• 23:05
  • sábado, 23 de enero de 2021

Historias invisibilizadas

(*) por Male Raggio 

Historias invisibilizadas

En mi carrera profesional como acompañante terapéutica, complementada con nutrición, mis principales lugares de trabajo fueron hogares y hospitales públicos, y voluntariados en barrios y villas del conurbano, con un enfoque en niñez y adolescencia.

Hoy considero que fue lo mejor que pude hacer, conocer para entender, aprender de esxs chicxs que frente a la desidia estatal y la exclusión social, me brindaban sus historias, el amor y la infancia, que en muchas ocasiones, les fue arrebatada. 

Al principio me impactó que la gran mayoría de lxs niñxs y adolescentes a lxs que asistía fueran víctimas de violencia, abusos y violaciones intrafamiliares. Las niñas y mujeres eran las más afectadas por el machismo, y entre los agresores, predominaban los hombres. 

Mi primera paciente fue una niña que estaba internada en un hospital por un intento de suicidio con pastillas y lavandina. Un dolor terrible. La acompañé durante unos días, hasta que una noche fría y vacía en el hospital, entre cartas y charlas, me contó que su padre la violaba. Presa de la situación, en un intento de escape, consideró a la muerte como solución frente al sufrimiento y la agonía del desamparo. 

Me volví a chocar con la realidad en un voluntariado como estudiante de nutrición, mientras evaluaba a una adolescente de catorce años. Entre preguntas y respuestas me dijo, con mucha vergüenza, que estaba embarazada. No me olvido más de esa nena, estaba sola a cuestas, su entorno no le daba mucha importancia a la situación y del agresor poco se sabía. Lo que sí se sabía, era que ella estaba obligada a prepararse para ser madre sin desearlo, en condiciones de extrema vulnerabilidad social, y con una infancia robada. 

Fue en otro acompañamiento, cuando otra adolescente, me contó que había tenido relaciones sexuales por primera vez. Su novio, durante el acto sexual, se había sacado el preservativo con la esperanza prometedora de que nada sucedería, pero ahí estaba, una niña más embarazada. Me pidió ayuda y no lo dudé. Contacté con un médico amigo que me dio un manual con información precisa sobre la interrupción del embarazo, los controles a realizar y con mis ahorros compramos el misoprostol. Ese día fue eterno, tormentoso, plagado de miedos ante las consecuencias que implica la clandestinidad, pero lo recuerdo y no me arrepiento. La niña dormía en la pobreza, en condiciones de hacinamiento y precariedad, mientras era juzgada por algunxs voluntarixs que le ofrecían como solución comprar pañales para evitar el aborto. Para ellxs decidir abortar estaba mal, sin detenerse a pensar en la realidad; una nena de trece años, sin comida ni oportunidades. Todavía no entiendo de qué pañales estaban hablando. 

Estas son algunas de tantas historias de niñas víctimas de abusos, esclavas del machismo, a la deriva, frente a un sistema patriarcal que le niega derechos a lxs más vulnerables. 

Historias invisibilizadas de infancias privadas de libertad, de hogares de niñxs marginadxs y abandonadxs, de antiderechos que juzgan y señalan pero poco accionan en las verdaderas causas. 

Decidir cursar un embarazo es una cuestión de oportunidades. 

Aborto legal, seguro y gratuito para no morir, para que las niñas, mujeres y gestantes puedan decidir. 

¡Será Ley! 

(*)Acompañante Terapeútica (ANUDAR)