17:45 h. Domingo, 26 de enero de 2020

“La humildad y la vocación están en primer lugar”

Gustavo Masci cumplió ayer, 14 de enero, veinticinco años como médico. A la mañana, mientras trabajaba en una sala barrial, publicó una foto suya recordando la fecha y recibió más de 700 “me gusta” y  300 comentarios. Además confesó que su celular estuvo “todo el día al rojo”. Después de las 21:00 dejó su consultorio y habló con Cuatro Palabras de sus años en la Universidad de Buenos Aires, su retorno a la ciudad, el trato con los vecinos y las experiencias de la profesión, entre otras cosas. Masci coordina los once centros de Atención Primaria de la ciudad desde hace veinte años, y tiene más de siete mil historias clínicas en su computadora. 

HISTORIAS DE VIDA  |  14 de enero de 2020 (23:39 h.)
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Gustavo Masci siempre supo que iba a ser médico. Cuando era chico se hacía el enfermo para que lo lleven al pediatra. Le encantaba el mundo de los médicos, la clínica, los maletines. “Nunca tuve dudas de estudiar medicina”, dice. 

Estudió en la Universidad de Buenos Aires, trabajaba en un almacén del barrio de Once y vivía con su novia. Los últimos cuatro años de carrera los atravesó también siendo papá. A la mañana cursaba, a la tarde trabajaba y a la noche estudiaba. “Mi mujer y mis padres fueron un apoyo muy grande para que pudiera hacer mi carrera”, dice. 

-Yo no conocí un cine, ni un teatro, lo único que hacía era trabajar y estudiar. Así fueron mis años de carrera. 

Se recibió un 14 de enero porque la materia se postergó. Tenía que responder 100 preguntas de múltiple elección y contaba con dos o tres horas. El profesor de farmacología le dio la nota: un ocho. Estaba feliz. En las escalinatas de la Facultad de Medicina de la UBA lo esperaban su hija, su mujer y una amiga. 

¿Cómo fue el retorno a Chacabuco?

Yo hice la residencia en el Hospital de Clínicas. Tenía un primo de Junín que me había dicho que aplicara para hacer residencia clínica médica allá. El primer tiempo viví en Chacabuco y viajé. Después hice la residencia de medicina general en el Hospital Regional de Junín, porque me empezó a gustar la atención primaria. Así que desde hace veinte años coordino los once centros de Atención Primaria de Chacabuco. Después me instalé en Chacabuco, hice la especialidad en diabetes, y no me quiero ir nunca porque amo mi ciudad. Es mi lugar en el mundo. Y sigo trabajando en el Hospital porque yo me eduqué en la universidad pública y más allá de los sueldos -que uno debe luchar porque sean dignos- hay que devolverle al Estado lo que el Estado le dio. Ese es mi pensamiento, más allá de que también tengo mi actividad privada. 

¿Cómo coordinás la vida profesional y la privada trabajando tantas horas?

Mis afectos están acá, mi mundo está acá. Trabajo muchas horas, normalmente arranco  a las siete de la mañana y termino a las nueve de la noche o más. Así que me banca bastante, porque uno tiene que lidiar entre el amor de la medicina y el amor de los afectos. Mi señora creció conmigo, estamos juntos desde los quince años, así que sabe como soy y lo que pienso. 

¿Qué experiencias te ha dado la profesión? ¿Tenés una cuenta de cuántas personas han pasado por tu consultorio?

Es difícil contestar esa pregunta, porque uno no lleva la cuenta, pero tengo más de siete mil historias clínicas abiertas en la computadora. No quiere decir que vayan todo el tiempo, pero sí que han pasado. Me encanta lo que hago, y amo esta ciudad. Desde mi humilde lugar quiero colaborar con lo que pueda. 

¿Cuáles son las cualidades que creés que debe tener un buen médico?

No lo pensé nunca, pero creo que como todo trabajo debe gustarte lo que hacés. La cuestión es que uno trabaja con lo más preciado que tiene la gente, que es la salud. Cuando la gente deposita eso en vos, es una responsabilidad muy grande. Obviamente no lo pienso en esos términos porque sino me asustaría todos los días. Lo vivo con mucha naturalidad a esta altura. Uno trata de ser buena persona, de ayudar. La humildad y la vocación están en primer lugar. La empatía por el otro es muy importante. Hay momentos de mucho estrés, porque no todo es color de rosa, pero la gratificación al final del día de haber ayudado a alguien es increíble. Por otra parte, hay muchas enfermedades terminales que son terribles, lo más difícil es el acompañamiento de esos casos. Tener una muerte digna es muy importante. 

¿Cómo atravesás como persona y como médico las situaciones difíciles que, sin dudas, te tocan muchas veces?

Te atraviesan. Después de tantos años uno intenta manejarlo de otra manera, pero hay casos muy puntuales que te afectan de manera personal, uno no deja de ser persona, no se terciariza. Uno es persona y médico al mismo tiempo. No podés hablar en tercera persona. En algún punto siempre algo te atraviesa en lo personal.