucha. De Abuelas y de Madres, de Estela, de Taty, de Norita, de Hebe. Nuestra Memoria, nuestra disputa, nuestra construcción, lleva los nombres de Conti, Cagnola, Cassino, Claverie, Pregal, Carnaghi, Ross, Dimattía. Detrás de cada nombre, de cada espacio, hay una historia, pero sobretodo, hay un por qué. Despersonalizar la Memoria es el objetivo de quienes quieren enterrar para siempre las historias, los nombres, los motivos de sus luchas. Reducir la Memoria a un concepto lavado y carente de transformaciones. La construcción de esta Memoria colectiva con objetivos claros de igualdad y justicia tiene nombres, rostros, colores. 

 

La Memoria se transita en círculos porque los sentidos del mundo y las reconfiguraciones sociales giran siempre en torno al mismo eje: lo colectivo contra el “sálvese quien pueda”, lo solidario contra el egoísmo, el compañerismo contra la exaltación de un “yo” por encima de todo, a como de lugar. La Memoria tiene nombres y rostros, Quienes se esmeran por negarlo, será, tal vez, porque sus nombres y sus intereses están también marcados a fuego, pero en el otro lado.